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Horizontes lejanos

5 May

“Quizás el sufrimiento y el amor tienen una capacidad de redención que el hombre ha olvidado o, al menos, descuidado.”

Martin Luther King

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Horizontes lejanos

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Año: 1952.

Director: Anthony Mann.

Reparto: James Stewart, Arthur Kennedy, Julie Adams, Jay C. Flippen, Rock Hudson.

Tráiler

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            En 1950, El pistolero, de Henry King, popularizaba uno de los estereotipos más jugosos, complejos y potencialmente emotivos del western: el del asesino venido a menos que trata de buscar la redención de sus pecados en el país de las (segundas) oportunidades. Son las escorias sobrantes de la primera oleada de conquista y colonización del Oeste, individuos que no solo no supieron hacer bueno sino que pervirtieron con sangre y plomo ese primer regalo de tierras, de promesas de futuro.

Tipos con la culpa a cuestas que aprendieron de sus errores y buscan congraciarse de nuevo con su humanidad perdida.

            Anthony Mann, uno de los más grandes expertos en desentrañar los grandes dramas del hombre en el contexto Oeste americano, tomará dicho arquetipo para entregárselo a James Stewart, considerado personificación de la bondad del americano medio pero que ya en Winchester ’73, la primera de sus cinco colaboraciones de ambos en el género, había demostrado saber guardar tras su aspecto afable un pasado nada claro, revelado en tiempo presente en forma de duelo cainita.

            En esta ocasión, Stewart encarna al improvisado líder de una caravana de colonos rumbo a las tierras vírgenes del Oregón; un antiguo lobo entre un rebaño de corderos que pretende levantar desde la nada, en tierras inmaculadas y edénicas, una nueva sociedad perfecta donde no tiene cabida el crimen ni el pecado. Tampoco la culpa que esconde el personaje, imposible de ocultar a uno de sus pares: el presunto ladrón de caballos interpretado por Arthur Kennedy, al que libra de la soga.

Uno y otro son la imagen del fracaso de las esperanzadas colonizaciones de Missouri y Kansas, reducidas por los contumaces vicios que se pretendían desterrar -quizás componentes indisociables del ser humano- a unas nuevas Sodoma y Gomorra.
Entre los dos, deudas de sangre compartidas y hermandad entre iguales que demuestran bien pronto sus habilidades como homicidas. Uno, terco en sus propósitos de redención; el otro, con su condición natural de vileza asumida.

            Mann propone el intenso viaje interior de un antiguo pecador huyendo de sí mismo, lleno de imágenes poderosas –frente a elementos más envejecidos como ciertos detalles humorísticos y algunos otros un tanto accesorios-, conducido por un James Stewart inconmensurable, dulce y terrible, lleno de matices.

Un viaje somatizado en las interminables praderas e inexpugnables montañas de una tierra por hacer, en un proceso hecho en materia bajo la apariencia un duelo con ecos de tragedia que no es sino contra sí mismo.

La traumática génesis de un hombre nuevo en un mundo nuevo.

 

Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 7,6.

Nota del blog: 8.

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