Persona

31 Mar

“Yo no soy un hombre, soy un campo de batalla.”

Friedrich Nietzsche

 

 

Persona

 

Persona

Año: 1966.

Director: Ingmar Bergman.

Reparto: Bibi Andersson, Liv Ullman.

Filme  

 

 

 

            Somos uno y somos muchos. De cara a la familia, en el trabajo, con los amigos, ante uno mismo. Cambios en la personalidad ligeros, pronunciados, insignificantes o reveladores que nos permiten adaptarnos a un entorno también mutante, construido con reglas y convenciones que acotan y definen el comportamiento necesario para encajar. Para adaptarnos a ese caos irracional y monstruoso que es la ‘normalidad’.

            A Ingmar Bergman, uno de los principales exégetas del ser humano del Séptimo Arte, tales contradicciones íntimas no le eran ajenas, sino que constituían el fondo de un opresivo drama existencial que, en muchas ocasiones, rozaría en su tratamiento unas formas más propias del cine de terror, caso de La hora del lobo –promocionada como la única película de dicho género del sueco- o, retrocediendo dos años, de Persona, cuyo título, de evidente significación, reza también así, en español, en el original.

           En una de sus películas estilísticamente más vanguardistas, Bergman expone un caso de duplicación de personalidad –si no de auténtico vampirismo de identidad- entre dos mujeres: una afamada actriz que ha decidido quedarse muda (Liv Ullman) y la joven enfermera a cargo de ella (Bibi Andersson), aisladas ambas en una remota casa costera. Un mismo espíritu escindido metafórica y visualmente en dos cuerpos o dos individuos que, producto del contacto, de la adaptación social contaminante, fusionan su personalidad en una sola.

            Persona revela una vez más las constantes que abrumaban al realizador sueco, que esgrime la mudez de su protagonista como respuesta lógica y natural ante un mundo que ha perdido el norte, su aislamiento voluntario -un suicidio en vida- como contestación a la insoportable hipocresía de la sociedad, al absurdo teatro de la vida.

            Frente a un argumento mínimo, centrado en el análisis metafísico más que en desarrollar un relato de esquema aristotélico, el ritmo queda sostenido por el arrollador poder visual que Bergman despliega en la pantalla, sin desmerecer por supuesto al intenso magnetismo de Andersson, encargada de cargar casi en solitario con los diálogos y la evolución dramática de ambos personajes, progresivamente intercambiados gracias a la hábil construcción de las líneas de diálogo y la soberbia puesta en escena, llena de simbolismo en el empleo de elementos físicos como el minimalista escenario, el encuadre de las intérpretes o el complejo uso de primeros planos de sus rostros.

Bergman, decíamos, hace uso de recursos visuales que demuestran lo buen director de terror que hubiera sido. El grave blanco y negro se conjuga con el uso de la luz y la oscuridad –blancura cáustica en ciertos escenarios, turbias y expresivas sombras en escenarios y sobre todo rostros para certificar estados anímicos, angustiosa negrura en otras ocasiones- para recrear con absoluta precisión la atmósfera adecuada a cada fase de la historia, ajustada la visión tormentosa y desquiciada de su protagonista.

Un personaje sobre la que la figura de esa actriz inexpresiva –la frigidez afectiva del artista, el fingimiento constante y cotidiano-, cada vez más fantasmagórica a medida que progresa la cinta, actúa en funciones de temible subconsciente acusador, reflejo de una existencia de continuas insatisfacciones y humillaciones, de alter ego desnudo de filtros sociales.

           Paralelamente, el desasosiego que comienza durante la apertura por el uso de imágenes agresivas e inconexas, engarzadas a empellones por un montaje acelerado y estridente, tiene su continuación en turbadoras escenas que, materialización del tenue pero perceptible hedor malsano que sobrevuela todo el filme, juegan con el suspense y el morbo –Ullman pelando fruta con un cuchillo y al borde del colapso nervioso; la escena de los cristales rotos en el suelo del jardín- para hipnotizar a la fuerza al espectador y encerrarlo ante la pantalla consigo mismo.

El verdadero terror es trascendente, sucede en abstracto.

 

Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 8,2.

Nota del blog: 8.

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9 comentarios to “Persona”

  1. Ana 31 marzo, 2013 a 23:07 #

    Esta peli impone mucho pero has hecho un muy buen análisis. Y sí, yo también lo llamaría vampirismo.
    Si se estrenase en la actualidad, seguiría siendo una película innovadora.
    Un saludo

    • elcriticoabulico 1 abril, 2013 a 02:15 #

      La cogí con desconfianzaporque Bergman me gusta solo a veces, pero la verdad es que la peli conserva después de casi cuatro décadas una fuerza apabullante.
      Un saludo.

  2. ALTAICA 20 octubre, 2015 a 00:14 #

    Me resulta curiosa y enigmática la facilidad y naturalidad con la que se analiza y afronta esta obra del director sueco, incluso la similitud de conceptos y conclusiones sobre tan peculiar película. Entiendo que las resultas deberían de ser mucho más dispares.

    En algún sitio leí que el propio Bergman indicaba que este trabajo se le había ido de las manos y que lo que afrontaba era de tal magnitud que el resultado final fue tan aleatorio o azarístico como podría haber sido otro totalmente distinto. Aunque hacía hincapié sobre la libertad con la que la había afrontado, siendo su película mas autónoma.

