Ira de Titanes

12 Nov

“Crecí en una época en la que nos moríamos de ganas de que estrenaran El padrino o Alien. Me gustaba aquel sentimiento, aquellas colas esperando a comprar la entrada… Ya sé que el cine ha cambiado. Hoy todo se centra en franquicias, en juguetes…”

David Fincher

 

 

Ira de Titanes

 

Año: 2012.

Director: Jonathan Liebesman.

Reparto: Sam Worthington, Rosamund Pike, Toby Kebbel, Liam Neeson, Ralph Fiennes, Édgar Ramírez, John Bell, Bill Nighy, Danny Huston.

Tráiler

 

 

            La nefasta primera entrega debía haber sido suficiente aviso, pero la atracción del que suscribe por los monstruos, los héroes y los dioses de la mitología griega hacía de Ira de Titanes un compromiso dolorosamente ineludible.

             Si Furia de Titanesremake de uno de los últimos vehículos de lucimiento de Harry Harryhausen, mago del stop motion, de por sí algo envejecida- había supuesto un claro ejemplo de la debacle del cine de aventuras del Hollywood del 3D, todo hipertrofia, ruido e insipidez, cabría pensar que los productores de Ira de Titanes, tras el fracaso de crítica y el relativo de público de la anterior, al menos habrían tomado buena nota de los errores precedentes. No fue así.

             Ira de Titanes, dirigida en esta ocasión por el estrictamente funcional Jonathan Liebesman, transforma un Ragnarok a la griega en un caótico videojuego en el que el semidiós Perseo (el desustanciado Sam Worthington, luciendo una cabellera rizada que le hace parecer un anabolizado y rústico émulo de Juanma Lillo) debe salvar a dioses y humanos del Apocalipsis provocado por la liberación del titán Cronos.

Cada monstruo parido por el Tártaro como pantalla a superar y, entre medias, la nada. Es decir, un cutre y abotargado teatrillo de marionetas planas entregadas a intérpretes sin sangre -muchos de ellos, como Rosamund Pike bastante perdidos o, como Nelson y Fiennes, que llegan, hacen el ridículo, cobran y se van con un sonrisa-, y al que un guion paupérrimo hace avanzar sin lógica o coherencia, apareciendo y desapareciendo sin sentido y encadenando tópicos trágicos mal entendidos y presuntos microclímax hasta alcanzar el nuevo y mayor desafío, a través de los cuales el héroe estira demasiado la cuerda de la credulidad sobre su carácter indestructible, incluso para una producción de estas características.

            De este modo, Ira de Titanes acumula a lo bruto monstruos, espectaculares efectos especiales y agita la cámara sin descanso para tapar su absoluto vacío de ideas. Ni siquiera la planificación de escenas, de pura aparatosidad, es efectiva, produciendo enfrentamientos y luchas mitológicas sin tensión alguna.

El filme es un gigante virtual con los pies de barro de un libreto flagrantemente desatendido, tanto en su estructura como en sus líneas de diálogo, escritas a partir de un sonrojante refrito de lugares comunes, deriva en un desinterés total por un conjunto que ni llega a ser entretenido, ni con la suficiente distancia de sí mismo como para resultar simpático y en el que, por su puesto, la magia de la epopeya mitológica brilla por su ausencia.

             Hasta para lograr un entretenimiento superficial se tiene que tener clase o, cuanto menos, oficio. Cine comercial muy mal entendido.

Aunque los monstruos molan.

 

Nota IMDB: 5,8.

Nota FilmAffinity: 4,7.

Nota del blog: 4.

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