Río Rojo

13 Ene

“Nunca pensé que ese hijo de puta supiera actuar.”

John Ford, tras ver a John Wayne en Río Rojo

 

 

Río Rojo

 

Río Rojo

Año: 1948.

Director: Howard Hawks.

Reparto: John Wayne, Montgomery Clift, Joanne Dru, Walter Brennan, John Ireland, Noah Berry Jr.

Tráiler

 

 

             Como el mundo en el Génesis y el Antiguo Testamento, el Oeste era -en una visión etnocéntrica que desde luego no tiene en cuenta a los indígenas- una tierra por hacer, entregada por Dios a los hombres, quienes debían ganarse su favor por medio del sudor de su frente y de una fe inquebrantable. No en vano, la conquista del Oeste formaba parte del Destino Manifiesto, la misión divina encomendada al pueblo norteamericano.

De este modo, como en el libro sagrado, muchos de los pioneros del país mezclan en su ser, transformados en leyenda a lo largo de la historia, rasgos de los patriarcas bíblicos. Individuos iluminados que descubren y abren caminos ignotos y nunca hoyados y conquistan vastas y feraces tierras que son suyas por derecho propio y, más aún, por deber.

Un campo abonado para la epopeya y los cantares de gesta, trasladados, como no podía ser menos, al cine como principal vehículo de expresión de la cultura popular.

             Río Rojo recoge el personaje de Thomas Dunson (John Wayne), ficticio pionero del sur de Texas, y el contexto de la fundación de la Vía Chisholm, una de las principales arterias ganaderas del Oeste decimonónico.

Entramos en terrenos míticos, como anuncia una apertura que nace de la hoja escrita de un libro: la constitución de un próspero reino surgido de la nada a base de esfuerzo lubricado con idealismo, si bien erigido a su vez sobre una pérdida dolorosa y la muerte de un enemigo –emisario de otro reyezuelo de tiempos pasados que, como los nombres de la Biblia, se limita a ser invocado como hombre poderoso para ni siquiera aparecer en lo posterior-. Y con el tiempo, una concesión divina defenestrada en la ruina, como un sueño roto. O una prueba de fe que ha de superarse con el éxodo a Misuri para la venta de la grey que se apacienta en los campos.

            Y es que este western de apariencia épica y monumental esconde en su interior una turbulenta tragedia con enfrentamientos paternofiliales (por adopción) y empresas titánicas transformadas en descensos a los infiernos por la ambición obsesiva y la pérdida de la razón; terrenos en los que Borden Chase destacaría sobre todo a partir de su colaboración con Anthony Mann en otros westerns gobernados por personajes ambiguos y tortuosos como Winchester ’73, Horizontes lejanos y Tierras lejanas.

            A lo largo del heroico y penoso viaje de los vaqueros hasta el prometido Misuri, capturado por Hawks con enérgico realismo –recordemos la precisa documentación que maneja y refleja en otras cintas como Pasto de tiburones o sus películas sobre carreras automovilísticas-, la figura de Dunson pasa de ser a los ojos admirados de su protegido, el honesto y mesurado Matt Garth (Montgomery Clift), de un padre severo pero justo a un tirano arbitrario y sin misericordia y, más tarde, una vez sustituido en el liderazgo del grupo por él mismo –episodio que parece compartir alientos metafóricos y freudianos con ese archiconocido calibrado de pistolas entre Clift e Ireland-, a transmutarse en un espectro vengativo que lo acosa, terrible, desde la oscuridad y la niebla.

           Hawks, cineasta todoterreno donde los haya y que firmaba con éste su primer western destacado, transcribe a la perfección los avatares del periplo, desde la euforia, expectación, nerviosismo y nostalgia iniciales hasta la atmósfera turbia y enrarecida de los episodios finales, todo ello gracias a la eficacia de sus expresivos recursos visuales y narrativos y al excelente manejo de las pulsiones de los personajes principales y secundarios, también completos y jugosos –sobre todo el siempre eficaz Brennan, que suele decir más cuando calla que cuando habla-, lo que convierte a Río Rojo en un relato poderoso, abrumador e intenso como pocos, tanto por el carácter homérico de la acción como por la lucha interior de los personajes que pueblan sus fotogramas.

           Si acaso, se le puede achacar la forma en la que resuelve el desenlace que, sin ser del todo incoherente o despreciable, sí frustra y traiciona las expectativas provocadas por la trama –así como la conclusión del relato original de Chase-, otorgándolo un aspecto improvisado o de una cierta sensación de precipitación.

Uno de los episodios capitales del western.

 

Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7,9.

Nota del blog: 8.

2 comentarios to “Río Rojo”

  1. plared 19 enero, 2013 a 04:41 #

    Que decir, un clásico con mayúsculas. Junto a los otros dos rios. Digamos que pura historia del western. En cuanto al final, digamos que en su epoca, casi todos eran de una u otra manera prácticamente impuestos. Por ello, la trama a menudo desemboca en algo que te deja como indiferente. Aunque el de esta, particularmente si me gusta…Clasico que es uno. Cuidate

    • elcriticoabulico 19 enero, 2013 a 05:40 #

      De entre los finales que reventó el código, no es de los peores (aunque siga sin gustarme). El de Sospecha, por ejemplo, es bastante más doloroso.

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