Driver

16 May

“Prefiero que en mis guiones los personajes no tengan pasado. La manera de averiguar cosas sobre ellos es observar sus actos, la manera en que reaccionan al estrés, a los problemas y a sus conflictos. En este sentido, el personaje queda de manifiesto a través del drama, más que explicado por líneas de diálogo.”

Walter Hill

 

 

Driver

 

Año: 1978.

Director: Walter Hill.

Reparto: Ryan O’Neal, Bruce Dern, Isabelle Adjani, Joseph Walsh, Rudy Ramos, Ronee Blakley.

Tráiler

 

 

            Finales de los sesenta y la década de los setenta: unos tiempos en los que el noir había evolucionado hacia el ruido y la furia de una acción y violencia más directas y expresivas, donde en ocasiones el duelo automovilístico cobraba incluso visos de subgénero (Bullitt como referente primigenio; la británica Un trabajo en Italia, The French Connection, La huida, Convoy, Punto límite: Cero incluso,…). Un contexto en el que Walter Hill, precisamente guionista de La huida, apostaba, junto con el productor Lawrence Gordon, también implicado en la recuperación de esos nostálgicos y remozados thrillers de gángsteres de la época (Dillinger), por barnizar el espectáculo con aires europeos.

            Como en el polar de Jean-Pierre Melville, Driver es abstracción. La noche poblada de maleantes, la ciudad sucia, desvencijada, tórrida; el ascético e impasible conductor de atracos; el detective, oponente monomaníaco e implacable, la chica. Ni siquiera se requieren nombres propios.

El protagonista hereda el personaje tipificado por Alain Delon en El silencio de un hombre: solitario y asocial, amoral y lacónico, de sangre helada, con reminiscencias del western –incluso verbalizado aquí con su apodo, “el cowboy”, y su única afición, la música country- por su ausencia de pasado o futuro; un individuo que tan solo cobra sentido a través su profesión, desempeñada a través de una ceremonia solemne e inquebrantable, un método riguroso más pendiente del desafío que de lo crematístico. Hasta coincide en los rasgos del intérprete: el limitado Ryan O’Neal –menos magnético que Steve McQueen, primera opción para el personaje-, una cara angelical cuyo lado turbio delatan unas pronunciadas ojeras.

Como aquel, éste también gozará de una segunda oportunidad con cuerpo de mujer concedida en una rueda de reconocimiento (la francesa Isabelle Adjani, con su mirada y porte ausentes, enigmáticos), si bien aquí intermediada por el dinero.

            Un juego de estereotipos y conceptos –el golpe, el duelo, la recompensa del botín o del romance- que se torna poderoso desde su estudiado esquematismo, traducido en un gran trabajo en la creación de la atmósfera –esa noche eterna, seductora, envuelta en el imperceptible agobio del bochorno- y un ritmo vertiginoso por medio de un gran uso de elipsis, raudas, cortantes y descarnadas, expresión de esa huida/persecución sofocante, omnipresente –pese al enfrentamiento entre ladrón y policía, el segundo ni siquiera llega a tocar un volante-, aderezada con unas secuencias automovilísticas vigorosas en las que puede percibirse el olor a gasolina, asfalto ardiente y caucho quemado.

Su pervivencia puede apreciarse en Drive, una de las mejores cintas de 2011.

 

Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 7,5.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

A %d blogueros les gusta esto: