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Brigada homicida

10 Nov

“Los villanos de hoy en día ya no poseen cualidades redentoras. Ahora rige una nueva moralidad. Un villano es un tipo con una debilidad. Los héroes son villanos.”

Richard Widmark

 

 

Brigada homicida

 

Año: 1968.

Director: Don Siegel.

Reparto: Richard Widmark, Henry Fonda, James Withmore, Harry Guardino, Inger Stevens, Susan Clark, Don Stroud, Steve Ihnat.

Tráiler

 

 

             Sellada su etapa clásica y definitoria, la década de los sesenta suponía los primeros pasos de renovación del cine negro y el cine criminal. Fruto del bombardeo de influencias exógenas y endógenas, el género procedía a adoptar nuevos códigos formales y temáticos. Autores como Don Siegel iban a importar una nueva manera de hacer cine, con destacada influencia de la realización televisiva, su campo de cultivo, además de imponer un tratamiento más directo y agresivo del sexo, el lenguaje y la violencia en aras de una mayor verosimilitud –como hecho significativo, el caso del presente filme se desata por dos detectives obnubilados por la imagen de una joven desnuda, mientras que llega al desenlace a través de algo parecido a unas prostitutas-.

Al mismo tiempo, como rasgo característico en el proceso de transformación, será el policía, un servidor público, el que sustituya progresivamente al detective privado como desencantado elemento del bien que escarba en la mugre de la gran ciudad.

             Ejemplo meridiano de esta tendencia, Brigada homicida –un título traducido con un curioso carácter ambiguo, que plantea un concepto de equiparación entre policía y criminal que Siegel culminará en Harry, el suciodesgrana los entresijos de la policía y sus quehaceres cotidianos a través de dos parejas de compañeros y amigos que representan al cuerpo en dos estamentos confluyentes: a pie de calle, con los sufridos detectives Madigan (Richard Widmark) y Bonaro (Harry Guardino); y en las altas esferas, con el inspector Kane (James Withmore) y el comisario Russell (Henry Fonda).

             El plazo de 72 horas para atrapar a un peligroso asesino y la sombra de un caso de corrupción con un desarrollo algo previsible y excesivamente melodramático sirven para desentrañar las rutinas policiales y la condición humana de los agentes de la ley.

Una mirada en general bastante complaciente que celebra la entrega de estos sacrificados profesionales a su oficio –la renuncia a su vida privada hasta las últimas consecuencias es evidente-, a pesar de detalles como el puntual recurso a la violencia de los detectives, hijos de unos tiempos de oscuros en la que la honradez es un lujo o un pecado de ingenuidad –detalle que, como señalábamos antes, se extremaría incluso hasta rebasar el límite de lo aceptable en Harry, el sucio-, y en la, por el contrario, una leve doble moral si acaso sí aparecería enquistada en los sectores más dignos de la sociedad –el aristocrático comisario no duda en mantener un affair con una mujer casada y ostensiblemente más joven-.

Es éste un punto más de contraste entre el pragmatismo del que se codea cara a cara y a diario con la basura del sistema y la honestidad de salón y el petulante moralismo de quienes miran desde lo alto, divergencias muy acordes a su vez con el elenco gracias a una precisa selección reparto que contrapone la granítica contundencia de Widmark –cuya fama se inicia interpretando a villanos de la peor calaña- con la sedosa y aquí algo envarada elegancia de Fonda –imagen de noble idealismo en más de una ocasión-.

              Acaso por ese tono más descriptivo –que no obstante, no renuncia a la acción seca y violenta propia de Siegel-, Brigada criminal no exhibe tanto ese nervio rabioso característico de las producciones del realizador norteamericano, pero sí los suficientes méritos como para resultar una cinta atractiva, muestra además de la paulatina transformación de una manera de hacer y entender uno de los géneros capitales del Séptimo Arte.

 

Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 6.

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