Garras humanas

6 Nov

“Créeme, en tu corazón siempre brilla la estrella de tu destino.”

Friedrich Schiller

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Garras humanas

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Año: 1927.

Director: Tod Browning.

Reparto: Lon Chaney, Joan Crawford, Norman Kerry, John George, Nick De Ruiz.

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             Erudito en literatura gótica, experto conocedor de ambientes marginales y personalidades torturadas, el cine de Tod Browning explora con malsana precisión la condición humana, en la que la deformidad, como concepto que trasciende lo físico para adentrarse en lo emocional, hasta alcanzar lo monstruoso en último término, forma parte intrínseca de la misma.

              Garras humanas expone muchas de las constantes del cine de Browning. De nuevo, el mundo del circo como reproducción viva de la tragicomedia humana, en el que se condensan todas las pasiones y emociones, heroísmos, tragedias, grandezas y mezquindades del ser. También como en su opus magna La parada de los monstruos, el drama, de fuertes interpretaciones psicoanalíticas, gira entorno a un triángulo amoroso. La bella Nanon (Joan Crawford), con una simbólica fobia por las manos masculinas –las ‘garras humanas’ del expresivo título español-, es el tortuoso objeto de deseo disputado por el forzudo Malabar (Norman Kerry) y el enigmático Alonzo el Manco (Lon Chaney, que firmaría en total diez colaboraciones con Browning).

Uno, dueño de unas manos capaces de doblar barras de hierro; el otro, carente de ellas.

              El universo de Garras humanas está determinado por la turbiedad. Rasgo recurrente en la obra de Browning, las apariencias y el engaño juegan un papel fundamental en la composición de los personajes, instrumento con el que el realizador de Louisville experimenta y juega con las reacciones de la platea, con el propio sentir del espectador.

Del mismo modo que la apariencia brutal de Malabar acaba por rendirse a la dulzura de su naturaleza, Alonzo esconde un secreto sombrío bajo su aspecto bondadoso de esforzado superviviente. Su auténtica deformidad solo sale a la luz cuando se libra de su corsé, revelando sus brazos que oculta para huir de un pasado de maldad; su verdadero ser. Pero, al mismo tiempo, es también un hombre capaz de extasiarse al contemplar a su amada Nanon, una sugerida posibilidad escape redentor –las escenas que protagoniza son las únicas que escapan a la atmósfera viciada y tenebrosa del filme, presentadas con un aire onírico virtud a una tela que envuelve el fotograma en una sugestiva nebulosa-.

Está dispuesto a sacrificar todo, hasta sus últimas consecuencias, a cambio de una promesa de amor (condenarse ante la ley, renunciar a sus brazos, vínculo con ese tormentoso pasado de fechorías) que se traduce en obsesión.

              Alonzo es un huracán de emociones en sí mismo al que Chaney, ‘el hombre de las mil caras’, insufla vida con precisión de maestro, capaz de mutar en la misma escena del amor a la desesperación, de la alegría a la ira, arrollador a la hora de desentrañar el mundo en llamas atrapado tras sus ojos. Es un personaje torcido, condenado de antemano a la tragedia por su condición monstruosa, herencia de un pasado imposible de enderezar. La persecución de su amor por la parte buena que parece aflorar desde el fondo de su perfidia, se convierte así en una lucha tan atroz como patética, de una crueldad estremecedora, sentenciada finalmente por un Destino despiadado y burlón.

Poderoso e intensísimo melodrama.

 

Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 7,8.

Nota del blog: 8,5.

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