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The Artist

16 Feb

“Detesto las películas habladas. Vienen a desvirtuar el arte más antiguo del mundo: el arte de la pantomima. Destruyen la belleza del silencio.”

Charles Chaplin

 

 

The Artist

 

The Artist

Año: 2011.

Director: Charles Hazanavicius.

Reparto: Jean Dujardin, Bérénice Bejo, John Goodman, James Cromwell, Penelope Ann Miller.

Tráiler

 

 

             Toda una sorpresa. La triunfadora absoluta de la temporada no era una cinta rodada en unas ostentosas tres dimensiones, sino en sobrio blanco y negro. Silente. Con un presupuesto relativamente asequible. Francesa. De menos de dos horas de duración.

Vale que detrás se encontraba la todopoderosa mano de los hermanos Weinstein, expertos en manejar los entresijos comerciales y artísticos de Hollywood y parte del extranjero, y que la historia en sí era un relato sencillo y de clara vocación popular. Pero cinco premios de la Academia, incluidos mejor película, director y actor principal; siete Baftas, seis premios César, el galardón al mejor actor en Cannes, premio del público en San Sebastián, mejor película europea en los Goya,… y una más que jugosa recaudación elevaban con unanimidad a The Artist a la gloria y los laureles del cine.

             Aun con todo y ello… ¿es The Artist tal obra maestra? ¿Es un arrebato calculadamente emocional impuesto por una campaña publicitaria bien llevada a cabo, capaz de calar entre gafaspastas y público común al mismo tiempo y secundado más tarde por unas Academia y festivales especializados que pretenden hacer acto de contrición y reencontrar su esencia?

             En principio, el molde del relato –la decadencia de una estrella del cine mudo ante la llegada del sonoro, contrapuesta al ascenso de una nueva belleza fresca y juvenil, y la historia de amor y competencia compartida en un mundo caníbal e insaciable-, remite inequívocamente a un clásico como Cantando bajo la lluvia.

Es decir, una historia amable a pesar de los necesarios puntos de amargura que pueda encontrar y apta para desarrollar un melodrama cargado de emociones encontradas, con hueco tanto para el humor como para la lagrimita.

             Charles Hazanavicius, que ya había experimentado en películas anteriores con la exploración del cine de otros tiempos, con sus códigos, formas y premisas –en concreto, los alegres sesenta, a través de la recuperación del espía OSS 117-, sabe hacer bueno este maleable punto de partida entregando un filme que si bien no es especialmente original o incisivo en el sustrato temático y emocional –no es que muchos lo sean- y posee una sutil ironía ocasional que no alcanza tampoco demasiada acidez o malicia en su mirada al pasado, sí sabe resultar fluido y encantador, dotado de un innegable magnetismo.

Unas cualidades positivas que nacen del hecho de que The Artist no se queda en la imitación melancólica, en la copia de una caligrafía demodé convenientemente limpia y actualizada para los nuevos tiempos, sino que posee vida propia, respira por sí mismo.

Esta virtud se sustenta por una puesta en escena muy planificada y cuidada al máximo, que sirve como perfecto complemento visual y argumental de la trama –aparte de su elegancia y atención histórica, está repleto de simbolismo acerca de los personajes y su situación-, además de incluir detalles de notable chispa creativa e ingenio –la irrupción onírica del sonoro en el microcosmos del protagonista es, entre otras, ejemplo de ello-; méritos que revelan en modo último la depurada aptitud técnica de su autor.

Mención aparte merece el trabajo del reparto, capitaneado por un Jean Dujardin -actor de confianza de Hazanavicius- que acomete a la perfección la cuesta abajo de su otrora triunfador personaje- y con el perfecto contrapunto femenino, en una irresistible demostración de  química de pareja, de la francoargentina Bérénice Bejo, cuya sonrisa, mirada y expresividad  es siempre un auténtico placer para la vista.

            No, no es una obra maestra. Pero es una película muy agradable de visionar; una coqueta reivindicación del espíritu original del cine -el del arte y el placer de contar bien una buena historia- en una época dominada por gélidos mastodontes computerizados y tridimensionales.

 

Nota IMDB: 8,1.

Nota FilmAffinity: 7,8.

Nota del blog: 7.

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