Branded to Kill (Marcado para matar)

1 Feb

“Una película es la consecuencia de una explosión de sentimientos y emociones, y es por completo innecesario apoyarla con argumentos.”

Seijun Suzuki

 

 

Branded to Kill (Marcado para matar)

 

Branded to Kill (Marcado para matar)

Año: 1967.

Director: Seijun Suzuki.

Reparto: Jô Shishido, Kôji Nanbara, Anne Mari, Mariko Ogawa, Isao Tamagawa, Hiroshi Minami.

Tráiler

 

 

            Gustase o no, Seijun Suzuki estaba decidido a seguir yendo por libre. Ya lo había demostrado con El vagabundo de Tokio (Tokyo Drifter) y ahora, con Branded to Kill (Marcado para matar), no serán menores, ni mucho menos, las contemplaciones para dar rienda suelta a la reinvención del cine negro desde su creatividad particular e intransferible, prácticamente paralela por otro lado a la de otras latitudes, como el sobrio polar melvilliano o la deconstrucción total que propondrá con Jean-Luc Godard con su Al final de la escapada.

            Branded to Kill presenta un noir reducido a lo conceptual para más tarde ser tamizado por el particularísimo e independiente prisma del autor, la influencia innegable de la cultura japonesa y unos vitriólicos delirios ácidos y pop.

El argumento, un esqueleto esquemático, presenta en su desarrollo varias premisas tradicionales, destinadas a servir de simple base sobre la que experimentar a capricho: el mercenario obligado a regresar al trabajo por la falta de dinero en una misión oscura y arriesgada, la acometida del mismo de una serie de asesinatos por encargo, cada cual más ocurrente –alguno homenajeado en lo posterior por cineastas como Jim Jarmusch-; la subsiguiente traición del solitario hitman por la empresa contratante y el enfrentamiento postrero contra su ansiada y única aspiración vital, el espectral #1, rey invisible del gremio de asesinos.

             Cada pieza clásica del argumento y el estilo del cine negro es revisada y modificada a conciencia, a medio camino entre la sublimación de los códigos del género y su parodia.

El arquetipo de samurai del cine yakuza que cambia la katana por el colt sin mudar su estricto código moral y de lealtades que aparecía en Tokyo Drifter, es desplazado aquí por la figura de un extravagante asesino a sueldo con el objetivo existencial de ser el número uno absoluto en su profesión, disolutas costumbres sexuales que riñen con el logro de la perfección en su oficio y fetichismo por el olor del arroz hervido.

Un trabajo exigente y cruel el de asesino en serie, al que Suzuki otorga dimensiones míticas -un único fallo equivale al derrocamiento del estatus adquirido y, con ello, la propia muerte en último término- y al mismo tiempo satíricas –en su desenlace, el duelo entre campeón y aspirante se iguala a una competición deportiva o, más aún, a un juego de niños con grandes dosis de irreverente comedia-.

Además, para acentuar este carácter peculiar del protagonista, el personaje adopta los también estrambóticos rasgos de Jô Shishido, actor que se operó los mofletes para resultar más amenazador y tan solo alcanzó a parecerse a un hámster enfurruñado.

Por su parte, la sexualidad de la femme fatale se desborda hasta alcanzar los límites de lo fantástico. Aficionada a coleccionar hombres como si fueran mariposas, aparece siempre en escena difuminada por la lluvia, enigmáticamente inexpresiva e incitante por su carnalidad de tintes sadomasoquistas.

            Incidiendo en lo formal, Suzuki sustituye el expresionista colorido que bullía en Tokyo Drifter por un sobrio y acerado blanco y negro con el que, por contra, poder jugar en mayor grado con la expresividad de la composición de la escena. Las perspectivas innovadoras, los planos forzados, el juego con los conceptos, el estilo y la abigarrada composición, el montaje cortado a dentelladas y la sobreabundancia de componentes simbólicos imprimen a Branded to Kill una atmósfera rayana en el surrealismo y lo onírico, única e inimitable aunque no siempre para bien.

            El frenético intervencionismo de Suzuki provoca que, en ocasiones, la película exija demasiado al espectador y lo saque de su implicación con un filme de trama mínima, lo que produce que se haga por momentos un tanto pesada e importe bastante poco su capacidad sugestiva o su retorcida originalidad, si bien unos cuantos hallazgos –curiosamente ligados a aquellos más desenfadados, juguetones y cómicos- consigan que merezca la pena realizar otro nuevo esfuerzo para mantener la atención.

Toda una curiosidad.

 

Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del filme: 6,5.

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