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Los gritos del silencio

20 May

“Parte de mi vida es salvar la vida. No me considero un político ni un héroe. Soy un mensajero. Si Camboya sobrevive, necesita muchas voces.”

Dith Pran

 

 

Los gritos del silencio

 

Año: 1984.

Director: Roland Joffé.

Reparto: Sam Waterston, Haing S. Ngor, John Malkovich, Julian Sands.

Tráiler

 

 

            La década de los sesenta y setenta fueron tiempos apasionantes para el oficio de corresponsal o reportero de guerra. El tablero de la gran partida de ajedrez entre Estados Unidos y la Unión Soviética por el dominio del mundo se encontraba en plena ebullición. Camboya, país nacido en 1954, veía desaparecer su estabilidad política por las ramificaciones de una Guerra del Vietnam cada vez más agotadora y tortuosa. Richard Nixon, Presidente de los Estados Unidos, decidirá bombardear las regiones fronterizas de ambos países. Tras ello, las idas y venidas del errático régimen local finalizarían en 1975 con la toma de Phnom Penh, la capital del país, por la guerrilla comunista-maoísta del Jemer Rojo.

            Basándose en un artículo del periodista estadounidense Sydney Schanberg, corresponsal del New York Times en la Camboya prerrevolucionaria, el debutante Roland Joffé -si bien con amplia experiencia en el terreno de la televisión, el teatro y el documental- recoge un proyecto previamente descartado por Stanley Kubrick por “poco cinematográfico” para componer un sentido canto a la amistad como medio de superación de la sinrazón de la guerra, como instrumento de salvación de aquello que le hace al ser humano merecedor de tal nombre.

Una relación plasmada en el propio Schanberg (Sam Waterston), un periodista ambicioso hasta en ocasiones lo egoísta, y su ayudante de campo Dith Pran (Haing S. Ngor), piedra angular en su trabajo, generoso e inteligente; virtudes ocultas tras la miope mirada occidental, aún emborronada con demasiada frecuencia por la arcaica niebla de la superioridad colonialista.

            Los esfuerzos de supervivencia conjuntos y la relación de complicidad y fidelidad entre almas hermanas, aún en la distancia, sirven como motor de una acción ennegrecida en todo momento por el penetrante hedor de la muerte, insaciable bestia acechante tras unos movimientos políticos que esconden, como no puede ser de otra manera, las mentiras de la alta política, siempre oportunista, torpe y resultadista hasta el absurdo, desinteresada por las consecuencias reales de sus acciones, palabras atronadoras pero vacías y simples trazos de rotulador dibujados en el mapa plegable de su suntuoso despacho.

Un cúmulo de mezquindades, egoísmos y estrategias de un mundo que bien pudo irse todo él al garete y que tuvo la suerte de materializarse, “tan solo”, en una guerra que a muy poca gente le importaba.

Un conflicto y posterior dictadura que según el Departamento de Estado norteamericano se cifra en alrededor de 1,2 millones de muertos.

            Sin perder de vista en ningún momento la barbarie, Joffé consigue captar los rayos de esperanza entre los nubarrones. Enmarcados en una preciosa puesta en escena con gran poder de contraste frene a los actos humanos y una lograda ambientación, el realizador británico desarrolla momentos de gran intensidad emocional, producto sobre todo de la buena descripción de los personajes y sus relaciones, impulsados por el acertadísimo trabajo de un elenco en el que sobresale el camboyano Ngor -superviviente de esos mismos campos de trabajo que refleja el filme, sin experiencia delante de la pantalla-, cuya interpretación le valdría ser la primera persona del sudeste asiático premiada con el Oscar.

En cambio, menos acertada será la estridente banda sonora de Mike Oldfield en su primera y única incursión en el Séptimo Arte, así como la concesión de otro momento musical en el desenlace, donde el Imagine de John Lennon aparece como una elección ñoña propia de teatrillo de colegio.

 

Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 7,6.

Nota del blog: 8,5.

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