Seis mujeres para el asesino

8 Ene

“Dales placer, el mismo que consiguen cuando despiertan de una pesadilla.”

Alfred Hitchcock

 

 

Seis mujeres para el asesino

 

Seis mujeres para el asesino

Año: 1964.

Director: Mario Bava.

Reparto: Cameron Mitchell, Eva Bartok, Thomas Reiner, Ariana Gorini, Dante DiPaolo, Mary Arden.

Tráiler

 

 

            Aunque ya había apuntado ciertos rasgos del mismo en ese ejercicio de suspense hitchcockiano que era La muchacha que sabía demasiado, no es hasta Seis mujeres para el asesino cuando se considera que, de manera oficial, Mario Bava define los códigos del cine giallo, uno de los pilares del cine popular italiano de los sesenta y setenta y uno de los géneros más influyentes en el thriller y el cine de terror posterior.

            La trama criminal enrevesada y de cuestionable coherencia –su progresiva estilización la irá desquiciando hasta rayar el surrealismo- en la que un asesino misterioso, que generalmente oculta sus rasgos para incrementar la intriga, da muerte de las maneras más retorcidas a atractivas jovencitas semidesnudas, muchas veces con motivaciones sádicas, sexuales o psicoanalíticas subyacentes –y contando además con la complicidad con el espectador gracias al empleo del punto de vista subjetivo en el retrato de su tarea–, son las premisas que configuran el esqueleto fundamental de un cine que toma su nombre de la cubierta amarilla (gialla) de las novelas de misterio publicadas por la editorial Mondadori, recipientes de la literatura pulp más cruda y rebuscada, si bien no sería ésta la única influencia presente en el subgénero, con trazos presentes a su vez de las novelas de detectives clásicas.

             Seis mujeres para el asesino se muestra rauda desde su apertura: el brutal homicidio de una modelo desencadena un terrorífico juego de secretos, medias verdades y terror entre los miembros de una casa de alta costura que sembrará su camino con nuevos cadáveres de féminas, a cada cual más imaginativo –también se le considera uno de los primeros slashers del cine-, mientras el respetable, al más puro estilo de los referidos relatos detectivescos, los whodunit (‘quién lo hizo’), trata de desentrañar, entre los numerosos candidatos que encarnan los vicios de una sociedad enferma –drogas, traiciones amorosas, enfermedades mentales, miseria moral y económica camuflada en el culto a la apariencia-, el móvil y la identidad del perturbado asesino.

             Bava, experto fotógrafo, traslada el rojo de la sangre al escenario –los maniquíes, objeto icónico del giallo; el decorado, la iluminación- por medio de una puesta en escena de encendido y desbordado colorismo, capaz de crear un efecto similar, por dionisíaco, febril, deformante y desasosegante, al que el expresionismo alemán provocaba con sus juegos de sombras, composiciones y encuadres oblicuos y forzados.

             Es este plano artístico vibrante el que contrarresta otros aspectos de la película a los que el paso del tiempo no les ha sentado del todo bien, muchos por las carencias de su propio argumento, tramposete aunque muy entretenido, de suspense bien montado y dosificado, y otros derivados en gran medida por los recurrentes homenajes, imitaciones y plagios, producto de su evidente influencia en realizadores posteriores.

 

Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 6,5.

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