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Los vengadores

4 Nov

“Nadie debería ir al cine si no cree en los héroes.”

John Wayne

 

 

Los vengadores

 

Año: 2012.

Director: Joss Whedon.

Reparto: Samuel L. Jackson, Tom Hiddleston, Robert Downey Jr., Chris Evans, Chris Helmsworth, Scarlett Johansson, Mark Ruffalo, Jeremy Renner, Stellan Skarsgård, Clark Gregg, Gwyneth Paltrow.  

Tráiler

 

 

            Dentro del filón que en el cambio de milenio un Hollywood especialmente huérfano de creatividad encontró en la adaptación de los cómics de DC y Marvel, posibilitado por los avances en las técnicas digitales, la restauración de la saga Batman por Christopher Nolan procedía a abrir un punto ruptura entre dos corrientes quizás demasiado diferenciadas entre sí y con un éxito dispar en sus resultados.

Por un lado, estaría la traslación superficial y palomitera, un espectáculo de luces y colores sin mayor vocación de trascendencia, infantilizado hasta el ridículo y maltratado por su condición de apuesta casi segura en demasiadas ocasiones.

Por el otro, la mirada introspectiva, sin renunciar a la épica explosiva, del superhéroe como elemento de por sí complejo y tortuoso, guardián de los valores fundacionales de su sociedad y, al mismo tiempo, cercano a una contradictoria fantasía fascistoide en sus métodos, dado su carácter de jurado, juez y verdugo.

             Quizás Los vengadores sea, desde su vocación primigenia de puro blockbuster, la película que mejor haya sabido aunar ambas corrientes. Se puede divertir sin tomar a nadie por tonto, se pueden apuntar temas subtextos jugosos y tener un guion estructurado con solidez sin romper el ritmo vertiginoso de la narración.

Bien es cierto que parte de una ventaja esencial que, en otros casos, ha supuesto la principal losa del inicio de una saga heroica: no necesita presentar a los personajes, sus orígenes y su mitología porque las películas anteriores de la factoría Marvel ya se han encargado de tal engorrosa y plomiza tarea. Todo está dispuesto para la acción.

             Y así empieza, de manera directa, con el planteamiento arquetípico y casi ineludible de la lucha del Bien contra el Mal. Loki (Tom Hiddleston, con mayor tino en comparación con su película matriz), hermanastro del dios Thor, repite como supervillano de aire perdedor –y aún un tanto despreciado en sus posibilidades-, en este caso como punta de lanza del Mal absoluto que mora en los lejanos y oscuros confines del universo, dispuesto a someter a su yugo a los débiles y cobardes humanos.

Y contra él, la miríada de estrellas del cómic y la interpretación, Los vengadores de S.H.I.E.L.D., integradas por celebridades como Steve ‘Capitán América’ Rogers (Chris Evans), Tony ‘Iron Man’ Stark (Robert Downey Jr., al que le encanta divertirse luciendo perillas imposibles), Bruce ‘Hulk’ Banner (Mark Ruffalo, tercera encarnación del personaje tras Eric Bana y Edward Norton), Natasha ‘Viuda negra’ Romanoff (Scarlett Johansson, siempre un incentivo que alegra la vista) o el propio Thor (Chris Hemsworth, al que de tanto esteroide se le está poniendo cara de pan), liderados por el apropiado carisma Samuel L. Jackson como Nick Furia.

             El filme propone un espectáculo gigantesco en el mejor sentido de la palabra, calibrando bien la limpieza y coherencia del relato –sencillo, sin resultar simplón- y unos efectivos golpes de humor con los pequeños pero explosivos clímax de acción controlada, favorecidos por la apabullante factura técnica y la solvente dirección de Whedon -hábil para desmarcarse de los cursis guiños formales al cómic frecuentes en el género- que van haciendo avanzar la trama hasta confluir en una batalla final que bordea el pasado de rosca aunque sin dejarse arrastrar al ridículo por la orgía de ruido y adrenalina.

De esta manera, Los vengadores logra evitar una abotargada acumulación para compensar y complementar bien el carácter de personajes tan dispares como el noble y abnegado Capitán América -un héroe plano a la vieja usanza pero con un halo de resignada decepción que le va muy bien- con el torrencial y socarrón Iron Man, tecnologizado y postmoderno hasta frisar un nihilismo egomaníaco, autoconsciente y desmitificador, dudoso en su fondo aunque suavizado en su formato taquillero, todos ellos sometidos por igual al engrasado transcurso del relato.

            Es ese repliegue del héroe sobre sí mismo y su carácter ambiguo el que permite introducir reflexiones críticas sobre su papel, sobre todo en base al siniestro carácter de una organización como S.H.I.E.L.D., totalitaria, omnipotente, omnisciente y con principios tan cuestionables como los de la ultravigilancia o la guerra preventiva, asuntos que trasladan el punto de vista a un mundo contemporáneo tangible.

De la misma manera, destaca la afortunada concepción alegórica del agente Coulson (Clark Gregg), presente en casi todos los capítulos anteriores de la franquicia: es él la representación del aficionado del cómic, el que da sentido a los héroes como punto de unión de todos ellos, como fuente de su alianza y, mirando más allá, su misma existencia.

Palomitas que merecen la pena.

 

Nota IMDB: 8,4.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 7,5.

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