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Open Water

18 Nov

“Si hubiera sabido entonces todo lo que sé ahora sobre los tiburones, no hubiera sido capaz de escribir Tiburón.”

Peter Benchley

 

 

Open Water

 

Año: 2003.

Director: Chris Kentis.

Reparto: Blanchard Ryan, Daniel Travis.

Tráiler

 

 

            Alentados por el auténtico fenómeno social que supuso la (relativamente) original pero insustancial El proyecto de la bruja de Blair, las productoras de Hollywood aguzaron el oído a la caza del sleeper –éxito inesperado de taquilla- de la temporada, centrando su rastreo en una nueva ola de productos minimalistas, restringidos en su mayoría al género del terror.

Siguiendo esta línea de acción, Lionsgate trataría de emular el fructífero hallazgo rescatando la cinta Open Water del festival de cine indie de Sundance –auténtico semillero de tendencias y nuevos y frescos rostros para la pantagruélica industria hollywoodiense, dueña absoluta de la posterior distribución global del cine-, donde había recibido prometedoras críticas.

             Aunque no directamente, sí se podría emparentar Open Water con El proyecto de la bruja de Blair, dada su construcción pírrica -rodada con imagen digital, sin efectos especiales, con actores desconocidos y con etiqueta de ‘basada en hechos reales’-, si bien sustituye el formato de falso documental por una realización de aspecto improvisado que, más que heredar la verosimilitud por esa promocionada ambigüedad entre ficción y realidad, es simplemente más propia de un video casero.

Un hecho que, aunque se revela bastante cutre en la presentación de personajes y situación, no supone del todo un obstáculo para impregnar cierta veracidad al desamparo de sus protagonistas, abandonados por una creíble chapuza en mitad del Mar Caribe, pasto para tiburones.

             Posiblemente, más que a causa de esta realización espartana y de la agradecida ausencia de un exhibicionismo gore gratuito –los tiburones del filme, ejemplares vivos, se comportan como verdaderos escualos, y no como el celebérrimo Bruce, todo goma, chapa, pistones y sed de sangre de auténtico de asesino en serie-, el contagio de la inquietud y la tensión psicológica de los personajes se deba a que, si bien un servidor es totalmente inmune a cuentos de brujas y apariciones sobrenaturales, en cambio no se atreve a meterse en aguas donde no hace pie desde que, de pequeño, visionaba sin falta cada junio el Tiburón de Steven Spielberg.

Esa subjetividad intransferible a la hora de implicarse en el juego que propone Open Water cuenta, por supuesto; como en todas las cintas de terror habidas y por haber.

             Sin embargo, ahondando en la idea del aspecto formal minimalista como lograda fuente de desasosiego, sí es cierto que la intrusión de ornamentos clásicos como los insertos de banda sonora de aires polinesios, el alejamiento del foco de atención hacia acciones paralelas o esteticismos alejados del tono de la cinta como el reflejo de la belleza de las corrientes de agua, disminuyen y mucho la sensación de inquietud que sí consigue generar el filme cuando tan solo se centra en la experiencia en crudo de su infortunada pareja protagonista.

Elementos que otro filme como el australiano The Reef –el mismo argumento trasladado a distintas aguas- sí logrará pulir.

 

Nota IMDB: 5,8.

Nota FilmAffinity: 5,1.

Nota del blog: 6.

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