Archivo | 15:26

El sur

23 Jun

“Cuando tras la proyección de El sur encendieron la luz todos permanecimos en silencio durante varios minutos, con el fin de prolongar la emoción artística que nos apretaba la garganta. Aunque el filme esté perfectamente terminado, forme un todo, y los personajes sean interesantes, conmovedores y perfectamente dirigidos, y se aprecien la suavidad de la luz, la pureza de los encuadres y el rigor de la puesta en escena, es raro que uno llore en la visión de una copia de trabajo y raro también descubrir una película que nos enorgullezca del cine como arte.”

Gilles Jacob

El sur

 .

Año: 1983.

Director: Víctor Erice.

Reparto: Omero Antoniutti, Sonsoles Aranguren, Icíar Bollaín, Lola Cardona, Rafaela Aparicio, Aurora Clément.

 .

            Poca gente puede decir tanto con una filmografía tan escueta como Víctor Erice. Apenas tres películas y un semidocumental que dejan una huella imborrable en el cine español.

Después de darse a conocer formando parte de la película coral y capitular Los desafíos, premiada con la Concha de Plata en San Sebastian, Erice entregaba su obra más conocida y celebrada, El espíritu de la colmena, una inmersión en el mundo fantasioso de la mente infantil, creadora de un microcosmos mágico y simbólico en perpendicular contraposición con la realidad de una España gris, escindida y atrasada.

El sur, una década posterior, parece prolongar la mirada de la niña de El espíritu de la colmena, mutada por el paso del tiempo.

            En El sur, ambientada en una España que aún sangra quedamente por las heridas abiertas por la guerra fraticida, Erice desgrana de nuevo el universo de la infancia, riquísimo, puro y todavía en formación, en el que la figura del padre (el italiano Omero Antoniutti, elección cuestionable pese a su prestigio internacional por Padre padrone por la necesidad de imponer un doblaje impostado) ejerce un poder de atracción semejante a la gravedad de un astro.

Una figura venerada que, en sí misma, es un misterio tan solo comprensible por los ojos admirados de la infancia inocente, los que realmente son capaces de ver en el interior ajeno, de desentrañar qué es lo realmente importante, oculto tras la máscara de las convenciones sociales y sentimentales. Un entendimiento que se pierde de manera irremediable con los años, durante una supuesta madurez en la que ilusoriamente se cree conocer la identidad real -o, más bien, descubrir quién no es- de aquel al que se adoraba sin condiciones.

             Pervive, como en El espíritu de la colmena, la extraordinaria descripción de la relación entre la hija y su padre, en este caso marcada por la calidez de sus inicios, la insobornable complicidad entre dos almas que se comprenden y se aman con la mirada, aislados -la villa familiar apartada, el camino exterior como frontera definida-, como reducto de salvación en el caso de él, de la melancólica amargura del pasado,  de la realidad más cruda producto del envenenamiento del alma, sea a causa de la guerra, sea a causa del quiste doloroso e inextirpable de un amor interrumpido o desengañado.

El sur surge como tesoro secreto y compartido, promesa de curación de la soledad, el desarraigo y el desamor con su sola evocación.

             Erice dibuja sentimientos en fotogramas con maestría poética, en la que el pictoricismo de cada plano, con un exquisito tratamiento de la luz, envuelve de magia esa intimidad absoluta y el posterior distanciamiento triste e inevitable.

             La frustración por esta obra inacabada –su filmación y metraje se interrumpen hacia la mitad del guion original-, será una de las causas de la renuncia de este cineasta de prodigiosa sensibilidad.

 

Nota IMDB: 8,1.

Nota FilmAffinity: 7,8.

Nota del blog: 8,5.

A %d blogueros les gusta esto: