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La costa de los mosquitos

15 May

“La naturaleza evoca nuestros sentimientos. Me interesa la naturaleza como drama. No hay nada como un bosque. No hay nada como un desierto. Y cada uno de esos paisajes explica quiénes somos.”

Peter Weir

 

 

La costa de los mosquitos

 

Año: 1986.

Director: Peter Weir.

Reparto: Harrison Ford, River Phoenix, Helen Mirren, Conrad Roberts, Andre Gregory, Martha Plimpton.

Tráiler

 

 

           Después de darse a conocer al mundo desde su Australia natal con cintas como Picnic en Hanging Rock, La última ola, Gallipoli o El año que vivimos peligrosamente, Peter Weir debutaba en Hollywood con Único testigo, un eficaz ejercicio de intriga en el que renunciaba a su labor como guionista, frecuente en sus anteriores proyectos. A cambio, arrasaría en traquilla y obtendría la primera de sus cuatro nominaciones al Oscar como director.

Para su siguiente filme, las expectativas serían elevadas.

           En La costa de los mosquitos, Weir repetiría campo de actuación, restringido a artesanales funciones de realizador -el libreto recae en Paul Schraeder, siempre ligado a personajes al límite, complejos y torturados-, además del protagonismo de Harrison Ford, una de las principales estrellas del momento, también nominado al Oscar por Único testigo.

Sin embargo, la película se saldaría con un rotundo fracaso.

           Y todo ello pese encontrarse con un tema apto para sus capacidades, en absoluto ajeno: una especie de fábula sobre quimeras alucinadas y un individuo en búsqueda obsesiva de una realidad meridiana desde su concepción, fantasiosa en cambio desde una mirada externa, y oculta tras un mundo hostil que se desmorona –situación equiparable a su manera a la puerta a otras realidades entre los peñascos de Hanging Rock, a las premoniciones apocalípticas que Richard Chamberlain investigaba en La última ola o al universo como plató de televisión de El show de Truman-.

Es decir, un relato a caballo entre la realidad y la fábula, entre la reconfortante brisa del éxito y el pestilente huracán del fracaso, entre la utopía –ambición de crear un futuro mejor también recogida por Weir en su obra más popular, El club de los poetas muertos, en una dimensión muy distinta- y la distopía.

Terrenos en los que Weir había demostrado un gran manejo en la creación de atmósfera -esa siesta pegajosa que era Picnic en Hanging Rock, la húmeda pesadilla de La última ola-.

           Sin embargo, la dirección del australiano se revela aquí bastante funcional, más allá de la belleza de la escenografía. La película queda, de igual modo que la familia protagonista, tiranizada por Allie Fox, el personaje principal: un genio científico paradójicamente antitecnológico que pretende hacer tábula rasa con la sociedad humana; empezar de cero desde el buen salvaje, sin las ataduras del aético, decadente y adocenado Occidente del American Way of Life, el materialismo y el consumismo, la religión autocomplaciente y la amenaza armamentística.

En la salvaje y selvática Mosquitia, por ejemplo.

Es él quien acapara toda la atención, el único personaje activo, cuyas aristas en la personalidad dibujan un recorrido cada vez más errático.

En su honor, parejo al del entusiastamente sobreactuado Ford –contradiciendo su limitada expresividad habitual-, se sacrifican unos secundarios mal construidos, poco creíbles en sus características y relaciones –es flagrante la irrelevancia absoluta de la esposa, toda comprensión, con la que una desorientada Helen Mirren hace lo que puede-, y, con ellos, una historia cuyo transcurso desde el mensaje humano de la utopía posible hasta la cruda distopía real daba para mejores cosas o, cuanto menos, mejor dispuestas y desarrolladas, con un tono más cinematográfico y menos recargado o literario, como el ampuloso discurso de Fox.  

            Pese a su carácter fallido, La costa de los mosquitos es el filme favorito tanto de Ford como de Phoenix de entre todos aquellos en los que han participado.

 

Nota IMDB: 6,6.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 5,5.

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