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La edad de oro

16 Jun

“El amor sin pecado es como un huevo sin sal.”

Luis Buñuel

 

 

La edad de oro

 

Año: 1930.

Director: Luis Buñuel.

Reparto: Gaston Modot, Lya Lys.

Filme

 

 

            En 1930, después de proyectarse durante seis semanas con la sala llena, recibir ataques terroristas de extrema derecha con bombas de humo y ser ferozmente vilipendiada por la prensa del mismo signo, las autoridades de París decidían atajar la estruendosa polémica y prohibir la película que la había desencadenado. Era La edad de oro, de Luis Buñuel.

Buñuel, afincado en París desde la década anterior, formaba entonces parte del grupo de los surrealistas junto con grandes nombres del arte contemporáneo como Man Ray, André Breton, Max Ernst, Yves Tanguy o René Magritte; una corriente que defendía la idea de revolución contra el mundo existente, objetivo a desmantelar con el escándalo como arma. El de Calanda se había sentido atraído por el movimiento por su pasión por los sueños y lo irracional, y había sido aceptado por ellos gracias al respaldo de su primera obra como director, Un perro andaluz, realizada en colaboración con su amigo Salvador Dalí.

            Después de ésta, además de por las férreas normas antimaterialistas del surrealismo, la posibilidad de efectuar cine comercial era inexistente. Con el generoso mecenazgo de una familia de la aristocracia francesa, los vizcondes de Noailles, Buñuel pondría en marcha su nuevo filme, plasmando ideas pergeñadas y acumuladas durante todos estos años anteriores. Esta vez, la participación de Dalí se reducirá casi a la anécdota –la escena del hombre paseando con una piedra en la cabeza, al igual que una estatua del mismo jardín-, distanciado de Buñuel y el surrealismo por la influencia de Gala, su pareja.

            La edad de oro, una de las primeras películas sonoras de Francia, retoma estas intenciones iconoclastas que Buñuel compartía con el surrealismo. Desde su talante crítico y combativo, el cineasta analiza los mecanismos del deseo y la irracionalidad del amor apasionado, irrefrenable aunque, finalmente, estrangulado e imposibilitado por las barreras de la sociedad –es curioso ese estado de permanente coitus interruptus que más tarde parece recordar, si bien en un contexto diferente, Ensayo de un crimen-. Unas barreras de la realización personal y sentimental contra las que arremete con vitriólica sorna: las convenciones sociales, la religión como entre opresor y absurdo, el poder político y militar,…

Todo un mensaje de rebelión anticlerical, antielitista, antipatriótico, antimilitar,… que subyace bajo formas surgidas de un estado onírico y alucinado, con su impulsividad e inconexión propia, destinado unas veces a agudizar la crítica mediante la asociación y la metáfora despiadada y audaz, y otras muchas a provocar un impacto visual sin más significado que la sugerencia, el desconcierto o la provocación, como la coda con Lionel Salem, actor especializado en interpretar a Cristo, aquí caracterizado en vestuario, maquillaje y afectación dramática como tal pero llevando a cabo el papel de un noble depravado, trasunto del Marqués de Sade.

            Como suele suceder con casi toda vanguardia, el escándalo y la trasgresión quedan mitigados por el paso del tiempo, los hallazgos visuales sorprenden menos y el fondo parece restringido a una situación particular que, no obstante, aún conserva visos de actualidad, vista la pertinaz preeminencia en la sociedad de estas fuerzas vivas inmovilistas. Permanece sin embargo intacta la furia vitriólica y anarquista del genial aragonés y el arrollador estímulo de muchas de las imágenes paridas por su subconsciente.

            Buena muestra de ello es que la prohibición de La edad de oro duraría medio siglo.

 

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 6,5.

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