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El imperio del sol

2 Nov

“Lo maravilloso de la infancia es que cualquier cosa es en ella una maravilla.”

Gilbert Keith Chesterton

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El imperio del sol

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Año: 1987.

Director: Steven Spielberg.

Reparto: Christian Bale, John Malkovich, Miranda Richardson, Nigel Havers, Joe Pantoliano.

Tráiler

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           El rey Midas trataba de ser tomado en serio. No todo iba a ser reventar taquillas y entretener al público ofreciéndole con exactitud lo que deseaba ver. Steven Spielberg ya había tratado de colocar la primera piedra en su proyecto de ser reconocido como director ‘serio’ con El color púrpura, aunque a la postre tan solo quedaría la imagen de la decepción por no materializar ninguna de las once nominaciones de la película a los Oscar. Con El imperio del sol, el realizador de Cincinatti aspiraba a consolidar de una vez por todas los cimientos del edificio.

            El imperio del sol no exhibe, no obstante, un excesivo riesgo en sus premisas: el duro proceso de madurez de un niño –el héroe por excelencia de los grandes éxitos del cine de Spielberg- de vida acomodada a través del sufrimiento de la guerra. Es decir, un tema con buen gancho en taquilla y eficaz en lo emotivo en base a la contradicción entre inocencia y horror, parangonable, en cierta manera, con relatos superiores en el primer aspecto como el clásico Capitanes intrépidos o, en el segundo, más ajustado a la cinta presente, con la hipnótica y despiadada Masacre: ven y mira, con la que comparte también puntuales intentos de reproducción de la atmósfera surrealista de la guerra a ojos infantiles –si bien sin alcanzar la poderosa intensidad de la cinta soviética- como la fiesta de disfraces al borde del abismo o el campo deportivo desbordado por objetos tan suntuosos como inútiles.

            Basado en el superventas semibiográfico de J.G. Ballard, El imperio del sol desarrolla ese viaje vital de un niño británico en la China en las postrimerías de la invasión japonesa en la Segunda Guerra Mundial, desde su visión lúdica del entorno bélico, concentrado en su admiración absoluta por la aviación imperial, hasta su progresiva asimilación al conflicto y la lucha por la supervivencia, también a modo de juego o de sueño de ser piloto y tomando como figura paternal al nihilista estadounidense Basie (John Malkovich, con una acertada contención), y, finalmente,  su conclusión de su proceso de maduración con la toma de conciencia de la terrible realidad del conflicto y la necesidad de los lazos afectivos y humanos para sobreponerse a él.

            Es lugar común -no por ello menos cierto- señalar que la efectividad de una película tan ligada a un personaje infantil depende, y mucho, de la capacidad de empatía y carisma del niño en cuestión. Reconociendo que el galés Christian Bale pone todo de su parte en uno de los papeles que le daría a conocer y en el que ya exhibía su gusto por una actuación exigente en lo físico, su Jim Graham es un personaje con el que a un servidor le cuesta compartir inquietudes.

Bien es cierto que su construcción como irritante señoritingo inglés y su paulatina concienciación en lo humano forma parte del relato, pero no logro entablar simpatía con su carácter hiperactivo y sabelotodo, ni admiro su fascinación por el entorno bélico, cuestión por la que la escena climática en lo emocional, destinada a extasiar los sentimientos de la plateaen la que canta y hace el saludo militar desde la valla del campo de prisioneros a los valientes kamikaze recién licenciados al amanecerme resulta más repulsiva que conmovedora, de la misma manera que los comentarios acerca de su concepción de Dios no me parecen particularmente incisivos.

             Salvando estas cuestiones, rectificadas con demasiada ligereza en el desenlace en comparación con el carrete que se le da a la actitud anterior de Graham a lo largo del filme, hay que reconocer la habilidad de Spielberg para armar una película, luciendo una puesta en escena impecable en lo técnico, con algunas escenas de sensibilidad y expresividad bastante conseguida, su gran manejo del ritmo, de las emociones –demasiado obvio para mi gusto- y el eficaz uso de símbolos y analogías visuales: el golpeo del metal como distintivo de una situación, los recorridos en bicicleta en dos recintos considerados ‘hogar’ por Jim bien distintos, la comparación entre los féretros del inicio y la maleta con los restos de una infancia en el final,….

Correcta, sin más.

Como en El color púrpura, sus seis nominaciones quedarían en nada.

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Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 6.

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