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Robinson Crusoe

26 Jun

“Yo soy un hombre solitario, muy solitario. Me gusta la soledad porque la puedo romper cuando quiera.”

Luis Buñuel

 

 

Robinson Crusoe

 

Año: 1954.

Director: Luis Buñuel.

Reparto: Dan O’Herlihy, Jaime Fernández.

Tráiler

 

 

            A primera vista, pocos puntos de unión parecía albergar un clásico inmortal de la aventura como Robinson Crusoe con Luis Buñuel, quizás el mejor representante del surrealismo en el Séptimo Arte y, a su vez, realizador recuperado para el mismo por una obra asentada sobre un fondo de desgarrador realismo como Los olvidados.

En cualquier caso, la experiencia hollywoodiense de Buñuel en décadas anteriores, relacionada sobre todo con la dirección de la versión doblada al español de los éxitos del momento, la localización del rodaje en la costa del Pacífico mexicana, donde se encontraba afincado, y la producción de Óscar Dancigers, quien había subvencionado el retorno a la dirección del de Calanda, le servirán para obtener el encargo del filme en esta coproducción mexico-estadounidense.

             Así, Robinson Crusoe se presenta como una obra alimenticia en la carrera del realizador aragonés y una de las dos únicas películas filmadas en inglés de la misma –la otra es La joven-.

Buñuel pone a un bastante respetuoso servicio de la historia su estilo directo, añadiendo  puntualmente, unas cuantas muestras de su genio personal, sepultadas en parte por ese cierto clasicismo en el tratamiento y de continuidad frenada, probablemente a causa de su tendencia a lo provocativo.

Con todo y ello, destacan como fulgurantes y fugaces chispazos rasgos surrealistas y subversivos como las veladas pulsiones sexuales del protagonista, ligadas a un vestido de mujer –sea sobre un espantapájaros, sea por medio de un travestido Viernes, interpretado por un pintarrajeado Jaime Fernández-, la iconoclastia religiosa, la subrepticia mordacidad en la representación de ese burgués que es Crusoe -encarnado con solvencia por Dan O’Herlihy, nominado por la Academia a mejor actor-, ávido de reproducir su cómodo estatus de clase en la tabula rasa de su isla, o una interesante ensoñación febril, único momento de estricta irrealidad en una situación de por sí delirante, incursión en un mundo interior que, por las posibilidades del relato y las capacidades de Buñuel, bien valía la pena haber explorado más a fondo en vez de centrarse en esa descripción más académica y un tanto superficial de la supervivencia y la soledad del náufrago.

            Y es que, por lo demás, Buñuel procura ajustarse a los cánones exigidos –que en buena parte será el objetivo de experimentar las posibilidades del Eastmancolor para la renovación del atractivo del cine de aventuras-, componiendo una cinta efectiva en sus pretensiones, sin revolucionarios alardes ni aspiraciones de grandeza y a la que el tiempo, como suele suceder en este tipo de producciones, ha hecho mella.

 

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 6,5.

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