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El hobbit: Un viaje inesperado

24 Dic

“Ahora vamos con El señor de los anillos, película basada en un famosísimo libro… que yo no me he leído. Sin embargo, les diré como anécdota, que algunos de mis amigos tienen, en una estantería totalmente vacía, junto con su foto de sus vacaciones en Calasparra, un ejemplar de El señor de los anillos.”

Antonio Gasset

 

 

El hobbit: Un viaje inesperado

 

El hobbit, un viaje inesperado

Año: 2012.

Director: Peter Jackson.

Reparto: Martin Freeman, Ian McKellen, Richard Armitage, Ken Stott, Graham McTavish, James Nesbitt, Andy Serkis, Sylvester McCoy, Manu BennettBarry Humphries, Hugo Weaving, Cate Blanchett, Christopher Lee, Ian Holm.

Tráiler

 

 

            El nuevo milenio comenzaba, cinematográficamente hablando, con el fenómeno de El señor de los anillos, un ambicioso y leviatánico proyecto que combinaba tanto la pasión por la adorada obra de J.R.R. Tolkien con el aprovechamiento de unos innovadores y apabullantes efectos especiales y un minucioso estudio comercial destinado a gobernar todas las pantallas del mundo durante tres años seguidos. Sus millones de espectadores -adeptos y ajenos al original literario-, sus incuestionables beneficios económicos de la taquilla y sus derivados y su coronación final con once premios de la Academia confirmaba el éxito de la aventura.

            Admitiendo su impresionante factura técnica, el que suscribe reconoce no ser admirador de la trilogía cinematográfica, así como tan solo un modesto y desenfadado consumidor de sus novelas. En ambos casos, tiendo a valorar la portentosa imaginación de Tolkien, capaz de crear nuevos y ricos mundos, hasta el más mínimo detalle, concatenando un sustrato mitológico paneuropeo, especialmente septentrional, así como la pericia de Jackson para plasmarlo con fidelidad y respeto devoto en fotogramas.

Más allá de esto, vista en detalle, ambas versiones coinciden en emplear con saña el efecto deslumbrante de estas virtudes, dejando tras de sí un relato más bien esquemático y simple, con personajes que traducen y exageran el maniqueismo propio de los cuentos tradicionales pero dentro de un formato que se aleja de la concreción en busca de moraleja y del agresivo y sórdido trasfondo que se adivina tras ellos.

Aparte de establecer una cierta metáfora de la Europa desgarrada por la Primera Guerra Mundial desde un punto de vista humanista pero también marcadamente anglocéntrico y la denuncia de la corrupción inevitable que conlleva el poder, El señor de los anillos queda en una muy disfrutable aventura para leer en la cama antes de dormir, pero poco más.

Por su parte, en el cine, con una terna de películas de casi tres horas, y una vez que los efectos especiales y la colección de criaturas deja de sorprender, se acusa que Boromir, el único personaje tridimensional del relato -interpretado además por un buen actor como Sean Bean-, desaparezca en la primera entrega, si bien la conclusión por todo lo alto de la saga con El retorno del rey dejaba buen sabor de boca, quizás porque no quedaba otra que cerrar de manera espectacular todos las vías abiertas en las dos irregulares cintas anteriores.

            Es posible que cierto pudor por respeto a su original y el agotamiento de tan extenuante cometido influyeran en la reticencia de Jackson para adaptar de seguido El hobbit, novela previa a la trilogía de los anillos y que recuerdo haber leído con más agrado. Sin embargo, en unos tiempos en los que las escasas propuestas para combatir el erial de las salas de cine pasa por una espectacularidad que no puedan garantizar la televisión de plasma y las descargas por Internet, dejar aparcado un proyecto de semejante potencial en taquilla no era factible.

Así, después de que Guillermo del Toro no consiguiera finalmente hacerse con las riendas, Jackson regresaba a los mandos de la nave. Como principal novedad, la discusión sobre si debía hacer se una o dos películas sobre el relato se cierra proponiendo la entrega de otras tres voluminosas películas. Primer pero: El señor de los anillos forma un conjunto de tres libros, con un total que supera las 1.500 páginas; El hobbit en cambio es solo uno, con unas 360 páginas de extensión, según las diferentes ediciones. Los que protestaron, con razón o no, porque la primera trilogía obviaba detalles y tramas secundarias y terciarias, se estarán ahora frotando las manos.

            En El hobbit: Un viaje inesperado, primer capítulo de la nueva serie, esta literalidad se nota. No para bien. Como decíamos, llega un punto en el que, con la Tierra Media ya descubierta y explorada a conciencia, los efectos especiales dejan de sorprender, suenan a ya vistos y uno se queda a solas, frente a frente, con la trama desnuda, con todos sus lunares, pelos y arrugas al aire. Es entonces cuando sucede que Un viaje inesperado repite y magnifica los errores a los que se hacía la vista gorda en La compañía del anillo, alucinante visualmente, tirando a tediosa en lo argumental.

Casi tres horas de metraje, músculo en la técnica, impresionante ambientación y caracterización, pero el asunto no supera la presentación de personajes, con sus héroes muy buenos y villanos muy malos, y de la trama, otra vez el periplo vital en el que la virtud, el compañerismo y el coraje han de ser las armas con las que derrotar al miedo y la maldad que se extiende sobre el orbe.

            Las prisas en este tipo de introducciones nunca son buenas; pasarse por el forro la concisión y el ritmo del filme por pura codicia, tampoco. El hobbit se acartona, se atasca y empacha a causa de escenas alargadas por parlamentos interminables, la farragosa acción presentada a tal velocidad que es imposible apreciar qué carajo sucede en unas secuencias épicas hipertrofiadas, los agotadores planos a vista de pájaro en perpetuo deleite con la sobrecogedora geografía neozelandesa y el abuso manifiesto del deus ex machina, aceptable en este tipo de historias siempre que no se emplee, como aquí sucede, en cada momento climático.

            Una auténtica renuncia a la aventura -el gran valor de su original-, confundida con la sucesión de estallidos de imágenes y sonidos estridentes, sin más objetivo que avasallar a quien así lo quiera y levantar una nueva factoría de películas y juguetes que, como el anillo único, someta a todos los espectadores de nuevo a su yugo. Lo hará.

Hasta 2014, que se resuelva todo esto.

 

Nota IMDB: 8,5.

Nota FilmAffinity: 7,6.

Nota del blog: 4,5.

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