El viento

16 Sep

“Siempre me gusta observar a las mujeres, no las comprendo y me acerco a ellas para descifrarlas, son más profundas y más serias. Por eso me interesan más.”

Eduardo Mignogna

 

 

El viento

 

Año: 2005.

Director: Eduardo Mignogna.

Reparto: Federico Luppi, Antonella Costa, Pablo Cedrón, Mariana Briski, Esteban Meloni.

Tráiler

 

 

             Por lo general, se llora en silencio. A pesar de lo que nos acostumbra el cine, las procesiones de sentimientos van por dentro, más que declamando a lagrimones ante una puerta, ignorando la lluvia torrencial. En todo caso, las explosiones melodramáticas en el mundo real vienen más por imitación de lo que las grandes tragedias del cine nos han mostrado como reacción natural.

Parece imprescindible, por tanto, el aspaviento para representar en pantalla una emoción, subrayada por una música trágica in crescendo y rubricado con un beso de tres o cuatro minutos o un abrazo con sollozos e hipidos.

Elementos que, a espectadores con poco sentido de la sensibilidad como un servidor (o, quizás, demasiado agudo), le hacen huir de los desaforados y retorcidos dramones clásicos y, por el contrario, le permiten sentirse atrapado por una obra como El viento.

             El viento desentraña cómo dos individuos, una joven urbanita y un anciano orgullosamente campesino, afrontan la muerte de su único nexo de unión, la madre e hija de ambos, respectivamente. Un punto de encuentro entre dos vidas de apariencia antagónica -la nueva y la vieja Argentina; la impersonalidad de la urbe y el trato directo pero en ocasiones también viciado del campo- que ni siquiera aparecerá físicamente, sino en el recuerdo, en el remordimiento, el abandono y la acuciante necesidad de conocerse a uno mismo. La unión inquebrantable de la propia sangre, que permanece a pesar de los embates de los vientos de la vida; una misma historia que se prolonga a través del tiempo y las personas.

             Dos personajes ricos, auténticos, creíbles en sus sentimientos y reacciones, dibujados con cuidado por Mignogna, director y guionista del filme -en esta segunda faceta en colaboración con Graciela Maglie-, que tenía a bien decir que hacer cine era otra forma de cumplir su vocación de escritor.

Silencios más expresivos que las palabras, personajes a lo que se nota cómo les bulle el interior a través de pequeños matices y detalles casi imperceptibles, dudas, flaqueos, requiebros, con esas enormes mezquindades minúsculas y pequeñas grandes virtudes del ser humano.

             Un relato que huye de la grandilocuencia a la hora de expresar cuestiones existenciales mayúsculas y abrumadoras, todo sensibilidad y buen gusto, refrendado por una realización que incide en esa belleza sobria, intimista y respaldado por las impecables actuaciones de Antonella Costa y sobre todo de un inmenso Federico Luppi, un tipo capaz de actuar hasta de espaldas.

 

Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 8.

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