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La caza real del Sol

30 Jun

“Un gobernante eficaz no debe tener piedad.”

Nicolás Maquiavelo

La caza real del Sol

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Año: 1969.

Director: Irving Lerner.

Reparto: Richard Shaw, Christopher Plummer, Nigel Davenport, Michael Craig, Andrew Keir, Leonard Whiting.

Tráiler

 .

            No se comprende la poca presencia en el Séptimo Arte de ese cúmulo de aventuras imposibles, ambiciones febriles, valor inconsciente y halo apocalíptico que son los conquistadores del Nuevo Mundo. Son contados los éxitos en el cine de tipos tempestuosos, complejos y contradictorios como Cortés o Pizarro -no tanto Colón, hombre decisivo en el devenir de la Historia y al que nunca se ha conseguido sacar partido satisfactoriamente, pese a la infravalorada 1492: La conquista del paraíso-, u otros individuos secundarios y extravagantes como Lope de Aguirre, a quien el alemán Werner Herzog talló como obra de culto en nebuloso celuloide, con el acceso minoritario que dicha etiqueta implica.

Causa posible de esta omisión es la estúpida heroización de los conquistadores por parte de la historiografía española más nacionalista y, desde otro punto de vista, su estúpida satanización por parte de otras escuelas. No abundan los estudios veraces, precisos y honestos sobre unos individuos que despiertan e invitan a fuertes (y generalmente descontextualizadas) polémicas.

            Por ello, y aunque en su conjunto resulte un proyecto un tanto fallido, resulta notable el intento de La caza real del Sol, adaptación de la pieza teatral homónima del británico Peter Shaffer, a quien el cine debe también otras conocidas películas como Equus o Amadeus.

            Que Francisco Pizarro caiga en manos de un actor temperamental como Robert Shaw, todo carácter, ya indica por donde va la cosa. La caza real del Sol traslada un drama shakesperiano a la corte del Atahualpa cautivo por las tropas castellanas. Acometido por un Christopher Plummer sobreactuado y mal dirigido, es un dios en la Tierra, un usurpador del sagrado trono del Inca, un salvaje ignorante y blasfemo. Ante él, Pizarro, “bastardo y soldado español”, individuo hecho a sí mismo, analfabeto, anárquico, desengañado del paraíso de Dios en el Cielo y de la gloria guerrera del hombre en la Tierra, tullido y temible como el Loco Aguirre, con la promesa de oro como arma para limpiar la tortura que le provoca el velado rechazo del mundo, conseguir una respetabilidad negada por su cuna, labrarse un nombre en la Historia con letras áureas.

Dos seres ilegítimos que se encuentran en el confín del mundo. Un espejo para un Pizarro que se enfrenta a sus demonios y dudas, a su destino y a las exigencias de unos hombres reducidos a animales sangrientos por su codicia material y espiritual a excepción del mesurado y racional De Soto (Nigel Davenport, más controlado que sus compañeros de reparto); al presente de su palabra y al legado de sus actos.

            Irving Lerner, más destacado por su trabajo de montajista que por el de director, conduce una obra de presupuesto escaso y que hereda, también por torpeza propia, parte del estatismo del teatro. Prima el carácter abstracto de la situación y la introspección psicológica de los personajes frente a la acción bélica y aventurera de su contexto histórico.

Más allá de la presencia de escenas discutibles, como una batalla descrita a ritmo de racial flamenco -interesante pese al folcklorismo barato y más bien inadecuado-, es de esas formas algo escleróticas y de un guión tendente a una acartonada grandilocuencia de donde proceden los errores que minan unos planteamientos interesantes, con mayores posibilidades de las que finalmente se concretan.

            Bien merecerían una revisión actualizada y concienzuda.

Nota IMDB: 6,4.

Nota FilmAffinity: -.

Nota del blog: 6.

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