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Alexander Nevsky

6 Dic

“Eisenstein, es usted un verdadero bolchevique.”

Jósef Stalin

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Alexander Nevsky

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Alexander Nevsky

Año: 1937.

Director: Sergei M. Eisenstein.

Reparto: Nikolai Cherkasov, Nikolai Okhlopkov, Andrei Abrikosov, Dmitriy Orlov, Vera Ivashova, Aleksandra Danilova, Vladimir YershovLev Fenin, Sergei Blinnikov.

           

            La figura de Sergei Eisenstein declinaba aun a pesar de haber filmado tres de las obras más representativas del cine de propaganda soviético, La huelga, El acorazado Potemkin y Octubre; películas que, por su innovación y complejidad estructural, poseían mayor incidencia en la inteligentsia internacional que en la recién constituida Unión Soviética, con una alta tasa de analfabetismo.

Su viaje a Estados Unidos y México para estudiar los métodos del cine sonoro tan solo había resultado en una obra monumental e inacabada sobre la Revolución mexicana (¡Que viva México!), mientras que, a su retorno a la Unión Soviética, su condición de hombre de la vanguardia le había deparado una condición marginal a causa de las acusaciones de formalista y espiritualista frente a la decidida e incontestable apuesta de Stalin por el estilo realista. Tan solo logrará realizar en esta época El prado de Bezhin, filme que no obstante, abandonará inconcluso ante las permanentes mutilaciones de la censura del régimen que, finalmente, destruirá los negativos de la obra.

Después de una forzosa retractación pública, la carrera del cineasta se encauza de nuevo, a ojos del organismo cinematográfico soviético, con Alexander Nevsky.

            Producto directo de la instrumentalización estatal del cine, de igual manera que en La huelga y El acorazado Potemkin, Eisenstein procedía a revisa el pasado épico del pueblo ruso para realizar una nueva lectura y mandar un mensaje ideológico concreto ligado al más absoluto presente. Capturando el inquietante ambiente prebélico predominante en la Europa de finales de los años treinta, el filme recupera la epopeya glorificadora del príncipe Alejandro Nevsky en su lucha contra el invasor teutón.

             En la Rusia del siglo XIII, que todavía se recupera a duras penas de las heridas abiertas de la guerra contra suecos y mongoles, el héroe victorioso se gana el pan como un proletario más con el esfuerzo de sus redes de pesca. Un héroe, por tanto, ligado al pueblo, que ha de enfrentarse a la oposición de los estamentos burgueses para unir al pueblo en la nueva batalla por la Madre Rusia contra el Alemán, que convoca a los campesinos como fuerza principal de sus ejércitos y que logra concitar el apoyo generoso de todas las clases, encargadas de ceder generosamente el sudor de su frente por la victoria.

            El argumento es simple y orientado hacia unas directrices políticas claras, expresado por el realizador soviético con mayor sencillez en el desarrollo y en el empleo (todavía rico) del montaje respecto a sus obras precedentes. Con todo y ello, sobresale la genialidad de Eisenstein para crear atmósferas, para imbuir de poder de sugerencia a los fotogramas y transmitir e impregnar emociones en el espectador.

Encumbrado por la genial partitura de Sergei Prokofiev –luego transformada en cantata-, Eisenstein retrata a unos pavorosos caudillos teutones resguardados bajo sus grotescos cascos de hierro, mecanizados por una música barbárica, lúgubre, recitada en latín, el lenguaje de la Iglesia, siniestro acompañante de masacres de la sanguinaria horda –elemento que apenas aparece en las filas de Nevsky, pese a su posterior canonización por la Iglesia ortodoxa-.

Un enemigo brutal, inhumano y sin rostro, equiparable a la despiadada guardia del zar de la antológica escalera de Odessa. Solo hay un enemigo peor: el traidor a la patria. En comparación, las levas rusas entonan cantos corales armoniosos y alegres, y sus gentes combaten con el rostro descubierto, enardecidos por el inquebrantable orgullo de servir a su tierra.

               Un antagonismo que confluye en la gran batalla del lago Peipus, la cual, pese al envejecimiento por las carencias técnicas de la época, su abultada extensión –alrededor de media hora- y el ligero deje de ser el primer acercamiento al sonoro de Eisenstein, no carece de épica y espectacularidad gracias a la extraordinaria fuerza de la puesta en escena: un paraje invernal abrumador en el que se enfrenta a muerte el contraste entre el ejército de hierro germano, de avance inexorable, y el relativo estatismo de los resistentes y esforzados rusos que, jaleados por la poderosa banda sonora, se empeñan en hacer una demostración desde el medioevo del poder de la actual Unión Soviética.

No por nada, tanto la célebre batalla como el filme en general serviría de modelo para numerosas películas posteriores, desde Espartaco hasta El imperio contraataca o Conan el bárbaro.

              Por Alexander Nevsky, Eisenstein obtendría el premio Stalin, la Orden de Lenin y, agradecido por su domesticación, el favor del Partido.

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Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,8.

Nota del blog: 7.

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