Rompiendo las olas

24 Nov

“De repente, económicamente hablando, todo ha sido destruido. El movimiento Dogma, El proyecto de la bruja de Blair o el trabajo de muchos jóvenes está demostrando que no hay que fumar puros, ni conducir enormes Ferraris para hacer películas. Puedes ponerte a rodar con lo que te cueste una cámara y algunas cintas.”

Mike Figgis

 

 

Rompiendo las olas

 

Año: 1996.

Director: Lars von Trier.

Reparto: Emily Watson, Stellan Skarsgård, Katrin Cartlidge, Adrian Rawlins, Sandra Voe, Jonathan Hackett.

Tráiler

 

            Corría 1995. Una fría y lluviosa mañana de marzo, el danés Lars Trier alzó la mirada oteando el panorama, dictaminó la decadencia y caducidad del cine contemporáneo y decidió añadir ‘von’ a su apellido para otorgarle resonancias épicas y nobiliarias.

En comandita con otros amigos cineastas procedentes de todos los rincones de Escandinavia, von Trier compondría el decálogo de los principios e ideales de la enésima refundación del Séptimo Arte, firmándolo en su nombre junto a su compatriota Thomas Vindenberg. Es una autoproclamada llamada de socorro que clama, entre otros aspectos, por la apuesta decidida por la creatividad y la imaginación frente al puro negocio, así como denuncia el anquilosamiento de esquemas gastados y previsibles y la espectacularización efectista del cine. Incluso se rechaza la presencia del autor, sometido al relato y la comunicación de los sentimientos en él implícitos como cualquier otra pieza de la película. Se trata, pues, de reducir el cine a su expresión más pura, desnudo y sin maquillajes: rodado en exteriores, con luz natural y sonido de escena, filmado cámara en mano, sin escenografía y hasta sin género definido.

Nacía el Dogma.

            Aunque ya se conocía la vocación creativa de Lars von Trier, especialmente desde su premio en Cannes por El elemento del crimen y otras cintas como Europa (Zentropa, que bautizaría también a su productora y a unos estudios de cine), sería Rompiendo las olas la película que confirmaría su influencia internacional, el primer largometraje rodado tras su rúbrica del manifiesto de castidad del Dogma.

Como prometen las premisas de este movimiento de vanguardia, Rompiendo las olas plasma en crudo una historia sobre sentimientos exacerbados, describiendo la crónica del matrimonio entre Bess (Emily Watson), una joven espiritual, dulce y frágil, bendecida con la inocencia y lucidez de la locura, y Jan (Stellan Skarsgård), trabajador de una plataforma petrolífera situada frente a las costas escocesas. Desde los inicios de un amor idílico con la sombra de la inseguridad de Bess y el hostigamiento de una sociedad represiva y censora, escudada en una imagen de Dios y la religión autoritaria e inflexible -productora de unos seres humanos privados de humanidad, sentimientos, misericordia o tolerancia-, hasta la Pasión de un ser entregado al amor como valor absoluto, redentor y definitorio del hombre, de la divinidad y de la vida.

El paralelismo de Bess con la figura reinterpretada de Cristo es evidente.

             Hay que reconocer la capacidad de explotar los sentimientos de von Trier con muy poco –referido al aspecto formal, porque el argumento es un melodramón en toda regla-, concentrado toda la atención en el drama de Bess, en su via crucis particular, en el enfrentamiento a pecho descubierto de una mujer todo corazón, fe y emociones contra una auténtica cárcel sin paredes, asolada sentimentalmente, que tan solo cosecha esterilidad, culpa y angustia vital.

Apoyado en el excelente trabajo de sus actores principales, Rompiendo las olas no posee apenas ornamentos más allá de una apelación a la empatía por la muchacha protagonista con la puntual ruptura de la cuarta pared –en los momentos de mayor alegría y mayor desesperación, precisamente- o una estructura capitular en cuyas ‘portadas’ o postales de presentación se deja espacio para la estilización pictoricista o los insertos musicales de estudio.

              Un minimalismo formal que sirve como aliciente para la frescura de un relato con abundante carga de realismo mágico, sin entorpecer su expresividad o su capacidad para conmover, otorgándolo matices y atmósferas sugerentes, plegado a la fuerza de los intérpretes, de sus movimientos y reacciones. Por contra, flaco favor le hace un metraje excesivamente voluminoso, cercano a las dos horas y media, que ahoga parte de la fluidez y naturalidad que permitía ese estilo concienzudamente desmañado del filme –que, aunque se niegue, no es sino una demostración de vanidad autoral más-, generando algunas caídas importantes en el ritmo, la aparición de aburrimiento y, en ocasiones, la cierta apatía por sobreexposición al camino tortuoso de sacrificio y salvación por amor de la desamparada pero tenaz y entregada Bess.

Interesante y multipremiada.

 

Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 6,5.

8 comentarios para “Rompiendo las olas”

  1. plared 25 noviembre, 2012 a 00:38 #

    Esta película me gusto, aunque no la consideraría dogma ni mucho menos, no entiendo bien al leerte si la consideras así o no. De cualquier forma junto con Europa y melancholia lo mejor de un director que también tiene muchas obras absolutamente insufribles. Cuidate

    • elcriticoabulico 25 noviembre, 2012 a 15:39 #

      Pues es la primera que veo de Lars von Trier, lo reconozco, y sí me gustó, aunque no sea yo muy de melodramones ni de pelis largas.
      Y sí que tiene muchos elementos formales del Dogma, me parece a mí, por lo menos esos que siempre se dicen de cámara en mano, sonido ambiente, etc. Aunque sí es cierto que la página del movimiento no la incluye en su lista certificada de películas Dogma.
      Sobre su cumplimiento estricto, también hay que tener en cuenta que era un decálogo con una carga irónica notable.

  2. Triste Sina 7 julio, 2013 a 10:31 #

    De acuerdo con todo menos con el metraje. Personalmente no le encontré excesivo, aunque quien sabe… habría que volver a mirarla. Y por supuesto NO es un dogma.

    • elcriticoabulico 7 julio, 2013 a 19:02 #

      No es un dogma, eso es verdad. Ni siquiera von Trier y sus acólitos la incluyen en su selecta lista de películas dogma. Pero también es cierto que anticipa muchísimos de los rasgos que caracterizarán dicho movimiento.

  3. Shira Shaman 15 octubre, 2013 a 07:33 #

    Justo ayer vi esa película , me gusto bastante, si uno antes de empezar a verla se dejara llevar por lo que va a durar pues bueno… a mi en lo particular el tiempo se me paso volando, me gustó mucho la banda sonora, la actuación de Emili Watson es magnifica, dándole el justo toque a su personaje, sin duda la volveré a ver. Un abrazo

    • elcriticoabulico 15 octubre, 2013 a 16:36 #

      Tiene cosas muy bonitas y muy atrevidas, pero igual yo le hubiera recortado media horita o un poco más… ¡Un saludo!

  4. Triste Sina 15 octubre, 2013 a 09:34 #

    Yo en cambio acabo de ver muy recientemente “Ryan’s daughter” de David Lean y la encontré sospechosdamente parecida a breaking the waves. O más bien lo contrario, visto que es del (1970). Fotografía alucinante.

    • elcriticoabulico 15 octubre, 2013 a 16:38 #

      Pues nunca había oído tal comparación. El caso es que tengo por ahí la película, aunque aún no la he visto. Tendré que comprobarlo, me has dejado con la intriga.

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