Luces de la ciudad

4 Feb

“Charlot no es uno, es muchos. Es un tipo polifacético. Un vagabundo y un caballero. Un soñador, pero con sentido práctico. Te puede hacer creer que es un profesor de física o un jugador de polo, y aunque es un tipo orgulloso, no tiene inconveniente en recoger del suelo una colilla, robar el caramelo a un niño y, si está enrabietado, dar una patada en el culo a una dama.”

Charles Chaplin

 

 

Luces de la ciudad

 

Luces de la ciudad

Año: 1931.

Director: Charles Chaplin.

Reparto: Charles Chaplin, Virginia Cherrill, Harry Myers.

Filme  

 

 

           Da igual que nieve, llueva o haga sol. Que el gobierno en pleno robe, que la injusticia se legisle como justicia, que como es norma los de abajo lloren para que los de arriba rían, que los números importen más que las personas, que competir se imponga a compartir, que se beatifique a Arbeloa para demonizar a Messi. Siempre, en todo momento, en cualquier circunstancia, una película de Charles Chaplin será capaz de redimir a la especie humana, de hacer exclamar a los cuatro vientos que hay esperanza y que ¡sí!, podemos.

Porque Charlot es el resumen y la sublimación del hombre. Es mezquino cuando le interesa, egoísta, vago, cobarde, misántropo. Pero cuando se rasca las motas de mugre de su superficie, nada más que una costra producto de una sociedad cínica y deshumanizada que ha perdido el rumbo, uno encuentra que ese vagabundo tristón y tierno es todo corazón y sentimientos, un ser que guía su conducta por los más elevados valores: la generosidad, la solidaridad, la fraternidad, la bondad, el amor.

            Por más de mil veces que haya sido imitada, pocas historias de amor consiguen ser tan conmovedoras como Luces de la ciudad, o poseer su ardoroso espíritu crítico y subversivo contra esa sociedad de la riqueza como sinónimo de virtud, de la banal imagen exterior como espejo del alma.

            Chaplin decide permanecer mudo pese a la explosión de sonido del cine a su alrededor para seguir entretejiendo gags físicos y visuales descacharrantes y de (solo) apariencia inofensiva a la vez que compone una obra indeleble en lo emocional. Porque aún algunas imágenes valen más que mil palabras.

            Luces de la ciudad es una rutilante joya creada por el conflicto desgarrado entre tristeza y humor; una película que rebosa comicidad, romanticismo y sensibilidad; divertida y agria en las andanzas de un vagabundo irreparable perdido en la hipocresía de la alta sociedad, patética y enternecedora en el desesperado combate de boxeo de un hombre al que solo le duele el sufrimiento de su amada, melancólica y apasionada en el desenlace de un melodrama romántico vivido a flor de piel.

            Da igual lo necios que seamos tratando de demostrar que se equivoca. Chaplin siempre tendrá razón. Deberá tenerla, más nos vale.

 

Nota IMDB: 8,6.

Nota FilmAffinity: 8,6.

Nota del blog: 9.

6 comentarios to “Luces de la ciudad”

  1. plared 11 febrero, 2013 a 23:51 #

    Que decir una de las mas tristes rodadas nunca. Donde la música adquiere tintes de drama. Gran película y la obra maestra de Chaplin, aunque esto ultimo muchos no estén de acuerdo. Cuídate y muy pero que muy buena tu critica.

    • elcriticoabulico 12 febrero, 2013 a 13:09 #

      Tengo debilidad por el cine de Chaplin, siempre consigue devolverme cierta fe en la humanidad. Especialmente indicado contra el desánimo.

  2. E. J. Castroviejo 28 mayo, 2013 a 03:08 #

    Yo también tengo debilidad pr Chaplin, de hecho le considero uno de los tres o cuatro más grandes artistas del s.XX (no sé si ya te lo había dicho). De quedarme con alguna película (por participar del primer comentario) quizá elegiría El chico. Esa peli me lo remueve todo, pero me gusta practicamente todo lo que hizo este señor hasta El gran dictador (esta última incluida).

    • elcriticoabulico 28 mayo, 2013 a 15:09 #

      Chaplin es de los artistas más hábiles e inteligentes a la hora de agitar los sentimientos del espectador. El rapto y heroica recuperación del niño en El chico es una secuencia que encoge el alma en un puño, conmueve y acto seguido hace que se estalle en carcajadas. Muy pocos pueden conseguir una mezcla tan explosiva, con tanta potencia, en un espacio tan reducido.

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