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El diablo dijo no

11 Feb

“Durante veinte años todos nosotros intentamos encontrar el secreto del ‘toque Lubitsch’. De vez en cuando, con un poco de suerte, lográbamos algún que otro metro de película que brillaba momentáneamente como si fuera de Lubitsch, pero no era realmente suyo.”

Billy Wilder

 

 

El diablo dijo no

 

El diablo dijo no

Año: 1943.

Director: Ernst Lubitsch.

Reparto: Don Ameche, Gene Tierney, Charles Coburn, Allyn Joslyn, Spring Byinton, Eugene Pallette.

Tráiler

 

 

             ¿Cuál es la medida de toda una vida? Está en la naturaleza humana mesurar lo conocido, clasificar mediante listas, encajonar en cantidades; hacer balance de la experiencia con el fin de obtener una tranquilizadora sensación de orden, de haber alcanzado, o no, unos objetivos, da haber satisfecho por más o por menos distancia unas expectativas creadas.

Y, al final del camino, la unidad de medida en esa mirada atrás variará según cada cual.

             Ernst Lubitsch, lúcido analista de la condición humana a través de la risa, diagnostica, con la colaboración indispensable de uno de sus guionistas de cámara, Samson Raphelson, y por boca del impenitente playboy Henry Van Cleve (impecable Don Ameche), compareciente en las atestadas oficinas de Pedro Botero tras su plácida muerte a provecta edad, que son los idilios amorosos la medida de la existencia.

Pícaro, autoinculpándose por un aparentemente dolosa vida de encuentros con el bello sexo, el anciano Van Cleve se refiere en realidad a un romance en concreto: al amor de su vida con la hermosísima Martha (la siempre arrebatadora Gene Tierney, con buena química con Ameche), principal eje vertebrador de su memoria.

             Adaptación de una pieza teatral de Leslie Bush-Fekete, El diablo dijo no propone desde la dulzura, la sensibilidad y el ingenio, una celebración del amor como combustible vital.

Tal vez no es la película que más mala leche exhibe de entre las cintas del cineasta alemán, y alguna situación, sobre todo en la parte inicial, queda ya un tanto envejecida por contexto, lenguaje, ambientación y color –única película completa de Lubitsch en Technicolor, por cierto-, pero las dobles vueltas de tuerca en los gags del genial abuelo interpretado por Charles Coburn son capaces de aportar las gotas de acidez necesaria para evitar cualquier empastelamiento –salvado al mismo tiempo porque la historia nunca se abandona al simple melodrama folletinesco-, mientras que los deslumbrantes diálogos escritos para los encuentros entre los amantes Ameche y Tierney poseen una agudeza difícil de igualar.

Una conversación es capaz de retratar los entresijos de diez años de matrimonio, la complicidad, el carácter y la situación de la pareja; el relato de una inocente anécdota del hijo sirve para exponer por completo un discurso lleno de matices; la fidelidad y la entrega puede quedar perfectamente definida señalando un presunto defecto físico; un aparente reproche se convierte en un elogio de inusitada ternura.

             Lubitsch obra en consonancia desde la dirección a esta sutilez empleando con maestría las elipsis, la sugerencia de la puesta en escena o el fuera de campo; una elegancia y expresividad cristalizada, por ejemplo, en una de las escenas de fallecimiento más delicadas y originales del cine. Es decir, una perfecta recopilación de los paradigmas de aquel famosísimo ‘toque Lubitsch’.

Adorable película.

 

Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7,6.

Nota del blog: 8.

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