Cabeza de gallo (Cocoșul decapitat)

7 Feb

“La guerra es la mayor plaga que azota a la humanidad; destruye la religión, destruye naciones, destruye familias. Es el peor de los males.”

Martin Lutero

 

 

Cabeza de gallo (Cocoșul decapitat)

 

Cabeza de gallo (Cocosul decapitat)

Año: 2007.

Director: Radu Gabrea.

Reparto: David Zimmerschield, Axel Moustache, Alicja Bachelda, Iana Jacob, Oliver Stritzel, Werner Prinz, Ovidiu Schumacher, Stefan Murr.

Tráiler

 

 

            Impulsado por la entusiasta acogida de la abrasiva 4 meses, 3 semanas y 2 días, de Cristian Mungiu, el cine rumano, una industria con menos tradición en las salas occidentales que la de otros vecinos de la Europa oriental como Polonia, Hungría, República Checa o Yugoslavia, se abre paso ahora entre los festivales especializados, siempre a la caza de miradas distintas o renovadoras, y, ocasionalmente, las pantallas generalistas.

Una moda exótica –lo que no tiene por qué ser sinónimo de interesante o sorprendente-, como en su día fue el cine de los países asiáticos –según la década- y que al menos permite su descubrimiento a través de plataformas cinéfilas de mayor o menor renombre. En el caso de Cabeza de gallo, de Radu Gabrea, anterior cronológicamente a la película de Mungiu, su visionado hubiera sido poco probable –ni siquiera tiene ficha en FilmAffinity- de no haber intermediado la Biblioteca Pública de Ávila y su ciclo de cine rumano y cortometrajes austriacos. Insólita mezcla, cuanto menos.

Vaya por delante que aprecio el esfuerzo, faltaría más, sobre todo teniendo en cuenta el vilipendio de la cultura y de los servicios públicos que domina el panorama político actual, pero no puedo decir que esté agradecido por la experiencia.

             Cabeza de gallo toma parte de esa misma revisión de la historia contemporánea de Rumanía que domina muchos de estos títulos recientemente exportados, si bien opta por explorar no la más próxima dictadura comunista de Ceaucescu, sino otro episodio previo y también traumático como es el del terror de la Segunda Guerra Mundial en un país que comenzó como adicto al nazismo y concluyó la guerra en el bando aliado, inclinado por la creciente influencia soviética.

Acontecimientos especialmente conflictivos en la región de Transilvania, tierra en eterna disputa con bolsas de población de origen germano, judío, gitano, húngaro, eslavo y, por supuesto, rumano. Una pequeña Arcadia en la que las idas y venidas de la historia y la etnografía permiten, en una concepción utópica, disolver cualquier soflama de patriotismo o que, desde una perspectiva pesimista, concentra en un escueto reducto una Babel destinada sin remedio al enfrentamiento y la incomprensión.

             Narrada desde el punto de vista de un joven de familia sajona, la película arroja una visión comprensiva hacia esa población alemana, considerada parte indisociable de la nación rumana, y entona un sentido canto a la tolerancia y el respeto mutuo. Un cúmulo de buenas intenciones que no fructifica en ningún momento porque las semillas están desastrosamente plantadas y peor cuidadas.

             Como se colige del carácter de su protagonista, el filme queda construido a partir de una mirada juvenil e inocente con la que desentrañar la barbarie inherente a toda guerra; es decir, el tópico de la infancia/adolescencia interrumpida, el proceso de maduración personal, ya de por sí crítico, enfatizado por la barbarie, vivida en este caso de manera más bien indirecta. Un personaje con el cometido de lograr la identificación de la platea y que falla precisamente en dicho objetivo debido a una falta total de carisma, de empatía, de solidez y, más que nada, de credibilidad, puede que también damnificado por el hecho de que tanto su intérprete, David Zimmerschield, al igual que el resto del reparto escogido para encarnar a estos tiernos adolescentes, parece demasiado mayor para el papel.

Si los esfuerzos por dotar de complejidad al protagonista son en vano, en el resto de los secundarios directamente brilla por su ausencia, ya que se trata tan solo de una serie de caracteres planos y mil veces vistos, dibujados de un solo trazo con el fin de ejemplificar distintos arquetipos humanos por su manera de abordar los cambios sociales introducidos por el irrespirable ambiente belicista.

             Claro, que esta pobreza en el dibujo de personajes no es sino un síntoma más de la superficialidad del guion, en el que tampoco resultan creíbles ni en las relaciones entre personajes, tanto amistosas como románticas –aquí la falta de tino del libreto es feroz-, ni en el discurso dramático en su conjunto, enhebrado por medio de giros tan predecibles como horrorosamente resueltos, perjudicados además por la roma dirección de Gabrea y una banda sonora permanentemente grave y expectante.

De este modo, tal desfavorable combinación da lugar a que haya escenas que incluso provoquen cierta vergüenza ajena, como la de la falsa alarma en el campanario, el accidente de la patrulla –causa de la destitución del protagonista como su líder, lo que a veces llega a parecer el desencadenante de su desencanto y rechazo por las doctrinas nacionalsocialistas- o la prueba de valor en el tejado.

             Siempre con pretensiones de resultar desgarradora, simple la mayoría de las veces, tontorrona en el mejor de los casos, Cabeza de gallo deja a su paso inofensivos e ineficaces apuntes para profundizar en las motivaciones y sentimientos de sus personajes y en el contexto histórico y social que los rodea, como cierta mención a las desigualdades sociales o una alusión facilona a la locura colectiva inflamada por una herencia cultural mal entendida. Otras situaciones, en cambio, no vienen siquiera al caso, como el inicio de experimentación homoerótica entre los dos amigos.

Del todo fallida.

 

Nota IMDB: 5,7.

Nota FilmAffinity: -.

Nota del blog: 3.

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