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Yuma

30 Ene

“Donde mora la libertad, allí está mi patria.”

Benjamin Franklin

 

 

Yuma

 

Yuma

Año: 1957.

Director: Sam Fuller.

Reparto: Rod Steiger, Sara Montiel, Ralph Meeker, Brian Keith, Jay C. Flippen, H.M. Wynant, Billy Miller, Charles Bronson.

Tráiler

 

 

             Cuanta la leyenda que, en Cuba, el origen del término ‘yuma’ como referencia a los Estados Unidos (‘la Yuma’) y los estadounidenses (‘los yumas’) proviene no de la homónima población de Arizona, sino de la popularidad de westerns como la presente cinta de Sam Fuller, mérito que habría que aquilatar a partes iguales con otras como la coetánea El tren de las tres y diez.

Cierta o no, un servidor siempre prefirió la teoría que, en cambio, atribuye su creación a la manera en la que el cubano pronuncia United States: ‘los Yumais-estéis’.

             Paradójicamente, no se comprende bien el porqué de la traducción española del título original de Yuma, Run of the Arrow –’la carrera de la flecha’, alusivo a una ordalía practicada por los indios sioux, decisiva en el transcurso del filme-, ya que la película no guarda relación alguna con la citada localidad del estado del Gran Cañón.

Sea como fuere, Yuma, obra íntegra de Sam Fuller, que adopta los roles de guionista, director y productor principal de la misma, se adentra en las heridas provocadas en los aún jóvenes Estados Unidos por la Guerra de Secesión a través de la figura de O’Meara (Rod Steiger), combatiente de la Confederación que, a causa del odio enconado que experimenta hacia la Unión victoriosa y la destrucción de su mundo tal y como lo conoce y ama, se condena a sí mismo a un exilio voluntario en las agrestes y salvajes tierras del indio, a su entender último pueblo con dignidad, orgullo y libertad.

Es, en definitiva, un desarraigado que busca satisfacer entre los sioux su imperativo de encontrar una patria que merezca la pena ser llamada como tal, un rebelde entre dos mundos a los que no pertenece -bien por sentimiento, bien por sangre o naturaleza- y, de nuevo, encontrado por una guerra civil que parece componer un elemento circular en su existencia a modo de condena repetida o acaso de segunda oportunidad sanadora.

            Desde la víscera, y por medio de su estilo seco, urgente y aquí algo atropellado -también influido por el escaso presupuesto del filme-, Fuller propone un western que toma aspectos de la vertiente psicológica y proindia del género, como ya anticipaban cintas de otros cineastas de similar catadura por su feroz independencia como Budd Boetticher en Traición en Fort King o Robert Aldrich en Apache.

El discurso nítido sobre la necesidad de perdón y de tolerancia desde la piel del renegado O’Meara -rienda suelta a las inquietudes de su autor, siempre a caballo entre el individualismo a ultranza y el orgullo patriótico- queda encajonado en unos diálogos grandilocuentes y un tanto envarados, propensos a alargar de más ciertas escenas que, de esta manera, pierden eficacia dramática.

No ayuda la interpretación principal de un reconcentrado Rod Steiger, auxiliado por un plantel de irregulares secundarios –Jay C. Flippen, Ralph Meeker y Brian Keith cumplen, Charles Bronson actúa fatal como jefe sioux y Sara Montiel está muy guapa disfrazada de india-.

             La película concede prometedoras posibilidades, sobre derivadas de la trágica complejidad de su obcecado protagonista y la ausencia de bandos monolíticos en el filme -sustituidos por individuos que siguen sus propias razones y persiguen sus propios objetivos-, pero ese tono discursivo y la cierta ingenuidad del mismo hacen que Yuma no termine de funcionar y carezca de verdadero poder como alegato.

Menos convincente de lo que debiera.

 

Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 5,5.

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