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Plan diabólico

6 Jun

“La mayoría quiere ser como los demás, y eso les conduce a una muerte en vida.”

Alejandro Jodorowski

 

 

Plan diabólico

 

Año: 1966.

Director: John Frankenheimer.

Reparto: Rock Hudson, John Randolph, Salome Hens, Murray Hamilton, Jeff Corey, Will Geer.

Tráiler

 

 

            La pregunta se dice pronto pero se responde con dificultad: ¿Qué deseamos en la vida? ¿Anhelamos cosas porque nos así lo exige nuestra voluntad o queremos lo que se supone que “deberíamos” tener? ¿Realmente queremos lo que queremos? ¿Y qué pasaría si por azares de la vida conseguimos aquello que deseamos?

            En el ocaso de una existencia agotada por la insatisfacción afectiva, laboral y personal, una misteriosa compañía ofrece al hastiado Arthur Hamilton (el actor televisivo John Randolph) una segunda oportunidad para realizarse plenamente: renacer bajo los apolíneos y rejuvenecidos rasgos de Rock Hudson con la vida idílica de pintor acomodado en la costa californiana.

Morir para volver a la vida libre, dispuesto a satisfacer todas las apetencias desatendidas por las tediosas obligaciones mundanas. Ser y hacer lo que uno desea, sin ataduras. Si es que, como decimos, se sabe lo que uno desea.

            John Frankenheimer compone un relato con resabios de mito fáustico trasladado al vacío y alienación del norteamericano moderno, preso de cadenas materiales, sociales y espirituales, unas impuestas por el sistema cultural y social –una crítica al materialismo donde surgen los rasgos de la generación del compromiso de la que procede el realizador-, otras derivadas de su propia condición humana.

Bajo estas premisas se desarrolla un tenebroso examen sobre la verdadera libertad de decisión para recorrer el camino propio en este valle de lágrimas, sobre cómo el hombre trata de configurar su identidad, llenar el vacío existencial y construir un itinerario o dar sentido a la vida por medio de sus ambiciones.

Un análisis despiadado escrito a modo de delirio febril.

            Plan diabólico –título bastante inadecuado para el filme- propone todo un absorbente tour de force afrontado desde una percepción alterada, a caballo entre lo onírico y lo surrealista, al que la fascinante dirección artística de Frankenheimer lleno de planos inclinados y descuadrados, perspectivas forzadas y siluetas deformadas –clara herencia del expresionismo en muchos casos, algunos de ellos no demasiado originales, como la alucinación concreta del pasillo de formas fundidas-, imágenes trémulas y sudorosas, rostros multiplicados por espejos, y un novedoso, expresivo, imitado hasta la saciedad, pero aún limitado uso –por el insuficiente desarrollo tecnológico- de la snorricam.

Una atmósfera distorsionada ensalzada por la magnífica banda sonora de Jerry Goldsmith, estremecedora, de atronadora trascendencia. A ello se añade el impecable trabajo tanto de John Randolph en el inicio –primera actuación significativa en la gran pantalla de este actor rescatado de las listas negras por Frankenheimer, al igual que Jeff Corey, Will Geer y Nedrick Young-, acorralado, sufrido; así como de su alter ego Rock Hudson después, ojeroso y perpetuamente desconcertado, entregado con desesperación a una libertad que no entiende ni sabe aprovechar.

            Arriesgada pesadilla existencialista, denostada en su presentación en el Festival de Cannes.

 

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 8,5.

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