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Lars y una chica de verdad

11 Nov

“¿Acaso los niños no aman a sus osos de peluche?”

Ryan Gosling

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Lars y una chica de verdad

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Año: 2007.

Director: Craig Gillespie.

Reparto: Ryan Gosling, Emily Mortimer, Paul Schneider, Kelli Garner, Nancy Beatty, Patricia Clarkson.

Tráiler

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            Quizás dentro de unos años se acuñe un término específico para las películas indies del cambio de milenio, reconociendo su coherencia estilística y temática de la misma manera que, en su momento, se apercibió para el dispar conjunto de películas que en la crítica francesa vino a denominar cine negro. O eso, o se caerá en la cuenta de que su presunta frescura y originalidad es mucha menos de la que se suele considerar. Así, tanto en el cine como en la música, entre una minoría de productos innovadores e interesantes se oculta un grueso nada desdeñable de productos prefabricados, hechos a medida para un público muy concreto que no es, sino, igual de conformista que los devotos del mainstream.

             Lars y una chica de verdad está protagonizada por el héroe romántico por definición del indie, imaginado con mayor o menor fortuna y más o menos gracia –en ocasiones con algunas auténticas joyas- por los Wes Anderson, Spike Jonze o Michel Gondry como cabezas de cartel de la corriente. Es el solitario sensible, introvertido e inadaptado, con miedo patológico a la vida. Una mariposa que aún no ha salido de su crisálida, aprisionada por una cotidianeidad hostil que no comprende y que lo rechaza. Un adulto que se refugia en una carcasa infantil, donde aún prevalece la inocencia y se cree en el final feliz de los cuentos de la infancia. Cliché en toda regla. A poder ser presentado al gusto de los más recalcitrantes hipsters de escaparate, mezclando un formato de rasgos modernos con el vestuario de nuestros abuelos.

             A través de la historia del frágil Lars (Ryan Gosling) y su idilio con una muñeca de plástico con la connivencia de su remoto, estándar y encantador pueblecito canadiense, Craig Gillespie expone una llamada a la tolerancia y aceptación del diferente frente a las presiones que coartan al individuo en su desarrollo, al cuestionamiento de un concepto difuso y aborrecible como el de ‘normalidad’ como principal arma de esta coacción y a la falta de comunicación y sinceridad sentimental de la sociedad –puede que también al amor platónico como valor sanador de la existencia, que de ser así estaría bastante trasnochada-.

Para ello, sigue unas pautas bien definidas y conocidas, abundando en la sensación de déjà vu del conjunto, tanto desde lo indie como desde fuera de él: aparece aquí el recuerdo de la cáustica Tamaño natural y el de otras, por qué no, como El invisible Harvey por la fantasía positiva como manera de escapar de la realidad y su feliz contagio, o no, a terceros, o Soy un cyborg, otro amor casto y puro en el marco de un dulce y melancólico desequilibrio mental.

             Lars y una chica de verdad, pese a su puntual encanto y las posibilidades de su idea original, impone con poca naturalidad unas intenciones buenistas a costa de tomar excesivas licencias para con la credulidad del espectador a la hora de poner en marcha la comedia y drama del asunto, al mismo tiempo que muestra una total indiferencia a caer en lo ñoño y lo obvio en su desarrollo posterior, lo que hace que sea blanda cuando podría (debería) ser oscura y que, en último término, se entregue a una catársis melodramática más ridícula que tierna o emotiva.

Eso sí, Gosling se esfuerza, y bien, en la defensa de su papel.

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Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 4,5.

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