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Hana-Bi (Flores de fuego)

15 Feb

“La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene.”

Jorge Luis Borges

 

 

Hana-Bi (Flores de fuego)

 

Hana-Bi (Flores de fuego)

Año: 1997.

Director: Takeshi Kitano.

Reparto: Takeshi Kitano, Kayoko Kishimoto, Ren Ohsugi, Susumu Terajima.

Tráiler

 

 

             Después de sentir de cerca el aliento de la Parca a causa de un grave accidente de moto provocado por el alcohol y la desidia, Takeshi Kitano decidía rebelarse contra la muerte por medio de Hana-Bi (Flores de fuego), un filme que a la postre se convertiría en una de las piezas esenciales y más aclamadas de su obra.

            Si esa misma muerte ya impregnaba de manera palpable obras como Sonatine -en la que el fatalismo más descarnado reducía a simples marionetas, a muertos que caminan, al grupo de decadentes y antiépicos yakuzas atrapados en Okinawa-, su presencia se hace notar ahora en cada rincón del filme, cada personaje, cada situación, interpretada casi como una imagen de la propia ciudad de Tokio, enclavada a los pies del monte Fuji, un bellísimo paisaje que esconde en su interior la amenaza cierta del fuego letal del volcán.

Un expolicía marcado por la tragedia –la pérdida de su hija de cinco años, el sentimiento de culpabilidad  por la invalidez de su compañero de servicio y la muerte de otro miembro del cuerpo en una torpe operación- decide vencer a la resignación, plantar cara al desaliento y emprender con su mujer, víctima de una enfermad terminal, un viaje que no es sino un desesperado acto de clamor por la vida. Tan inútil pero necesario y gratificante para el espíritu como regar flores muertas.

Hana-Bi aparece entonces como un grito sordo y desgarrado, contemplativo y ardiente, bello y sangrante.

           Kitano despliega  una historia mínima para henchirla de una sensibilidad prodigiosa, estremecedora, gobernada por una lírica sutil, intensa y hechizante, punteada por la delicada banda sonora de Joe Hishashi, colaborador de confianza del director.

De ritmo sosegado, doliente y turbulento al mismo tiempo, la austeridad expresiva del actor se conjuga con parejos estallidos de cálida dulzura y seca violencia. La ternura y la complicidad desborda la relación entre un marido y su mujer mientras el fatalismo implacable de la muerte omnipresente iguala, sin distinción, al amor y la violencia, elemento intrínseco a un mundo que se desmorona, sin valores morales y con escasa esperanza.

             El controlado estatismo de la escena –materializado, como es rasgo característico en el cineasta japonés, en el ejemplar trazado de las elipsis- queda entrelazado con las acciones y el desarrollo dramático de los personajes por medio de un uso magistral del montaje, complejo, original y de una expresividad portentosa.

Una calidad artística y un carácter absolutamente personal que Kitano impulsa volcando en la escena su propia producción pictórica, cuyo colorismo naïf queda en contraste en no pocas ocasiones con un arrebatado trasfondo trágico, sensación que se extrae también de su contraposición directa con el tono de una película perturbadora, capaz de poner un nudo en la garganta del espectador.

             Kitano se abre las venas y entrega, a tumba abierta, una obra triste y poética, desaforadamente hermosa y conmovedora.

            El León de Oro en el festival de Venecia confirmaba definitivamente el genio de Takeshi Kitano a nivel internacional.

 

Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 9,5.

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