A Scene at the Sea

12 Jun

“A veces me da la sensación cuando veo una película de Kim Ki-duk que digo… ¿me está gustando o no? Estoy un ratico largo con esos planos… y veo una figura que va andando… y se tira un rato andando… y digo… ¿esto está bien o está mal? ¿Me gusta o me aburre?”

Joaquín Reyes

 .

A Scene at the Sea

 .

Año: 1991.

Director: Takeshi Kitano.

Reparto: Claude Maki, Hiroko Ôshima.

Tráiler

 .

            Takeshi Kitano suele sostener que su principal motivación para realizar películas es que le sirve de coartada para de ir a la costa, estar en contacto con el mar. En A Scene at the Sea, el tokiota unía su pasión por el océano con otra de sus principales aficiones, el deporte en todas sus formas, para imponer un cambio de sentido en su incipiente trayectoria como director de cine (Violent Cop, Boiling Point), hasta entonces restringida al mundo urbano y despiadado del gángster, la yakuza japonesa, revestido con un refrescante halo irónico y distanciado.

            Este nuevo episodio en el que Kitano, recluido tras las cámaras, aún se encuentra inmerso en la forja de su estilo, propone un recorrido a lo largo de la historia de amor entre un chico sordomudo y su devota novia, y la ahogada inmolación de éste en pos de la consagración del sueño que de sentido a una vida insípida: cabalgar sobre las olas con una tabla de surf.

Una historia sencilla con esencia de fábula en la que Kitano despliega una todavía imperfecta sensibilidad que, en el terreno del romance, alcanzará su máxima expresión en la colorista Dolls.

            Así, A Scene at the Sea es un relato narrado con ritmo contemplativo hasta lo desafiante, rasgo típico de buena parte del cine oriental pero puede que también signo de inexperiencia o impericia del propio director, que observa con una mirada rebosante de cariño unos personajes que, en el caso del protagonista (Claude Maki, actor, cantante de hiphop y surfista profesional), combinan ternura y obcecado egoísmo –en ocasiones raya lo insensible en su abuso del sacrificio incondicional de su chica a la hora de encontrarse con un destino individual-, o representan, por parte de ella (la entrañable Hiroko Ôshima), una cándida pureza.

            La capacidad lírica y simbólica del realizador, extraída directamente de la límpida prosa de lo cotidiano y la sensitiva captación de lo íntimo, perfecta para crear una original antipelícula de competición deportiva, se entremezcla con otros elementos indisociables de su cine, como ese aire naif de una violencia con influencia del slapstick de dibujos animados, la reducción hasta la mínima expresión de sus personajes, con la subinterpretación actoral consecuente –unos componentes próximos al teatro de marionetas que convertirán en nada casual el título de la futura Dolls, precisamente ‘marionetas’-, y, en general, el alma adorable y melancólica al mismo tiempo que impregna una obra que, sin embargo, puede plantear desde su cadencia aletargada una oposición a veces insalvable para el espectador.

Hermosa y delicada en su conjunto, tediosa por momentos.

 

Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 5,5.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: