Los cautivos

24 Jun

“Los westerns son películas que todo el mundo puede ver y disfrutar. Siempre dan dinero y siempre aumentan el número de seguidores de un actor.”

Randolph Scott

 

 

Los cautivos

 

Año: 1957.

Director: Budd Boetticher.

Reparto: Randolph Scott, Richard Boone, Maureen O’Sullivan, Henry Silva, Skip Homeier, John Hubbard.

Tráiler

 

 

            Después del estreno de Tras la pista de los asesinos, el trío conformado por el productor Harry Joe Brown, el director Budd Boetticher y el actor Randolph Scott, con la frecuente colaboración de Burt Kennedy, notable guionista, luego menos reconocido realizador, tuvo a bien prolongar su sociedad artística durante otros seis westerns concisos, austeros, abstractos, expresivos y contundentes.

Un microcosmos propio en el que parece acontecer un relato recurrente, entrelazado, cíclico. Variaciones de todo un mundo concentradas en unas praderas pedregosas impregnadas del mismo aroma y la misma melodía, tan melancólica y sufrida como la expresión eternamente circunspecta de Scott, esforzado e inmutable héroe en todas ellas.

             Como queriendo contradecir este fatalismo inexorable y pese a iniciarse con una de esas tomas con las que Boetticher quería expresar el largo y penoso camino que antecede al protagonista, Los cautivos comienza con un tono amable, en el que incluso Randolph aparece alegre y risueño por las esperanzas de un futuro apacible que le aguarda en sus recién adquiridas tierras a las afueras de Sásabe.

Poco durará su felicidad. Ya lo advierte su llegada a la posta de correos: no es lugar para extraños.

Es este un mundo próximo a abalanzarse al cambio traumático y civilizador del ferrocarril, tiempos de incertidumbre, agresividad a flor de piel y conductas movidas a la desesperación. En su vuelta a casa, despojado ya de su suerte por una frustrada apuesta bravucona, el destino se lo aclara con un recibimiento oficiado por tipos con el aspecto patibulario de Richard Boone y Henry Silva, salteadores de caminos con un botín personificado en una rica y solitaria heredera, accidental acompañante de Scott, que promete más oro y peligro del que pueden soportar y del que pueden renunciar.

             Kennedy hace buena la historia de Elmore Leonard y siembra el guion de frases y diálogos ásperos y rotundos, que restallan secos y llenos de empaque, perfectamente acomodados a la crudeza y precisión estilística de Boetticher, para narrar el encuentro entre dos almas solitarias paralelo al duelo entre dos hombres iguales en el fondo pero moldeados de manera distinta, sin elección ni redención posible –a pesar de lo que desea creer Scott, a su manera atado a un personaje y unos actos determinados, casualmente positivos- a causa de unas circunstancias despiadadas, por ese mencionado fatalismo que hace presa a todo el ciclo. Uno, estoico héroe y abnegado caballero; otro villano irreconciliable con la sociedad; ambos obligados a sobrevivir, de uno u otro modo, con la ley del plomo.

             Otro de los pequeños grandes westerns de un ciclo que goza de una regularidad admirable.

 

Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 7.

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