Switch

6 Ene

“No soy un hombre. Soy Cantona.”

Éric Cantona (Buscando a Éric)

 

 

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Año: 2011.

Director: Frédéric Schoendoerffer.

Reparto: Karine Vanasse, Éric Cantona, Mehdi Nebbou, Nisheema Teillaud, Maxim Roy, Jacob Desvarieux, Karim Saleh, Karina Testa.

Tráiler

 

 

            “1966 fue un gran año para el fútbol inglés. Nació Éric Cantona”, rezaba la publicidad de Nike despreciando el hecho de que, en tal año, el país que inventara el balompié se alzase con su hasta ahora único cetro mundial.

Dueño de una excelente técnica, instinto y creatividad, ensalzados por un carácter volcánico y arrollador, Éric Cantona arribaba a las Islas Británicas para deslumbrar en el Leeds, título liguero mediante –primero para el club desde los setenta-, borrar con ello el rastro de su polémica trayectoria precedente en su país natal, devolver más tarde al lánguido Manchester United a las mieles del éxito cambiando el curso de su historia con un nuevo campeonato de liga tras unos interminables 26 años de sequía y añadir otras tres premiers en cuatro años más, revolucionar con ello el rústico y contumaz estilo británico y convertirse definitivamente en leyenda viva del deporte rey.

            Cantona era clase, pero sobre todo carisma. Magnetismo de primer nivel, un icono popular atrayente en sí mismo, dotado de ese tipo de atractivo que no se gana, sino que va incorporado en la naturaleza de uno, sobrevolando su figura como un aura divina. No vale con proclamar con el pecho henchido que se es el primer, el segundo y el tercer mejor jugador del mundo, como el fatuo, ñoño e insoportable exhibicionismo ególatra de Cristiano Ronaldo, otro 7 del United.

Es, en un modelo más cercano a todavía otro 7 de los red devils, George Best, la presencia y la atracción de la arrogancia franca, chispeante y rebelde, de lo genuinamente ingobernable incluso para uno mismo, esa rara cualidad que a Cantona, cuellos alzados, le hacía capaz de lo mejor y de lo peor, pero sobre todo le hacían ser él mismo; la sublimación de las fantasías de los humildes mortales que juegan en el barrio, que ven el fútbol a pie de barra de bar, que aguantan las broncas del subjefe de sección las mañanas de lunes.

            Cantona era consciente de ello y supo explotarlo, así como incontables campañas publicitarias durante sus años de gloria y todavía después de su pronta retirada. Hombre inquieto, el fútbol no era suficiente para su intranquilo y volátil genio, que se prolongará sin solución de continuidad a campos como el arte, la filosofía o, incluso, la alta política. Sin embargo, en esa unión del icono con la cultura popular, la más comentada ha sido hasta ahora su faceta como actor, estrenada todavía en sus días de futbolista y continuada con pequeños papeles en cintas como Elizabeth o haciendo de sí mismo como impagable proyección de la voluntad de superación y el autoestima del protagonista en Buscando a Eric.

Poco valorado aún como intérprete, Cantona busca en Switch una nueva oportunidad de ir ganando más peso en la industria o, cuanto menos, entretenerse una vez más con su capricho y cobrar por ello.

             El caso es que, más allá de la mofletuda presencia del astro marsellés, Switch ofrece pocos elementos de interés para el espectador. Producción francesa, la película propone un movido thriller basado en la premisa del falso culpable y la suplantación de personalidades a partir de los avatares de una joven montrealesa (la adorable Karine Vanasse) de vacaciones en París merced a una página web de intercambio de casas entre particulares, lo que, por supuesto, no es sino la coqueta antesala de una turbia pesadilla (los peligros de Internet a estas alturas de escarmiento, que ya hace una década sonaban a viejo…).

Aunque la acción está rodada con cierta calidad, el argumento, digno de un lustroso telefilme de sobremesa, está pillado por los pelos hablando con generosidad, lo que da lugar a una cinta más bien insípida e impersonal.

            Así que, en vista de estas consideraciones, la situación nos remite de nuevo al punto de partida: aparte de ver al bueno de King Éric trotando por las calles francesas en el papel de rudo pero instintivo inspector policía perseguidor, poco más hay que contar (y que esperar) de una cinta por lo demás perfectamente olvidable.

 

Nota IMDB: 6,2.

Nota FilmAffinity: 5,4.

Nota del blog: 2,5.

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