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La organización criminal

29 Mar

“No quise darle a Parker ningún aspecto que pudiera hacerle simpático de cara al lector. Parker no tiene ningún lado bueno, no tiene perro, no tiene la más mínima cualidad que lo redima.”

Donald E. Westlake

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La organización criminal

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La organización criminalAño: 1973.

Director: John Flynn.

Reparto: Robert Duvall, Joe Don Baker, Karen Black, Robert Ryan, Timothy Carey, Richard Jaeckel, Sheere North, Tom Reese, Joanna Cassidy, Jane Greer.

Tráiler

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            Disparos a bocajarro. Brusco, urgente, de peleona violencia y soterrada sexualidad, descerrajado por los contestatarios, bravos y talentudos jóvenes del Nuevo Hollywood, el thriller y el cine de acción encontrarían en la década de los setenta -tiempos inclinados a la frustración, el pesimismo, el desengaño y la crispación-, el campo de cultivo perfecto para alcanzar una musculosa y agresiva madurez, plasmada en antihéroes de curtido cinismo y amoralidad (o inmoralidad) de guerrillas, indispensable para la supervivencia en un mundo hostil y enmarañado.

Una impulsividad y fiereza que, sin embargo, no riñe con la existencia de materia gris, concentrada argumentos hechos con cabeza y agallas al mismo tiempo por eficientes artesanos, e incluso autores, con sentido respeto hacia su trabajo y hacia el espectador.

            John Flynn es uno de estos abnegados y olvidados trabajadores con ganas y oficio que llevarían al policíaco y el criminal a una de sus épocas doradas. Antes de entregar su obra más recordada, El expreso de Corea, Flynn ya había dado buena muestra de su habilidad para el thriller llevando a la pantalla The Outfit, una de las novelas de Richard Stark, seudónimo que el escritor Donald E. Westlake empleó para rubricar la serie de veinticuatro relatos protagonizados por el personaje de Parker, ladrón ascético, mutante y testarudo, propenso a resultar traicionado y a enfrentarse a pecho descubierto contra ‘La Organización’ (o ‘La Empresa’, o ‘La Compañía’), abstracta sociedad mafiosa con auténticos fundamentos de corporación comercial o, más aún, de estado en B, con sus bien definidos impuestos, leyes, misión y cadenas de mando.

Un monstruo, pues, esclerótico, burocrático y opresor frente al esforzado individuo, libertario e independiente a ultranza.

            La organización criminal presenta un escenario paralelo a aquel en el que el londinense John Boorman había realizado con A quemarropa uno de los thrillers más subyugantes y especiales de la época -extraído de diferente libro The Hunter, el primero de la saga-, sin la apabullante calidad artística ni la atmósfera irreal de la anterior, pero idéntico en sus planteamientos y desarrollo, en el que se pueden entrever ligeras reminiscencias de otros filmes del mismo periodo, género y sensibilidad como La gran estafa o La huida.

De este modo, como en A quemarropa, Parker –aquí transformado en Earl Macklin, y con los rasgos de Robert Duvall en vez de los de Lee Marvin, pura sublimación icónica y espectral-, atracador de bancos recién liberado de su condena, exige, desde su imbatible autoconfianza y vehemencia, una cifra irrisoria en compensación por las molestias a él causadas por La Organización, a saber, el asesinato de su hermano y el intento de homicidio cometido contra él mismo.

Parker/Macklin quiere sus 250.000 dólares de indemnización laboral y los va a conseguir. Por lo civil o por lo criminal. Sin más, ni menos.

            La organización criminal no es más que cine de pura evasión, sí, pero es consciente en todo momento de su naturaleza y persigue su objetivo, en absoluto desdeñable, con la misma saña y cabezonería que su protagonista; un individuo que ejerce su profesión, el delito, de forma fría, funcional y eficiente, sin miramientos éticos, sin alardes exhibicionistas más allá de lo estrictamente necesario. Trabajo puro y duro, vocacional, inseparable de su condición natural y de su misma existencia: lo único que sabe hacer y lo único que hará.

En lo que parece un rasgo definitorio de la serie, que permitiría trazar en cierta manera un círculo eterno e irrompible, la trama avanza firme y nervuda en su monomaníaco crescendo, con los distintos jefes de nivel de la empresa como escalones en la escalada dramática y de violencia del relato, gastando el resuello justo en unos diálogos tan secos y cortantes como sus protagonistas, de estilizado esquematismo, encomendados a un sólido plantel de actores entre los que destaca la presencia –aparte de la otoñal Jane Greer femme fatale de Retorno al pasado, magnífica enseña del noir-, de aguerridos secundarios de carácter como Timothy Carey, Richard Jaeckel o Robert Ryan, encarnación de la imponente cúspide del entramado financiero-delictivo.

            La realización de Flynn hace de La organización criminal una cinta correosa y contundente, bañada en colores acres y textura burda –firma Bruce Surtees, hombre de confianza de Don Siegel, entre otros-, adornada con el escueto y adusto arreglo musical de Jerry Fielding -habitual de otro grande de estos pagos como Sam Peckinpah– y narrada con el tempo engrasado, constante y directo, sin dobleces, sin ser nunca atropellado ni farragoso.

            Un arte placentero e intrascendente, aunque nada culpable, ya perdido. Incluso el propio Flynn acabaría por vender su profesionalidad a pobres vehículos de lucimiento para las estrellas de la acción por la acción de décadas venideras, como Sylvester Stallone o Steven Seagal.

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Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 7,5.

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