Archivo | 15:56

Alejandro Magno

23 Ene

“Antes que nada ser verídico para contigo mismo. Y así, tan cierto como que la noche sigue al día, hallarás que no puedes mentir a nadie.”

Hamlet

 

 

Alejandro Magno

 

Alejandro Magno

Año: 2004.

Director: Oliver Stone.

Reparto: Colin Farrell, Angelina Jolie, Jared Leto, Val Kilmer, Elliot Cowan, Jonathan Rhys Meyers, Rosario Dawson, Anthony Hopkins.

Tráiler

 

 

             Hay ocasiones en las que un hombre, para poder ser llamado como tal, ha de afrontar su madurez, levantar la vista y asumir sus decisiones. A mí, Alejandro Magno es una película que me gusta. Y bastante, además.

             Casi tres horas de duración, un inadecuado y lastimoso protagonismo de Colin Farrel luciendo una horrenda melena oxigenada como punta del iceberg de una pésima dirección de actores, la presencia del repelente Jared Leto, Val Kilmer con manga ancha y doblado por Jordi Brau, una tremenda irregularidad de la realización y alardes de experimentación estética innecesarios y fallidos como el uso de filtros de color rojo en medio de una batalla, diálogos inflados y acartonados,… Son muchas, y de peso, las razones para denostarla.

Sin embargo, me fascina el personaje histórico, no tanto en su condición de héroe conquistador sino en la de indómito aventurero; me fascina la Mesopotamia antigua y la resonancia épica de nombres como Gaugamela, Ecbatana, Bactria, Sogdiana o Gedrosia; me fascinan los conseguidos movimientos de masas y la creíble e impactante coreografía de las batallas, me fascina la exploración de esos pueblos y regiones ignotas relegadas a los traslúcidos márgenes de la historia, me fascinan los sobrecogedores paisajes que se revelan ante los ojos maravillados de la quimérica, demente y genial expedición del rey macedonio, me fascina Angelina Jolie -sin ser el mayor fan de la diva- en la película donde más guapa aparece y me fascina Rosario Dawson en pelota picada.

              Oliver Stone dibujaba una nueva aproximación a su tema favorito, el poder, por medio de la figura de uno de los personajes más destacados de la Historia, Alejandro Magno. Una vida aún problemática para la historiografía, sujeta a muchos claroscuros, mitos y ambigüedades, que el realizador estadounidense convierte en un drama encadenado a los complejos míticos de la tragedia griega: el peso y la soledad del trono, el conflicto entre ambiciones, ideales y realidad, el lacerante coste que acarrea en igualdad de proporciones toda gloria, la influencia de los antecedentes y su inapelable unión al fatalismo.

Una mirada más comprensiva que complaciente que proporciona un jugoso trasfondo al que, en muchos momentos, un marcado aire discursivo -producto de unos pomposos diálogos, declamados con afectación para mayor daño- amenaza con sepultar y que en su día fue despreciado con tremenda injusticia por las acusaciones de regodeo en el escándalo por el (supuestamente) generoso reflejo la relación homosexual de Alejandro y su lugarteniente Hefestión.

Más allá de que sea así o no, el hecho tampoco merece mayor atención dada su cotidianeidad en el contexto cultural de la Antigua Grecia y el afortunado aunque todavía evidentemente inconcluso proceso de normalización social actual, irrelevante además en comparación con otros elementos más cuestionables de la película, como los citados anteriormente.

              Aparte de un ritmo aceptablemente fluido a mi entender, que deja respirar a la aventura intrínseca a las campañas militares de Alejandro en el Oriente Medio -también culturales y cartográficas según numerosas interpretaciones, incluida la del filme-, destaca la cuidada y sugerente ambientación histórica del relato tanto en el aspecto argumental como en la puesta en escena, con la salvedad de los inevitables ajustes dramáticos -por ejemplo, la exigencia de la princesa persa Estatira de ser respetada como tal y su consiguiente aceptación por parte de Alejandro, hecho que, en realidad, aconteció con el rey indio Poros– y los mínimos errores cronológicos -la exactitud plena es un imposible-, que no evitan que, en este aspecto, sea bastante superior a la media.

Descuartizada por la crítica, estéril en la taquilla.

 

Nota IMDB: 5,4.

Nota FilmAffinity: 5,2.

Nota del blog: 8.

A %d blogueros les gusta esto: