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Grupo 7

22 Feb

“Los andaluces somos la esperanza blanca del cine español.”

Paco León

 

 

Grupo 7

 

Grupo 7

Año: 2012.

Director: Alberto Rodríguez.

Reparto: Mario Casas, Antonio de la Torre, Inma Cuesta, Joaquín Núñez, José Manuel Poga, Julián Villagrán, Estefanía de los Santos, Lucía Guerrero, Pedro Cervantes, Carlos Olalla.

Tráiler

 

 

             De igual modo que para reformar a una persona –si es que tal cosa es posible- se requiere un largo proceso repleto de claroscuros y en el que la depuración absoluta es tan solo una quimera, un país tampoco puede pasar de un estado a otro de la noche a la mañana. Desde un sistema dictatorial marcado por la economía desarrollista y desigualmente repartida y ley del más fuerte, ejercida por medios de coacción como los cuerpos de orden público, hasta un Estado de derecho, democrático y de prosperidad igualitaria, capaz de equipararse en bienestar y calidad de vida a cualquier representante de la élite de la civilización occidental.

              Grupo 7, filme que aprovecha la cada vez más estimable y gratificante pérdida de complejos del cine español, toma como contexto uno de los últimos y más decisivos trechos –puede que también de los más oscuros y menos conocidos- de ese camino tortuoso, dubitativo y ambiguo recorrido por un país que aún no se ha sacudido las más recalcitrantes miserias del franquismo y que, al mismo tiempo, trata de ofrecer una imagen pulcra, renovada y respetable a ojos del mundo por vía de la Exposición Universal de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona.

             El director Alberto Rodríguez retorna a los arrabales de la capital andaluza, epicentro de sus anteriores El traje y 7 vírgenes, para retratar, por medio de una expeditiva brigada policial -el epónimo Grupo 7-, ese lavado de cara nacional previo a la Expo ’92 realizado por métodos no del todo transparentes.

Historias de agentes llenos de cicatrices y atrapados en la mugre hasta ser parte indisociable de ella, también empujados a ello por un imperativo de limpieza social impulsado por unas altas esferas que participan por omisión o connivencia de esos criminales métodos de justicia pública.

Nada más lejos de la ficción: no solo por este caso específico, sino que, por poner otros ejemplos, bien conocida es la actuación de Jesús Gil como alcalde de Marbella, quien prefirió abordar el complejo y delicado problema de la pobreza y la prostitución en las calles del municipio malagueño desde un aplaudido y superficial punto de vista de orden público.

             Desde luego, Grupo 7 no descubre nada sobre el cine negro y policíaco, sobre sus torturados individuos de dos caras -como la ciudad, como el país- y sus diatribas entre el fin y los medios necesarios, sobre los límites del Bien y del Mal, además toda vez que, desde un punto de vista contemporáneo, la monumental serie The Wire ha planteado y abordado ya con la debida madurez y profundidad prácticamente todos los dilemas éticos de la sociedad actual, en especial en lo que a asuntos públicos se refiere.

Sin embargo, tampoco tiene nada que envidiar a nadie, ni mucho menos.

             La película, sucinta, convulsa y contundente, ofrece un relato sólido, tenso y muy entretenido que se mueve siempre en la desesperación, factor que sitúa por igual a todos los personajes. Así, aunque en realidad la cinta pulsa la situación concreta de una urbe como representación de toda España, el protagonismo recae en un joven y ambicioso mando (Mario Casas) maleado progresivamente por la descorazonadora experiencia de enfrentarse a diario contra un mundo pestilente y por la decepción en un sistema lento y aparentemente poco eficaz, y un subalterno (Antonio de la Torre) curtido en mil batallas y que trata de sanar viejas heridas a tientas, cegado por el dolor, por medio de la acción directa y violenta.

            Metáfora sobre la semejanza de estos personajes, brazos instituidos de la justicia, con los yonkis, traficantes y demás morralla que se encargan de perseguir en las calles, es que el propio aspirante a inspector también necesita inyectarse en los momentos de mayor ansiedad, en este caso insulina para la diabetes. Son adictos a su manera, en obsesiva búsqueda, por cualquier medio, de su perentoria dosis diaria de justicia, venganza, redención, reconocimiento,…

             Tal y como marcan los viejos códigos del noir en blanco y negro, este carácter dual de los personajes queda impreso por medio de una fotografía poblada de sombras pronunciadas, si bien cambiando el blanco y negro por una capa de color de tonalidades frías y aceradas. Un registro cromático que tan solo renuncia a ser sombrío ante determinados y fugaces estados de euforia del grupo.

             La contrarreloj a la que se enfrentan los agentes, con límite fijado en ese 1992 venidero y obligadamente rutilante, posee un ritmo urgente y atractivo, marcado por la nervuda realización de Rodríguez, quien sabe rodear a la plastificada estrella de turno, destinada a ganarse el favor de la taquilla, con un solvente reparto en el que se hallan nombres como Antonio de la Torre, garantía de eficacia y nominado al Goya a mejor actor protagonista; Joaquín Núñez, galardonado con el Goya a mejor actor revelación; Julián Villagrán, premio Goya a mejor actor de reparto, o Estefanía de los Santos, nominada a mejor actriz revelación.

Destacable apropiación.

 

Nota IMDB: 6,3.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 7,5.

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