David y Goliat

17 May

“Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina; pero yo voy contra ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. Jehová te entregará hoy en mis manos, yo te venceré y te cortaré la cabeza. Y hoy mismo entregaré tu cuerpo y los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra, y sabrá toda la tierra que hay Dios en Israel. Y toda esta congregación sabrá que Jehová no salva con espada ni con lanza, porque de Jehová es la batalla y él os entregará en nuestras manos.”

David (I Samuel 17:44)

 

 

David y Goliat

 

Año: 1960.

Directores: Ferdinando Baldi, Richard Pottier, Orson Welles.

Reparto: Ivica Pajer, Orson Welles, Kronos, Giulia Rubini, Massimo Serato, Eleonora Rossi Drago, Furio Meniconi, Hilton Edwards.

 

 

            No solo de romanos vive el peplum. A finales de la década de los cincuenta, el cine épico mundial se desarrollaba bajo el dominio y la influencia de las multimillonarias producciones hollywoodienses de contenido bíblico o hagiográfico (Quo Vadis, Los diez mandamientos, Ben-Hur,…), también contemporáneo al renacer del género de forzudos en Italia a partir del éxito de Hércules en 1958, al que le seguirían múltiples versiones e imitaciones bajo otros antropónimos –incluso con los mismos intérpretes, como Steve Reeves, el hombre del tupé de hierro y la barba trazada a escuadra y cartabón-, entre ellos Goliat (Goliat y los bárbaros, Goliat contra los gigantes,…).

            Como unión de ambos universos míticos, David y Goliat surge en forma de lustrosa superproducción –dentro de los medios de la industria transalpina, más limitados- en la que se recupera el pasaje bíblico de David (el croata Ivica Pajer, malo como el solo), aún joven pastor, más tarde consejero del rey, y el gigante Goliat (Kronos, popular forzudo de circo de entonces).

Para ello se aferrará con fuerza al esquema de lucha entre la virtud y la depravación. El guion –siempre secundario en este tipo de producciones- establece los pasos previos al combate entre dos personajes maniqueos, representación del Bien y el Mal: un David mesiánico, rubio y lampiño, magnánimo, honrado y temeroso de Dios, frente a un Goliat corporeizado como un piloso troglodita cuyas razones para matar con saña a los israelitas pasan tan solo por la lujuria que en él despierta la promesa de una corte de sicalípticas beldades ofrecida el rey de los filisteos.

No obstante, el verdadero brillo y los oropeles, al menos por el prestigio de su nombre, recaen sobre Orson Welles en una de sus participaciones como simple mercenario, quien trata de dotar de grandilocuencia y afectación shakesperiana, con su gusto a la caracterización y la dirección autónoma de sus propias escenas mediante, la figura de un rey Saul atormentado y alcoholizado tras la derrota y pérdida del Arca de la Alianza frente al pérfido invasor filisteo.

Como el Camelot artúrico de Excalibur, la decadencia del rey queda unida de manera indisociable a la decadencia (moral, económica, religiosa) de su reino.

            Una película que a pesar de su boato, la desinhibida -y algo cutre- ampulosidad de su escenografía y su solemnidad bíblica no logra traducirse en la pretendida epopeya por culpa de un reparto con escasas dotes –el esfuerzo de ese Welles de alquiler queda casi como un pegote frente a lo ofrecido por el resto del elenco-, un rodaje pobre en recursos técnicos, especialmente evidente en las escenas de acción -salvando algún ostentoso movimiento de masas bien coordinado-, y un ritmo moroso, achacable también a un libreto planísimo, sometido en exceso a un intento de espectáculo mal resuelto, incapaz de explotar, más allá del apunte ocasional y casi involuntario, los aspectos más turbios o ambiguos del relato, fácilmente accesibles en ese Antiguo Testamento sangriento y morbosamente pecaminoso, protagonizado por un Dios proteico, caprichoso e implacable y secundado por personajes de carácter también mutable, contradictorio, visceral, propensos a las crisis de fe y a los arrebatos de pasión encendida.

En cambio, David y Goliat es una cinta simplemente aburrida.

 

Nota IMDB: 4,8.

Nota FilmAffinity: 5,8.

Nota del blog: 3,5.

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