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El gran Lebowski

27 Feb

“El Nota aguanta.”

El Nota (El gran Lebowski)

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El gran Lebowski

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El gran Lebowski

Año: 1999.

Directores: Joel Coen, Ethan Coen.

Reparto: Jeff Bridges, John Goodman, Julianne Moore, Steve Buscemi, David Huddleston, Philip Seymour Hoffman, Tara Reid, Peter Stormare, Ben Gazzara, John Turturro, Sam Elliott.

Tráiler

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             Nada está a salvo de los hermanos Coen. El cine criminal y policíaco, el noir, el thriller, el drama de tintes caprianos, el drama existencial, los grandes clásicos de la literatura, la aventura, la comedia romántica, la comedia británica, el western,…

Todos los géneros y subgéneros son susceptibles de caer bajo las garras de su revisionismo ácrata y posmoderno, caracterizado por un surrealista, cáustico e inimitable humor y sentido del absurdo que sirve como agresivo cincel con el que desbastar los usos y costumbres del ser humano, los horrores ocultos en su cotidianeidad y su mismísima naturaleza hasta dejar desnudo, a la vista y con el culo al aire, el grotesco ridículo inherente a todas ellas.

Unos directores, guionistas y productores que, de tal modo, en poco más de dos décadas, han sido capaces de entregar títulos convertidos ya en clásicos modernos como Arizona Baby, Muerte entre las flores, Barton Fink, Fargo, O Brother!, El hombre que nunca estuvo allí, o No es país para viejos. Y, por supuesto, la que es para un servidor su gran obra maestra: El gran Lebowski.

             Demostrando esa versatilidad en el manejo, la apropiación y la reformulación de referencias, El gran Lebowski toma elementos de las intrincadas novelas de detectives de Raymond Chandler, del suspense de Hitchcock -en especial de cintas como Con la muerte en los talones y su paradigma del ciudadano común inmerso en una gran trama que le supera- y de las comedias de fumetas de Cheech y Chong; todo ello pasado por la particular turmix de los hermanos.

De esta manera, El Nota (Jeff Bridges), o Su Notísima, o Noti, o el Notarino, un pacífico y vago tirao de Los Ángeles, improbable antihéroe convertido ya en personaje legendario, queda atrapado a causa de una confusión de personalidad y con una alfombra meada (pero que daba ambiente) a modo de macguffin, en el turbio caso del secuestro de la mujer florero de un multimillonario llamado, casualidades del destino burlón, igual que él.

A grandes rasgos, se trata un individuo que avanza siempre arrastrado por las circunstancias, empujado a una aventura que desborada su comprensión, que no le concierne y que ni siquiera le importa, y de la que tan solo pretende escapar, quizás con un par de dólares fáciles en el bolsillo, para volver al refugio de su destartalado condominio, su liga de bolos, sus rusos blancos y sus ocasionales viajes en ácido; un ambiente tan cálido y confortable como su atuendo de cangrejeras, pantalones cortos de rayas y chaquetas de lana (precedentes del armario del propio Bridges). Un hippie, en definitiva, al que se le ha pasado su tiempo, con su antiguo romanticismo subversivo exangüe y marchito; un hombre fuera de su elemento, en este caso a causa de una alta sociedad norteamericana hostil, decadente y ridícula.

            El delirante punto de partida se ramifica poco a poco en un argumento divertidísimamente (e irrelevantemente) enrevesado, en una película que fluye con naturalidad, ágil, hilarante, adorable y sorprendente en todo momento pese a estar calculada hasta el más mínimo detalle.

Los inconexos y narcotizados parlamentos de El Nota siempre toman expresiones de diálogos anteriores, la galería de secundarios es brillante, poblada por personajes tan entrañables e inolvidables como ese Walter Sobchack (John Goodman) inspirado en el guionista, director y productor John Milius, beligerante cejijunto que trata de disimular lo lamentable de su condición y su desconsolada vulnerabilidad por medio de una cháchara pretendidamente omnisciente sobre el Vietnam, la dialéctica sociopolítica y la vida, además de por su obsesión por los bolos y su inclinación por hacer explotar a su hipotenso amigo; el tierno Donny eternamente a destiempo, con sus líneas de guion reducidas a medias frases porque su intérprete, Steve Buscemi, había abusado de verborrea en Fargo; los desubicados nihilistas y su marmota, el puto Quintana,…

Un gran trabajo en la construcción de personajes, cada uno de ellos vivo, con sus características, particularidades y lenguaje intransferible, impulsado por una excelente dirección de actores y facilitado por un reparto inconmensurable, con unos Bridges, Goodman, Turturro y Buscemi para el recuerdo, auténticos iconos de la cultura popular.

             Todo ello no es más que otro ejemplo de la prodigiosa e inagotable imaginación de los Coen en la escritura, llena de surrealistas ocurrencias y descacharrantes vueltas de tuerca, que se extiende también a la trabajadísima, original y talentosa puesta en escena, en especial evidente en las jocosas y atractivas alucinaciones musicales, y que da lugar a un grueso ramillete de secuencias antológicas, insuperables.

              Una de las comedias más grandes de la historia del cine (o, al menos, una de mis favoritas). No es casual que diera lugar a una religión basada en tan inmortal personaje, el Dudeísmo.

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Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 7,7.

Nota del blog: 10.

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