    Esta noche la he retomado después de muchos años y con la peculiaridad de verla con mi mujer, quien no la había visto nunca. A ella le ha gustado, y yo aún sigo alucinando con el cúmulo de seguidores que atesora en el mundo cinéfilo, e incluso fuera de él. Hay una absoluta adhesión sin fisuras entre los eruditos del cine. Dentro de algunos lustros volveré a verla por si ya de una vez por todas soy capaz de apreciar esta gran película y me siento maduro, capaz e ilustrado.

    • elcriticoabulico 21 octubre, 2015 a 13:17 #

      No sé si afrontar esta película trantando de desentrañar racionalmente sus mecanismos es la mejor manera de disfrutarla, por más que uno intuya o vea un discurso o un argumento en ella. Es uno de esos filmes-experiencia en los que, lo mejor que puede hacer uno, es dejarse atrapar por la sugerencia de sus imágenes. Y aquí ese impacto subconsciente le encuentro muy estimulante.

      • altaica 21 octubre, 2015 a 16:23 #

        A mi me sigue pareciendo una obra experimental, intimista y ambigua, complicada para cualquier espectador. Formalmente arriesgada y profundamente pretenciosa, erudita y aburrida. No creo que para contar ciertas cosas el cine sea el medio más adecuado o, mejor dicho, sea el director sueco el más idóneo. Probablemente Bergman no tenía la capacidad para formular ciertos postulados a nivel de estudio y utilizó el cine a tal efecto. Pero nada de eso me preocupa amigo Abúlico.

        Distinto es observar perplejo como la mayoría de los críticos y de blogs que he visitado, todos, con escasas desviaciones, coinciden a nivel interpretativo y de conclusiones con lo que supuestamente Bergman quería contar o transmitir. Lo que a todas luces es un imposible, pues la obra es susceptible de ser asumida de muy diversas maneras. Me da que muchos se atribuyen su comprensión en base a lecturas de estudio sobre la película, salvo que abunden por doquier sesudos cinéfilos. Te pongo un ejemplo. La mayoría asumen que el niño perfilando o tocando con su mano un rostro que es una especie de fusión de las dos mujeres, sugiere el deslinde de la personalidad, esto es, la imprecisión de la máscara personal y social, o la ruptura de la misma . ¿Qué sabios verdad? Yo interpreto ese infante como quien visita, toca y perfila con su mano un rostro impreciso que representa a esas dos mujeres unidas por su desvinculación maternal, una al provocar un aborto y la otra al no tener vínculo alguno con su hijo abandonado. Pero claro, el tema existencial y metafísico “vende” mucho.

        Hay quien incluso, en un acto de sabiduría interpretativa magistral (lloro de la risa), sabe exactamente lo que representan todas y cada una de las dispersas y diversas imágenes del comienzo y de mitad de la película, el pene, el cordero degollado, restos de cine y demás planos rápidos. Total, que puedo comprender que a muchos puedan fascinar esta obra y Bergman en general, pero no comprendo que a todos los amantes del cine le guste este autor y, menos aún, esta obra. Es ahí donde todo para mi se me hace impostura. Me da que es difícil ser auténtico y sincero, me temo. No sé yo si le perdonaríamos a otros experimentos tan peculiares como para entrar solo desde una opción de experiencia, sin exigirle otras consideraciones.

        Espero volver a verla dentro de dos lustros y, tal vez, ser capaz de comprender o experimentar en toda su grandeza esta obra cumbre del cine, sin que me resulte pretenciosa, aburrida, lastrada, impostada, amaneradamente docta, insorportablemente fatigosa, tediosa al importarme un comino el devenir de estas dos señoras y el motivo de la inapetencia sonora de una de ellas (hay quien dice que deja de hablar al comprender que el mundo es horrible, un desierto vital), fatua y petulante, ensayo impenetrable…, y así ya sabré que sé de cine y que he pasado de la adolescencia cultural a la erudición madura. Al final me da ciertamente igual, pero resulta frustrante y extrañamente enigmático no encontrar entre los amantes del cine, a ninguno, que ponga en solfa a ésta u otras películas de similar esqueleto.

        Cada vez estoy más alejado de este tipo de cine, ya sea clásico o reciente, y cada vez estoy más cerca la profunda sencillez que algunas pequeñas obras son capaces de transmitir sobre el animal humano.

      • elcriticoabulico 23 octubre, 2015 a 16:20 #

        Desde luego es más fácil inspirarse en interpretaciones ajenas que desarrollar una propia sobre algo que no se comprende bien. Y yo el primero, que muchas veces si encuentro una explicación que me convence no dudo en expresarla. Creo que muchos de estos símbolos o imagen son intuitivas por parte del autor y así deben de ser interpretadas también por el crítico, con la evidente disparidad de pareceres. Estoy muy de acuerdo en que la vitola de clásico y el apellido del autor favorece que se le toleren cosas que a otros no, pero así sucede también con Ford, con Chaplin o con Messi. Personalmente, creo que la dificultad no es necesariamente virtud de innovador, sino defecto de narrador, y si tengo que quejarme de una obra de Bergman (o de otro), me quejo sin problemas.
        Un abrazo.

  3. altaica 23 octubre, 2015 a 16:46 #

    Por eso vengo aquí, pues sé que tú sí serás sincero y no tendrás el más mínimo problema en hacer valer tu criterio. Eso no abunda

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  1. Filmes: Persona | Arte Barbanza - 14 agosto, 2014

    […] Persona. […]

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