Gallos de pelea

24 May

“El verdadero combate empieza cuando uno debe luchar contra una parte de sí mismo. Pero uno sólo se convierte en un hombre cuando supera estos combates.”

André Malraux

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Gallos de pelea

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Año: 1974.

Director: Monte Hellman.

Reparto: Warren Oates, Patricia Pearcy, Richard B. Shull, Harry Dean Stanton.

Tráiler

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            La extensa carrera como productor de Roger Corman englobaría los primeros pasos de directores e intérpretes como Peter Bogdanovich, Francis Ford Coppola, Martin Scorsese o Jack Nicholson. También oficiaría de padrino de otros realizadores igualmente interesantes pero más desafortunados en el desarrollo de su trayectoria.

Uno de estos casos será Monte Hellman, del que el calificativo de “maldito” oculta en demasiadas ocasiones un trabajo con raíces propias, minimalista, aguerrido dentro de sus limitaciones (económicas y artísticas), con un cierto lirismo escrito en prosa escueta. Los inicios de su obra se encuentran ligados, precisamente, a la figura de Corman como insustituible mecenas y Nicholson, colaborador en funciones de intérprete y, terreno donde luego será menos célebre, guionista.

            De nuevo con la producción de Corman, Gallos de pelea –película jamás estrenada en España- supone la revisión del mito del perdedor en busca de apurar su última e improbable oportunidad tras una vida de fracasos, ambientada en un mundo tan de la América profunda como es el de las peleas de gallos –actividad que el propio Corman había introducido también en alguno de sus filmes como director, como en La última mujer sobre la Tierra-.

Un submundo documentado y descrito al detalle, sórdido y chabacano pero con pequeños espacios de (cuestionable) gloria, perfecta metáfora del sacrificio abnegado y absurdo, de una oblación cruenta en honor de un espectáculo pueblerino, sin recompensa alguna más que un mal entendido honor por la virilidad de la batalla, por el coraje empeñado en una contienda indigna de tamaño esfuerzo.

Sobre todo si se compara con una promesa en firme de amor.

            Es el acto de redención -bien por el romance, bien por aquello para lo que se ha nacido, por la cabezonería de mantenerse firme a unos principios de vida- del personaje independiente, errante, sin raíces o ataduras, ni más carga que su mala estrella. Ese malditismo que le hace próximo a la sensibilidad del realizador.

La misma tozudez que, como hombre alérgico a las medias tintas, le obliga a no decir palabra con la esperanza de ahuyentar su infortuna crónica. Una promesa de mantener la boca cerrada anatómicamente difícil inclusive, dado el particular físico de Warren Oates –con quien Hellman ya había contado en su anterior Carretera asfaltada en dos direcciones-, imprescindible secundario y actor de carácter que, como muchos de sus personajes, siempre mereció mejor suerte de la que le fue concedida.

            En cierta manera, la película recorre una estructura argumental universal dentro de un entorno localista equiparable a El rey del rodeo, de Sam Peckinpah, otro outsider como él mismo al que profesaba una admiración que acabaría por ser mutua tras varias colaboraciones, como la labor de editor de Hellman en Los aristócratas del crimen ante la deteriorada salud del californiano.

Producto probable de esta influencia, puede que en parte ejercida también por la escena del mismo deporte aparecida en El rey del juego -quizás filmada por Peckinpah antes de su reemplazo como director- será el rodaje de las peleas de gallos –auténticas, organizadas ex profeso para el filme, lo que le costaría la exhibición en numerosos estados y países-: al ralentí y con música ceremoniosa, como un asunto épico, de una trascendencia redentora y poética más allá de las plumas arrancadas, las nubes de polvo, los salpicones de sangre y las aves agonizantes o defenestradas.  

            Son estas las únicas muestras de grandilocuencia de una cinta que se desarrolla artística y argumentalmente bajo unos parámetros austeros, sin grandes promesas ni pretenciosos aspavientos emocionales, con un desenlace en consecuencia, honesto y entrañable.

Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 6,5.

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