Detour

14 May

“Es la fortuna, no la sabiduría, la que gobierna la vida del hombre”

Cicerón

 

 

Detour

 

Año: 1945.

Director: Edgar G. Ulmer.

Reparto: Tom Neal, Ann Savage, Claudia Drake, Edmund MacDonald.

 

 

 

            Creo recordar una noticia del año pasado sobre un hombre que, tras superar un cáncer, había sido atropellado durante su peregrinación a Santiago de Compostela, emprendida como forma de agradecimiento a Dios por haber engañado a la Parca.

El viaje de la vida es un recorrido tortuoso sujeto a los caprichos del Destino, a la crueldad juguetona de la suerte. El hombre se convence de poder manejar su futuro, idea destinada a desterrar la absurda y terrorífica realidad de que no somos, ni seremos, más que un cúmulo de casualidades aleatorias amalgamadas con un endeble engrudo de decisiones personales, presuntamente libres y autónomas.

             Edgar G. Ulmer, uno de los muchos artistas de cine centroeuropeos recalados en Hollywood a lo largo de la década de los treinta -en este caso solicitado por el alemán Fredrich W. Murnau para la construcción de los decorados de Amanecer, su primer proyecto norteamericano-, había logrado cierto reconocimiento por retratar en Satanás uno de los numerosos y terribles cara a cara entre las dos principales estrellas del terror clásico, Bela Lugosi y Boris Karloff, y en la que, curiosamente, también el Hado burlón jugaba un papel esencial en el devenir de la historia.

Sin embargo, pocos de sus siguientes proyectos conseguirían superar los modos de producción de la serie B de los estudios.

Presupuestos pírricos que compelían a Ulmer a exprimir al máximo sus habilidades artísticas para la construcción de una películas destinadas a sostenerse también por la fuerza de ingenio y el poder de sugestión de la propia historia, por la capacidad expresiva de su ambientación escueta en medios pero abundante en recursos imaginativos, muchos de los cuales heredados y reciclados de usos y formas del expresionismo alemán, el cual ya había extendido las alargadas sombras de su influencia por uno de los géneros más decididamente norteamericanos, el noir.

Un cine negro surgido precisamente de esa serie B en la que aún navegaba este Detour, una película de feroz contundencia y presupuesto limitadísimo, que compromete apenas tres decorados y un Lincoln Continental 1941 propiedad del mismo Ulmer.

            Símbolo explícito de ese vagar de la existencia sometido a los designios del Sino como inmisericorde titiritero, Detour presenta el viaje en carretera de un hombre en búsqueda de la felicidad -encontrarse con el amor de su vida viajando como autostopista de Nueva York a Los Ángeles- transformado en sudorosa pesadilla.

Rememorado por el protagonista (un competente Tom Neal, eternamente amargado), ya desahuciado, e introducido por las notas de I Can’t Believe That You’re in Love with Me como nexo de unión con el pasado, Ulmer describe un penoso tour de force fatalista en el que el desdichado amante siempre desempeñará un papel pasivo, encadenado al arbitrio de la Fortuna -si acaso, sus actos solo contribuyen a hundirlo más en el barro-, condenado de antemano sin culpa y sin derecho a juicio, forzado al robo y a la suplantación de personalidad en un descenso a los infiernos guiado por la mano severa y de largas uñas de una atractiva y maquiavélica joven (más caricaturesca Ann Savage) que trata, por su parte, de sobreponerse a su propia pena con una actitud de hosca rebeldía.

            Ulmer desgrana con sádica paciencia y pulso de hierro un filme obsesivo, aprisionado hasta la claustrofobia por su cierta atmósfera surrealista o alucinada, imbuida en pronunciadas sombras y espesas nieblas; rabioso y tenso hasta la nausea por la crispada impotencia de unos personajes zarandeados como muñecos de trapo en un juego macabro que no es el suyo, que se ríe a carcajadas de los posibles finales felices impuestos por la fuerza de voluntad humana, la cual bien poco tiene decir en esta función.

            La providencia sería también esquiva para Ulmer, incapaz pese a su talento de remontar su carrera por encima de producciones de presupuesto austero.

 

Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 7,5.

2 comentarios to “Detour”

  1. uraniaenberlin 31 agosto, 2013 a 15:04 #

    Tengo que decir que casi me convence tu crítica favorable a Detour…pero menos. No acabo de ver al genio de Ulmer por ninguna parte y sí un relato hecho con….retales. Y no es por hacer un juego de palabras, conste. Y a pesar de que no la pongo tan mal del todo en mi blog…aunque me pareció la hora más larga de cine en mucho tiempo…Me convenció Ann Savage, eso sí.

    • elcriticoabulico 31 agosto, 2013 a 22:00 #

      Siempre me la habían mencionado como obra maestra. No me lo pareció. Pero sí la considero una película muy sólida e interesante. Coincido con el análisis que le dedicas en tu blog en que Tom Neal es un tipo un poco mustio (aunque luego en la vida real también se metería en asuntos turbios relacionados con el homicidio, uxoricidio en concreto) y que la voz en off es un recurso pobretón donde los haya. De todas maneras, hay que contar con su decisiva presencia en casi todo el género como uno de los factores que inciden en el fatalismo del relato gracias a su posición omnisciente, situada en un futuro funesto y conocido de antemano.

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