Marty

12 Feb

“Hollywood no perdona a las feas.”

Eva Mendes

 

 

Marty

 

Marty

Año: 1955.

Director: Delbert Mann.

Reparto: Ernest Borgnine, Betsy Blair, Esther Miciotti, Augusta Ciolli, Joe Mantell, Karen Steele, Jerry Paris.

Tráiler

 

 

            Algo estaba cambiando en Hollywood. La mastodóntica industria trataba de reaccionar alertada por la pérdida de espectadores provocada por la influencia creciente de la televisión en las opciones de ocio de los americanos.

Por un lado, el coloso desplegaría todo un nuevo arsenal de colores, sonidos, grandes imágenes panorámicas y épica espectacular inalcanzables para la pequeña pantalla. Por otro, más audaz e inteligente, procedería a captar para sus propios intereses todas esas nuevas miradas y formas de entender la narración visual y la escena proporcionada por la originalidad y la frescura de esos emergentes realizadores criados artísticamente en los platós y estudios de la televisión.

            Nuevos estilos, con elementos importados de la realización en para pequeña pantalla, y nuevas temáticas, cercanas al ciudadano común en su fondo y en su lenguaje, protagonizadas por gente anónima, ajenas a la grandilocuencia y la teatralidad forzada, con la cámara trasladada a la calle, preocupadas y críticas por lo social, implicadas en la defensa de los valores sociales y democráticos de la nación.

Es la que se conoce como generación de la televisión o generación del compromiso, en la que se encuadran nombres como Sidney Lumet, Martin Ritt, Alan J. Pakula, Robert Mulligan o Delbert Mann. Y Marty fue su carta de presentación, ensalzada nada menos por los premios de la academia a mejor película, mejor director y mejor actor principal y la Palma de Oro en el Festival de Cannes.

            Por primera vez, la partida presupuestaria más abultada de la película no correspondía al coste del rodaje, sino a la publicidad de la cinta. Delbert Mann reproducía en la gran pantalla el mismo drama romántico creado por Paddy Chayefsky –guionista destacado de la corriente gracias a cintas como La noche de los maridos, En mitad de la noche o Network (Un mundo implacable)– que ya había filmado para la cadena NBC dos años antes con incluso parte del reparto en los mismos roles, caso de Esther Miciotti, Augusta Ciolli o Joe Mantell.

Un telefilme, por tanto, traducido para la gran pantalla con argumento que para nada se ajustaba a los cánones de la época: la historia de un carnicero de mediana edad con los poco agraciados rasgos de Ernest Borgnine que, tras una existencia insatisfactoria e ingrata en el amor, parece encontrar una noche cualquiera la respuesta a sus ya escasas esperanzas en la figura de una tímida maestra de escuela interpretada por Betsy Blair, adorable pero lejos del físico despampanante de las grandes estrellas de Hollywood.

            Obviamente, son datos que es adecuado saber para apreciar Marty en su contexto, pero a la hora de la verdad también conviene analizar a la obra desnudándola de varias de estas innovaciones, a día de hoy superadas, como son esos aspectos de realización sorprendentes por su extracción televisiva -a la que hay que sumar cierta influencia del neorrealismo italiano en este caso-, un lenguaje popular que siempre es especialmente proclive a sufrir el paso del tiempo o el hecho de que los protagonistas del romance no sean el arquetipo de galán y de dama de belleza radiante –aunque no estoy tan seguro de esto último-. Por su parte, no hace falta incluir en los anteriores la idea matrimonio como fin necesario que esgrime el bueno de Marty, fácilmente intercambiable por una más actual de pareja, o de simple correspondencia amorosa.

            Así pues, vista con cierta perspectiva, cabe decir que Marty sí ostenta notables virtudes y se mantiene firme como una roca frente al envejecimiento.

Su pequeña y delicada historia de amor, ambientada en un solo fin de semana, sigue siendo capaz de conmover por su ternura y sensibilidad gracias a una buena construcción de personajes, vivos, identificables, así como por el buen desarrollo de la relación entre los mismos, apoyado todo ello sobre por un reparto elegido a la perfección y en el que refulge un inconmensurable Borgnine, todo sentimientos.

Uno puede reconocer y compartir los escenarios –ese turbio bar de amigotes donde las mujeres son una ensoñación etérea y casi fantasiosa, las discotecas con sus auténticas partidas de cazadores al acecho, la casa familiar que se hace cada vez más pequeña-, al igual que las veraces emociones que experimentan sus personajes –la inseguridad y la necesidad de ilusionarse de Marty, herido por una vida de sinsabores y decepciones; los temores de su anciana y amante madre, estos quizás algo más anticuados pero equiparables al miedo a la soledad en la vejez presente en cualquier tiempo; lo puta que es la vida para un ‘feo’, sobre todo si es mujer, en la sociedad del culto a la imagen; la influencia de los ignorantes compadres y de los deseos egoístas del prójimo, ejemplos de una presión social que compone uno de los grandes temas de la película-.

            Es decir, que todavía hoy Marty es, como las buenas películas de todos los tiempos, una historia sólida, entretenida y bien hecha, revestida con un envidiable encanto y naturalidad.

 

Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,6.

Nota del blog: 7,5.

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