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El estrangulador de Boston

22 Jun

“Uno debería juzgar a un hombre por sus vicios. Las virtudes pueden ser fingidas, pero los vicios son reales.”

Klaus Kinski

 

 

El estrangulador de Boston

 

Año: 1968.

Director: Richard Fleischer.

Reparto: Tony Curtis, Henry Fonda, George Kennedy, Murray Hamilton, Mike Kellin, Jeff Corey.

Tráiler

 

 

            En 1968, en medio de una etapa de optimismo, de creencia en lo posible de lo utópico, Richard Fleischer, representante de la anárquica y hosca generación de la violencia, asestaba un mazazo en la mandíbula a todas estas concepciones idílicas con El estrangulador de Boston.

            La reproducción de los crímenes e investigación policial del caso de Albert DeSalvo, asesino confeso de trece personas en la tranquila ciudad de Boston, trasciende su carácter de crónica criminal para servir como extrapolación y punto de apoyo para un ataque frontal y despiadado contra la corrompida sociedad estadounidense, putrefacta por mil vicios y, sobre todo, enferma de un incurable puritanismo hipócrita.

DeSalvo es un deleznable e irracional aberración que emana, a modo de tumoración indeseable y aterradora, directamente de la esquizofrenia del individuo y la urbe media de Norteamérica, refinado y moral, sórdido y morboso. El hijo brutal de un país fundado en la violencia y fascinado por ella, ávido consumidor a través de unos medios de comunicación de masas, fieles servidores de sangre y vísceras para el público de a pie y vates de la policía a la hora de elucubrar comportamientos criminales.

Nadie de entre esos honrados, escandalizados y temerosos ciudadanos parece sobresalir del lodo, padres y víctimas del monstruo, a su vez ejemplo meridiano y patético de esta perturbación.

            Fleischer moldea un thriller de novedosas y subyugantes formas, nada gratuitas, puestas al servicio de la contundencia del mensaje. Durante la detallista, tensa y absorbente investigación policial la pantalla fraccionada es, además de un recurso de gran capacidad de sugerencia, la representación de un estado mental. Es la concepción bipolar del asesino –repetimos, creación de esa sociedad esquizoide-, que conjuga en un mismo plano muerte atroz e inofensiva cotidianeidad, creando un efecto desasosegante, agrio y pegajoso. Consecuentemente, en el episodio de su repliegue autodefensivo, la imagen se volverá concisa, sobria, inane. Es también la imagen de la paranoia, los mil ojos desquiciados por la sospecha, impregnada en cada rincón.

            Es el continuo círculo vicioso en el que la sociedad produce al asesino y el asesino repercute en la sociedad con las armas con las que ésta le ha provisto. DeSalvo aparece metódico, aplicando una violencia seca, retratada de modo frío y desapasionado, próximo al documental, en el que la inconmensurable interpretación de Tony Curtis, con sus cambios de tono, repentinos y casi imperceptibles, imprime un halo veraz y aterrador al carácter del psicópata.

            Con ello, la segunda parte del filme depara el enfrentamiento cara a cara contra un investigador aparentemente aislado de ese civilizado salvajismo colectivo: un tipo de métodos arcaicos pero eficaces, incapaz de hacer caso al televisor. El hombre idealista, propio de otros tiempos, pero también con el espíritu del depredador que disfruta con sadismo de la caza. Para ello, nadie mejor que Henry Fonda.

Un cambio de tercio en el que los aspectos puramente psicológicos de la indagación parecen resistir algo peor el paso del tiempo, si bien aún lega impresiones poderosísimas a propósito de la recreación de la mente enferma de DeSalvo.

            Una jugosa cinta sobre asesinos en serie avant la lettre, fresca y acre como el primer día.

 

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 8,5.

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