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No habrá paz para los malvados

28 Dic

“Es un hermoso misterio por qué nos cae bien un perfecto hijo de puta como Santos Trinidad.”

Enrique Urbizu

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No habrá paz para los malvados

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No habrápaz para los malvados

Año: 2011.

Director: Enrique Urbizu.

Reparto: José Coronado, Helena Miquel, Juanjo Artero, Rodolfo Sancho, Pedro Mari Sánchez, Juan Pablo Shuck, Younes Bachir, Karim El-Kerem, Abdel Alí El Aziz.

Tráiler

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          Al margen de la sempiterna crisis de la industria, parece que algo se está haciendo bien en el cine español. El cine de género de la última década goza de una salud robusta y de una calidad más que notable. Primero fue el relanzamiento del terror hispánico con figuras como Jaume Balagueró, Paco Plaza y tantos otros, muchos de ellos criados a los pechos de la Filmax y su división Fantasy Films, mientras que en los últimos años, destacan propuestas de éxito tan diversas como el cine carcelario –Celda 211-, el western crepuscular –la infravalorada Blackthorn-, la inmersión en el thriller político –la reciente Invasor, recibida con opiniones dispares-, el cine catastrófico –Lo imposible, Fin– o la renovación del cine policíaco y criminal, que nunca parecía salir de su estado embrionario, con cintas como No habrá paz para los malvados o Grupo 7.

            Enrique Urbizu, cineasta sin reparos para adentrarse en el cine criminal (Todo por la pasta, La caja 507) o impregnar con su malsano ambiente otros géneros (el reseñable western urbano La vida mancha), emplea como sustrato el estereotipo del policía de férrea vocación y determinación, pero marginal y heterodoxo, entregado a una obsesiva y violenta autodestrucción entre enviciada y épica y redentora, para componer una revisitación del noir desde la óptica de la España de identidad desconcertada por la afluencia de inmigrantes en su condición de país nuevo rico y el choque entre la globalización contra su tradicional esencia castiza, con las secuelas del terrible 11M aún lacerantes.

             Una atmósfera turbia e insalubre, parida por unas callejuelas madrileñas sucias y reconocibles, en las que opera como ente autónomo un policía de ambigua hoja de servicios e imagen patibularia, en el que su expeditiva acción justiciera se entiende como prolongación -o emanación incluso, vista la manera casi aleatoria en la que se dispara el caso- de su vida corrompida, y viceversa. Es Santos Trinidad, inspector de Desapariciones metido en asuntos de calado internacional.

Un personaje arrollador, un paso más allá en su deformidad del modelo de policía-vigilante que proponía Harry el sucio y que Urbizu confía a su actor fetiche, José Coronado, todo fuerza interpretativa, el cual, en su camaleónica caracterización, logra adueñarse del personaje despreciable pero magnético y otorgarlo aliento propio, claroscuros y veracidad, superando su feroz máscara.

             Urbizu, que es un realizador hábil, dibuja con estilo seco -dividido en base a la doble investigación de la trama entre la mirada pulcra y fría de una metódica jueza (Helena Miquel) y la febril y oscura del agente de policía- un marco más que adecuado para desarrollar una trama sólida, contundente, muy entretenida, con los tiempos de la acción medidos con suma precisión y que, si acaso, tiende a convencer más, por fuerza de su realismo, cuando mantiene un perfil bajo, acorde con el cutrerío general que habitualmente desprenden las instituciones y las mafias radicadas en la piel de toro.

 

Nota IMDB: 6,4.

Nota FilmAffinity: 6.

Nota del blog: 7,5.

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