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Gremlins

11 Ene

“Se puede discutir el contenido de una película, su estética (si la tiene), su estilo, su tendencia moral. Pero nunca debe aburrir.”

Luis Buñuel

 

 

Gremlins

 

Gremlins

Año: 1984.

Director: Joe Dante.

Reparto: Zach Galligan, Phoebe Cates, Hoyt Axton, Frances Lee McCain, Dick Miller.

Tráiler

 

 

            ¿Qué niño nacido en los ochenta no ha deseado encontrarse a un mogwai como regalo de Navidad, sin importar las tres nimias reglas para su cuidado (no exponerlo a luces fuertes, no mojarlo, no alimentarlo después de medianoche)? Claro, que si ni siquiera sabemos cuidar de un humilde hámster creyendo que se divierte pilotando un coche teledirigido, lo íbamos a llevar claro.

            Acompañado en la elaboración del libreto por Chris Columbus –artífice de otros clásicos generacionales como Los Goonies, también a la escritura, y Solo en casa en la dirección- y con los auspicios desde la silla del productor del gigante Spielberg -dominante del cine fantástico e infantil/juvenil de le década con su factoría Amblin-, Joe Dante, otro de los numerosos y talentudos protegidos de Roger Corman, presentaba a una de las criaturas más adorables del cine –¿a quién no se le derrite el corazón cuando el suave y peludo Gizmo canta?– para, posteriormente, descerrajar uno de los cuentos de Navidad infantiles –etiqueta cuestionable- más divertidos, sanos y salvajes de las últimas décadas.

Porque el gremlin, el Mr. Hyde reptiliano y tenebroso del dulce mogwai, es malo, pero malo de verdad.

             Gremlins exhibe con subversiva perversidad los ingredientes fundamentales del bienintencionado cine característico de estas señaladas fechas: el jovencito apocado de un pueblecito cualquiera de América (Zach Galligan, soso como él solo), la bonita nuera perfecta (Phoebe Cates, mito erótico juvenil de los ochenta), el señor Scrooge de turno (señora en este caso), la amenaza de la deshumanizada competitividad capitalista frente al idealismo, la moraleja ecologista contra el estilo de vida occidental del individualismo, el egoísmo, el materialismo, la inmediatez y el usar y tirar…

Y, como destructiva contrapartida, unos seres mezquinos, ocurrentes, irreverentes y jaraneros, similares a una jauría de adolescentes alcoholizados, libres a su antojo para emplear la ciudad como patio de juego para sus maldades.

De hecho, si se atreve, remoje en alguna bebida espirituosa –como al mogwai en agua– a un joven tipo pasadas las doce uvas y observará cómo el simpático y afable individuo se transforma en un ser primario y alegremente vandálico.

             Gracias a la caótica presencia de los gremlins –excelente trabajo en el diseño de los muñecos, todo un ejemplo de credibilidad y carisma frente a las insulsas creaciones digitales que imperan en la actualidad-, la cinta no ahorra en sarcasmo cruel y jocosa autorreferencialidad –tanto al Séptimo Arte en general como a la factoría Spielberg en particular; las criaturas son cinéfilos empedernidos en ambas fases de su vida- para dar lugar a una aventura divertidísima, favorecida por su saludable espíritu de serie B con generoso presupuesto, y no exactamente apta para los más pequeños de la casa, aunque sí perfecta en su gamberrismo iconoclasta (y nada velado criticismo, no lo olvidemos) para quienes deseen contrarrestar el empacho de azúcar y consumismo que supone la Navidad.

Hito generacional.

 

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 7.

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