The Yellow Sea

28 Ene

“El mundo es un absurdo animado que rueda en el vacío para asombro de sus habitantes.”

Gustavo Adolfo Becquer

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The Yellow Sea

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The Yellow Sea

Año: 2010.

Director: Na Hong-Jin.

Reparto: Ha Jung-woo, Kim Yun-seok, Cho Seong-Ha.

Tráiler

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            No solo de Gangma Style vive Corea.

Tal y como comentaba Javier Ocaña, crítico de El País, ante el reciente estreno de Nameless Gangster, la dilatada periodicidad con la que asoman los thrillers coreanos en las (escasas) pantallas españolas desde el boom de Oldboy impide saber a ciencia cierta si los realizadores del país asiático han dado efectivamente con la clave de la renovación de un género caído en demasiadas ocasiones en la molicie y la rutina o, si en cambio, se trata de una minuciosa y afortunadísima selección por parte de las distribuidoras.

El caso es que, mientras no se demuestre lo contrario, el neonoir coreano goza de de un envidiable poder y calidad.

En esta ocasión, el arquetipo del hombre de a pie desahuciado por el juego y por el fin del amor ya estaba ahí, así como el paradigma de la huida desesperada del falso culpable o de ese mismo hombre común atrapado entre dos voraces fuegos mafiosos, como buena variación de la mítica Cosecha roja que eso supone. Pero la frescura que exhibe The Yellow Sea, segundo largometraje de Na Hong-Jin, es mérito propio.

             Como decíamos, un taxista ludópata de la Prefectura Autónoma Coreana de Yanbian –provincia enclavada en China pero de población mayoritariamente coreana y fronteriza con Rusia, Corea del Norte y, por el Mar Amarillo, con Corea del Sur- que, desesperado por la desaparición sin noticias de su mujer, emigrada a Seúl, y acuciado por las deudas generadas por su visado, decide hacer borrón y cuenta nueva aceptando un fugaz e incierto trabajo de asesino a sueldo en la misma capital surcoreana.

             En The Yellow Sea, el megathriller con resabios de Michael Mann adopta formas propias con la inimitable atracción del cine criminal coreano por la caprichosa y abrasiva influencia del absurdo -el brazo ejecutor más despiadado, por cruel, del fatalismo característico del cine negro-, además de por elementos recurrentes como el empleo, estilizado al máximo, de la primaria brutalidad del arma blanca, hecho consecuente por otro lado con la realidad de un país que, desde luego, al igual que la mayoría de occidente, no es Estados Unidos, el idólatra absoluto del arma de fuego.

El punto de partida, el desarrollo de la trama y la resolución final se encadenan entonces gracias a una sucesión de chapuzas, malentendidos y errores que, sin embargo, no generan comicidad, sino que acentúan todavía más una concepción lóbrega y desencantada del género humano, en la que se señala hasta meter el dedo en el ojo a su naturaleza miserable y patética, lo que se extiende incluso a puntuales detalles sociales como las penurias que sufre esa población joseonjok, condenada a una condición de marginalidad perpetua, y el drama de la inmigración ilegal.

             Así, un asesinato, la doble misión homicida de un ejecutor que no es tal y su posterior caza sin tregua por gángsters y policías, dos mafiosos antitéticos enfrentados –disparidad que genera un hilarante choque entre sofisticación y rusticidad que recuerda, por ejemplo, al cruce de las variadas faunas gangsteriles del cine de Guy Ritchie– y un nombre en la sombra dan lugar a un criminal fiero, rotundo, musculoso y tremendamente entretenido.

Na Hong-Jin deslumbra por su capacidad para el manejo de los tiempos del filme, apoyado en un guion muy elaborado y sumamente inteligente y en el uso preciso de recursos lingüísticos del montaje, como la elipsis. Al mismo tiempo, impacta por su habilidad para el rodaje de la acción, trazando un crescendo de espectacularidad que, pese a caminar sobre el alambre en su intento del ‘más difícil todavía’, aguanta el tirón con admirable solidez, sin desplomarse en ningún momento, manteniendo a raya con firmeza la posibilidad de pasarse de rosca.

            El equilibrio entre calidad y comercialidad parece más sencillo en Corea.

 

Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 8.

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2 comentarios to “The Yellow Sea”

  1. Alfredo Paniagua 29 enero, 2013 a 17:34 #

    Es ciertamente un thriller demoledor, y me gusta que hayas incidido en dos aspectos fundamentales, el primero la rusticidad (si esta palabra existe) de este film neonoir, que hace cambalache de pirotecnia efectista por la brutalidad “primaria” (como bien apuntas) del arma blanca, regalándonos algunos combates de lo más salvaje. Por otro lado, el de la mirada a las clases más desfavorecidas de Corea del Sur, país adalid de adaptación al capitalismo por ayuda y apoyo de los EE.UU., con el retrato de una clase social que nunca alcanzará nada y que hasta insinúa (yo lo veo así) que se dedica al canibalismo.

    Un abrazo.

    • elcriticoabulico 29 enero, 2013 a 23:57 #

      Es posible eso del canibalismo, si no directamente literal, cuanto menos metafórico desde luego. El reflejo que la peli hace de los joseonjok a ambos lados del Mar Amarillo los equipara a puro ganado. Carne a explotar laboral, sexual y ¿alimentariamente?.
      Aunque más tangencial en comparación con los aspectos más propios del thriller, el retrato social que arroja The Yellow Sea es feroz.
      ¡Gracias por pasarte!

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