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La escafandra y la mariposa

6 Sep

“Mi mente es la única parte de mi cuerpo que todavía esta viva. Soy una cabeza atada a un cuerpo muerto.”

Ramón Sampedro

La escafandra y la mariposa

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Año: 2005.

Director: Julian Schnabel.

Reparto: Mathieu Amalric, Emanuelle Seigner, Marie-Josée Croze, Anne Consigny, Marina Hands, Olatz López Garmendia, Isaach De Bankolé, Emma de Caunes, Max von Sydow, Jean-Pierre Cassel.

Tráiler

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             Un hombre prisionero, secuestrado por su propio cuerpo. Un síndrome de cautiverio en el que el condenado reflexiona, pues es lo único que le queda para aferrarse a lo humano, además de la imaginación y el recuerdo.

             Obviamente, la situación de Jean-Dominique Bauby, exitoso redactor jefe de la revista Elle, al que un accidente cardiovascular dejó tetrapléjico en 1995, recuerda a la expuesta en la feroz Johnny cogió su fusil y en Mar adentro. Sin embargo, La escafandra y la mariposa va por libre, alejándose de la eutanasia como objetivo argumental –pese a algún golpe bajo en el inicio, como la confesión del neurólogo entre “mantener” y “prolongar” la vida-, sin pretender ser tan devastadora como la primera, y resultando menos ñoña, lacrimógena y oportunista que la segunda; con unas hechuras más similares, en cierta manera, a una película introspectiva de náufragos.

             Y es que La escafranda y la mariposa prefiere bucear en la existencia interior del personaje, reduciendo la autocondescendencia, buscando los resquicios de luz en una habitación oscura, afrontando sus terrores, vergüenzas y remordimientos, elementos comunes a todo ser humano que se pare a hacer un alto en el camino y reflexione sobre sí mismo, independientemente de su condición. Una apuesta por la vida, más que por la muerte.

De ahí que el guiño musical a Los cuatrocientos golpes, que no es sino otro relato sobre el desamparo y la necesidad de evadirse de una asfixiante prisión, surja como un evocador recurso, si bien algo subrayador –más sutil, eso sí, que esa metáfora un tanto burda y, además, remarcada entre la visita física al párroco y la mental a Lourdes-.

             De este modo, Schnabel, artista polifacético, cineasta tan solo ocasional y ligado a acercamientos al cosmos particular de figuras del arte –Basquiat, sobre el pintor del mismo nombre; Antes que anochezca sobre el escritor Reinaldo Arenas-, ensaya de nuevo un biopic en el que ese universo creativo y artístico del protagonista procede, más que de su producción real –la autoría del relato autobiográfico, encomiablemente adaptado por Ron Harwood-, de esa mencionada capacidad de mantener su condición de ser humano ante la cruel adversidad. De la imaginación, la esperanza y la vitalidad, en definitiva.

              Es, por tanto, una llamada algo manida y efectista a la vida desde el umbral de la muerte, desde una no vida, pero que aún así resulta emocionante, logra la empatía del espectador a través de un personaje bien construido, reconociblemente humano, al que no le sobran ni le faltan emociones –angustia, desolación, ilusión, amor, certeros detalles de humor y deseo sexual,…-, traducidos por la más que meritoria (y multipremiada) dirección de Schnabel en imágenes llenas de belleza, a ratos gris y desolada, a ratos cálida y luminosa, a lo que se añade un habilidoso y arriesgado manejo de la cámara subjetiva y la voz en off, recursos que difícilmente consiguen resultan naturales durante un tiempo de exposición tan prolongado.

Notable película.

Nota IMDB: 8,1.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 7,5.

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