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Los sustitutos

28 May

“Nuestro lema es ‘más humanos que los humanos’.”

Dr. Eldon Tyrell (Blade Runner)

Los sustitutos

Año: 2009.

Director: Jonathan Mostow.

Reparto: Bruce Willis, Radha Mitchell, Rosamund Pike, Ving Rhames, James Cromwell.

Tráiler

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            El futuro del ser humano es dejar de ser humano. El anhelo de eliminar todo lo que huela a perecedero, lo más prosaico de la cotidianeidad o lo analógico pasa irremediablemente por acabar también con nuestro propio cuerpo, sustituirlo por una estructura más perfecta, menos humana por definición. Así ocurre en el imaginario colectivo, con distopías vaticinadas desde la ciencia ficción de Isaac Asimov y Philip K. Dick hasta sus reiteradas traslaciones al cine; desde Metrópolis hasta los Terminators y los nuevos mundos y personalidades alternativas de la era digital plasmados en el celuloide.

            Los sustitutos, basada en el novela gráfica de Robert Venditti y Brett Weldele, y dirigida por Jonathan Mostow, precisamente realizador de la olvidable tercera película de la saga Terminator, recoge toda esta influencia: un mundo en el que las personas viven no a través de sus redes sociales, como ahora, sino de una especie de replicantes; unos robots todo cutis firme, sonrisas perfectas y músculos tonificados, infatigables, inmunes a daños físicos o emocionales.

Un punto de partida interesante que, sin embargo, no responde a ciertas preguntas básicas –al menos para un servidor-: ¿qué objetivo tiene estar horas tumbado en una sillón reclinable dirigiendo un cacharro sin siquiera poder estar en modo multitarea? ¿No es esto igual de trabajoso y pesado? ¿Acaso se ahorra siquiera esas largas horas muertas entre el trabajo y la vida cotidiana?

            Entrado ya en materia, Los sustitutos presenta una historia bien sabida: la premisa de que el error humano siempre prevalece y ha de ser otro imperfecto humano, debidamente descreído con la nueva religión, quien lo solucione. Nadie mejor para ello que Bruce Willis, el antihéroe predigital por excelencia, aquí detective de la policía de Boston con su inevitable tragedia sentimental y vida personal desastrosa a cuestas.

Un clásico de toda la vida contra una conspiración del futuro, prolija, no obstante, en lugares comunes y con olor a cómic en el mal sentido de la expresión, tal y como evidencian elementos como esa congregación minoritaria de luditas y su mesiánico líder de opereta, interpretado por un Ving Rhames caricaturesco, todo rastas y pose budista, y que, tras muchos años, vuelve a repetir duelo con Willis, esta vez  fuera del sórdido sótano de una dudosa casa de empeños.

             Así, las intrigas corporativas pasan justo el aprobado, estancándose en lo convencional en demasiadas ocasiones, mientras que el rodaje de la acción echa en falta una mayor garra y la parte ‘humana’ resulta plana e incluso ñoña, víctima de un mal llevado melodramatismo. Por otro lado, Bruce Willis cumple de sobra con un papel que conoce al dedillo y el maquillaje, garante de la lograda sensación de máquinas bien pulidas que desprenden esos sosias mecánicos, es digno de mención.

No obstante, estas contadas virtudes no evitan que perdure la sensación de que, de nuevo, se desaprovecha un planteamiento jugoso, con posibilidades de construir una crítica de rabiosa actualidad, porque ¿quién no ha visto con irritación como un compañero/amigo/pareja se abstrae con su iphone en medio de una actividad en grupo al aire libre?

Más interesante que entretenida.

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Nota IMDB: 6,2.

Nota FilmAffinity: 5,6.

Nota del blog: 5.

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