El hombre de Río Malo

17 Mar

“El western es la definición del espíritu americano. Es nuestro. Siempre lo ha sido. Siempre lo será.”

Max Myers

 

 

El hombre de Río Malo

 

El hombre de Río Malo

Año: 1972.

Director: Eugenio Martín.

Reparto: Lee Van Cleef, Gina Lollobrigida, James Manson, Gianni Garko, Simón Andreu, Jess Hahn, Aldo Sambrell, Sergio Fantoni, Diana Lorys, Eduardo Fajardo.

Tráiler

 

 

            Si bien el término genérico por el que se suele reconocer al western de cuño europeo es el spaghetti western, también existieron en este mundo marcado por la coproducción otras variantes locales según el emplazamiento de rodaje. Así, destaca el chuckrut western alemán o, ya en la península Ibérica, el chorizo western y el butifarra western, en función de que la filmación se produjera en la Meseta Central o en Cataluña, respectivamente.

Todo un sustrato común de producciones paupérrimas que, en su mayor parte, tan solo vendrían a ser una caricatura de la caricatura de la iconografía del western apropiada por los italianos. Películas, pues, destinadas a la ingesta despreocupada en cines de barrio entre las que, de vez en cuando, surgen obras meritorias y rescatables dentro de sus posibilidades –Rafael Romero Merchent suele surgir aquí como principal alusión-.

En este sentido, algunas de ellas quedarían circunscritas dentro de esa etiqueta tan resbaladiza de ‘cine de culto’, la cual conviene siempre coger con pinzas incluso si –y puede que especialmente si- cuentan con el aval de un proclamado experto en la materia como el incontenible cinéfago Quentin Tarantino, investigador y fuente de un cine en los márgenes, referencia e influencia para incontables realizadores y, por qué no, espectadores y hasta críticos.

            Entre estos nombres semienterrados en el olvido, a la espera de un justo y merecido rescate, se situaría el del granadino Eugenio Martín, cineasta curtido, entre otros maestros –Nathan Juran, Guy Hamilton, Michael Anderson o Jack Sher-, al abrigo de un gigante como Nicholas Ray, aunque fuese durante su periodo de artesano de cámara de Samuel Bronston para sus superproducciones españolas, en este caso concreto en la filmación de la insufrible Rey de reyes.

Su debut en el cine del Oeste, El precio de un hombre, pasaría a figurar ya, en opinión de muchos expertos, entre los grandes títulos de esta cara digna del chorizo western, a la que sigue posteriormente la también apreciada Requiem para el gringo. Después de tres años demostrando su polivalencia como director de género, retornaría al Oeste con El hombre de Río Malo, donde las críticas no serían tan positivas ni condescendientes a pesar de tratarse, a mi juicio, de un divertimento desacomplejado y más que eficaz, con la participación además de un reparto repleto de nombres tan conocidos como Lee Van Cleef, James Manson, Gina Lollobrigida o Gianni Garko.

            El punto de partida del relato lo ofrece el propio Martín en colaboración nada menos que con Philip Yordan –firmante de libretos tan formidables como Johnny Guitar-, afincado también en España gracias a las producciones de Bronston y con quien había coincidido en el citado rodaje de Rey de reyes; un escritor talentudo aunque de vuelta de todo y en busca tan solo de un puñado de dólares, despreocupado por evitar, por tanto, la aparición de numerosas lagunas en una película que sin embargo logra resulta simpaticona y agradable, sin mayor pretensión que ofrecer un desenfadado entretenimiento elaborado con total honestidad y sumo cuidado y respeto.

            Así las cosas, El hombre de Río Malo mezcla un escenario típico del cine del Oeste –un peligroso y desarraigado forajido y su banda- con una trama propia del cine criminal –un heist film, película de ladrones de poca monta- y un tono que mezcla la aventura con tintes de humor desmitificador al estilo de El bueno, el feo y el malo, si bien con un sentido más próximo al de los filmes de Terence Hill y Bud Spencer, más decididamente paródico, extravagante y físico, rayano en muchas ocasiones con el puro slapstick.

La cinta sigue los avatares de la cuadrilla de Roy King (Lee Van Cleef), aplicados currantes del robo. Son hombres, compañeros y amigos ante todo, con un irreparable destino pobreza y fracaso; uno de los múltiples elementos que refuerzan el carácter cíclico del relato, como el eterno retorno de la banda para asaltar el mismo banco del mismo pueblo dejado de la mano de Dios o la compulsiva afición al matrimonio la curiosa e hilarante femme fatale encarnada por la Lollobrigida.

Pillos, timadores, usureros, ladrones, traidores, oportunistas, bandidos,… El hombre de Río Malo despliega un mundo de personajes cínicos y amorales envueltos en el idealista México revolucionario, río de aguas turbias propenso al pillaje tanto para obras magnas del género –Veracruz, Los profesionales, Grupo salvaje,…- como para emblemas de su versión europeizada –¡Agáchate, maldito!-.

             Martín exhibe una narrativa rauda y concisa, con un montaje lleno de cortes abruptos parejos, sobre todo en su comienzo, a la irrupción de detalles de notable comicidad, como el empleo de una banda sonora muy de la época a modo de coro griego. Un ritmo alocado que quizás se apaga en ciertas fases pero que, no obstante, contribuye a mantener engrasada y ágil una película con un guion de festiva ligereza –el propio realizador granadino, todo oficio, reconocería sus evidentes limitaciones e incoherencia- pero bastante simpático en líneas generales, descarado y travieso a la hora de jugar con los arquetipos y códigos de aquellos géneros por los que transita el argumento.

             Despreciada hasta en círculos de entendidos, por lo general dispuestos a transigir con este tipo de producciones, El hombre de Río Malo propone en definitiva un western pobretón pero de refrescante alegría y gracejo, entrañable y muy entretenido.

             Eugenio Martín tan solo retornaría al Oeste una vez más merced a El desafío de Pancho Villa, con el carismático Telly Savalas en el papel del revolucionario mexicano.

 

Nota IMDB: 4,5.

Nota FilmAffinity: 4,2.

Nota del blog: 6.

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