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Tras la pista de los asesinos

12 May

“Siempre que comienzo a rodar, lo hago con un plano general muy largo en una zona de rocas desoladas: vemos a un jinete que avanza lentamente hacia la cámara o que cabalga paralelo a ella. En unos segundos, el personaje existe antes de que haya pronunciado una sola palabra, antes de que le veamos en primer plano incluso. Y sentimos la enorme longitud de su camino, su soledad. Adivinamos entonces que este hombre ha tenido que matar para llegar hasta allí y que ha empleado toda su vida en la caminata en que ahora está embarcado.”

Budd Boetticher

 

 

Tras la pista de los asesinos

 

Año: 1956.

Director: Budd Boetticher.

Reparto: Randolph Scott, Gail Russell, Lee Marvin, Walter Reed, John Larch.

Filme

 

 

            La llanura desolada por la tormenta. Un rayo surca el cielo; retumba un trueno. Surge un hombre a pie, en medio de la nada.

Con esta aparición telúrica, fantasmagórica, comienza Tras la pista de los asesinos, de igual modo que se inicia el viaje de Budd Boetticher junto al actor Randolph Scott y el productor Harry Joe Brown, artífices de la productora Ranown, nombre que servirá para aunar dichas colaboraciones. Un ciclo de siete películas que dibujan círculos en su recorrido sobre los territorios perdidos y desolados del western. Parajes áridos y pedregosos por los que deambulan personajes marcados por la pérdida, por una búsqueda eterna y sin solución. Siempre con el rostro apesadumbrado de Scott, actor no demasiado dotado pero útil para el perfil de estos papeles, y que revitalizaba así su alicaída carrera.

            Siete son también los asesinos que asolaron el pueblo de Silver Springs, cobrándose un botín de $20.000 y dejando en pago la muerte de una mujer.

De nuevo, el guion del debutante Burt Kennedy, hombre en la sombra, partícipe imprescindible en cinco de los títulos de la serie, traza un relato sobre los remordimientos de un hombre (Scott, por supuesto) y su transferencia de deudas y deberes de protección en la figura de una mujer que reproduce aquello que por estúpido orgullo ha perdido y aún le arde en las vísceras, en este caso la bella Annie Greer (una preciosa Gail Russell, sugerida por su amigo John Wayne, también productor del filme con su Batjac y opción original para el protagonismo), en búsqueda junto con su apocado marido de un futuro dorado en el paraíso lejano, casi inalcanzable, de California.

Un viaje compartido hacia el Sur, a Flora Vista, donde han de encontrarse los destinos: la redención intermediada por el plomo, el último paso a la tierra prometida garantizado por el oro.

             Un recorrido enigmático, obsesivo, físico pero también espiritual, en un mundo sin lugar para la inocencia, donde las únicas relaciones humanas parecen trabarse en el transcurso de un encarcelamiento, jalonado de peligros que bordean la alucinación –los indios coahuilas, pobladores ancestrales de unas tierras inhóspitas, devenidos por la mano del hombre blanco en espectrales devoradores de caballos- y con la asociación forzosa de unos indeseables compañeros de fatiga: una pareja de buitres que husmea la carroña de una posible recompensa que arrebatar a los forajidos, liderada por el ambiguo, cínico y sibilino pistolero Masters (Lee Marvin, haciendo casi palpable el impacto de su presencia, los claroscuros de su mirada).

             Tras la pista de los asesinos ofrece una historia sólida, con un uso juicioso del ritmo, rodada por Boetticher con su rotundidad y precisión habitual, maestro a la hora de extraer potencia de la sencillez del lenguaje (un hombre llega caminando de noche al cubil de dos forajidos, se escuchan disparos fuera de campo; de día, el hombre camina junto a dos caballos). Acaso podría reprochársele cierta falta de garra en el duelo final, consecuente, no obstante, con el estilo directo del cineasta.

Un western eficaz, entretenido y lleno de sabor.

 

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 7,5.

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