El confidente

2 Feb

Los amigos de Eddie Coyle es la mejor novela negra que se ha escrito nunca. Hace que El halcón maltés parezca un juego de niños.”

Elmore Leonard

El confidente

El confidente

Año: 1973.

Director: Peter Yates.

Reparto: Robert Mitchum, Richard Jordan, Steven Keats, Alex Rocco, Joe Santos, Peter Boyle.

Tráiler

 .

              Era la época en la que se revisaba la figura del gángster de los roaring twenties desde una perspectiva romántica, los años en los que El padrino iba marcar un hito imborrable en el cine de mafias con lo que no es sino una visión torcida y deformada aunque aún arrebatadamente lírica y sugerente del sueño americano.

Era entonces cuando Peter Yates llevaba a cabo la adaptación cinematográfica de Los amigos de Eddie Coyle, el reverenciado debut literario de George V. Higgins, publicado poco tiempo atrás, y en el que el gángster, carente de cualquier trascendencia épica o trágica, no es más que otro currante anónimo con problemas en la oficina, las letras de una casa cochambrosa por pagar y una parienta con la que lidiar tras un degradante e insatisfactorio día de trabajo.

Porque quién no ha soñado veladamente con pertenecer a la familia Corleone o con fugarse con Bonnie para transgredir toda norma cívica y moral, mientras que, por el contrario, quién tendría los redaños suficientes para calzarse el fatigado pellejo del bueno de Eddie Coyle.

             El confidente –título que escoge variar el epígrafe compartido por libro y película en su versión original, de desarmante ironía- captura el alma sucia, hastiada, antiépica, antiética y antiestética del submundo reproducido por Higgins, experto conocedor de los bajos fondos del Boston de los finales de los sesenta y principios de los setenta por sus años de trabajo como fiscal y abogado.

Lo hará desde un respeto por el original que raya la literalidad en el caso de los diálogos, elemento fundamental del libro –componen más de las tres cuartas del mismo, especialmente alabados por su naturalidad, ritmo y frescura-, mientras que, al mismo tiempo, adopta la decisión de acentuar el aspecto más amargo de la vida criminal, a coste de disminuir en cambio la participación del contribuyente de a pie en ese juego sórdido y traicionero, por medio de la potenciación del carácter de un personaje concreto en perjuicio de otro bastante secundario pero decisivo en la resolución de la trama en la novela.

              En cualquier caso, Estados Unidos, las miserias de una cultura con el capitalismo y el individualismo como innegociables señas de identidad –todavía más explícitas en la posterior Mátalos suavemente, también recientemente llevada a la pantalla-, queda así reflejado por un ecosistema criminal y social con su propia cadena trófica en la que cada uno se aprovecha del prójimo, con sus propias relaciones de simbiosis, mutualismo y parasitismo.

El entrañable intermediario y pequeño autónomo Coyle (perfecto Robert Mitchum, con su rostro demolido y sus hombros hundidos por el peso de una vida cansada e ingrata), la competente banda de asaltadores de bancos, el altanero traficante de armas, el hermético y banal barman del garito donde se muñen los planes y el insaciable agente del FBI son los insignificantes peones de un tablero sin reyes, sin héroes, sin gestas y sin honor más allá del ir tirando con un par de dólares más en el bolsillo y, quizás, poder comprar una tele en color o disfrutar de un buen filete, unas cervezas y un partido de hockey hielo.

              Yates hace buena la novela de Higgins –lastrada en su versión española, al menos en la edición que tuve la oportunidad de leer, por una deplorable traducción- obrando en consecuencia a su tono y significado último, ofreciendo así una película prácticamente desnuda de aditamentos, distanciada, cruda, sencilla y directa, localizada no en ampulosos escenarios, sino en situaciones y lugares más propios del realismo costumbrista como es el fregadero de la cocina de una casa de clase obrera, el mismo habitáculo que, no en vano, habían servido para dar nombre a la generación de realizadores del Free Cinema británico, fieles al realismo y al cine como herramienta de análisis social. Siguiendo estas premisas, la banda sonora tan solo aparece a cuentagotas, de forma comedida en parte de los atracos o introduciendo un punto funky para presentar al chuleta de Jackie Brown. Apenas gotas en la aridez.

Al contrario que lo que había realizado en Bullitt -uno de los estandartes por derecho propio del estilizado y estimulante cine policíaco y de acción del momento-, Yates no busca la adrenalina artificial provocada por el uso del lenguaje cinematográfico. Más bien, huye de ella. Las acciones de sus personajes son tan nimias como ellos mismos, estudiadamente carentes de tensión, gloria o relevancia dramática más allá de lo que lleva implícita su naturaleza, imbuidas de un agrio aire de cotidianeidad.

El objetivo es atrapar al espectador por medio de la autenticidad. Lo consigue de sobra.

             Como resultado de estas notables novela y película, permanece la huella de un perdedor irreparable atrapado en un paisaje del todo desolador.

 .

Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 8.

2 comentarios to “El confidente”

  1. plared 4 febrero, 2013 a 00:21 #

    Otra que apunto. Aunque creo que la he visto, la verdad es que no la recuerdo. Simplemente me suena….Cuidate

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